Alberto Canen, Mercedes Carreira, Editor
En esta oportunidad el relato me mostró una trama que había estado absolutamente oculta a mi entendimiento. Me ocurrió lo mismo que a esa persona que ha tenido una piedra sobre el escritorio durante años, usándola de pisapapeles y de repente, un día, se da cuenta que la piedra es un fósil, el hueso de un animal, una vértebra. Entonces se dirige al lugar donde la encontró y empieza a buscar alrededor y así descubre las otras partes del esqueleto, las patas, las costillas... Cuanto más busca, más huesos de ese esqueleto aparecen, y más precisa surge la figura, algo similar a esos dibujos para niños que sólo son puntos numerados en un papel y que se deben unir para ver el dibujo oculto. Esta vez, apareció ante mí una figura, una trama, un hilo conductor, y empecé a unir los puntos. Cuantos más puntos encontraba, más nítida aparecía esta figura, esta imagen, esta trama, esta cuerda, y al tirar de la cuerda pude comprobar que yendo hacia atrás llegaba hasta Adán y Eva y hacia delante hasta la actualidad, y luego, podía verla, claramente, internándose en el futuro. Esto me generó un shock, un maravilloso estupor. Lo que vi fue la creación, materializada por Dios, de un pueblo elegido, especialmente diseñado para terminar con el politeísmo, un pueblo que tendría la enorme tarea de erradicar los cultos paganos e implantar el monoteísmo a nivel mundial. Un pueblo que iba a preparar el terreno, lo limpiaría y lo ordenaría para la llegada de alguien más importante aún, alguien que iba a cambiar la historia de la humanidad para siempre. Una vez que descubrimos la figura oculta, la imagen, la trama de base, vemos su simpleza, su simpleza y perfección. Una simpleza y perfección que sólo puede provenir de Dios. Bien, vamos a tirar de la cuerda, de esta cuerda, y busquemos un lápiz porque hay muchos puntos para unir…
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