Valentino Valentino
Una tarde de invierno, lejos ya de las turbias nevadas, mientras volvía a casa, un viejo de unos 60 años se rió a mis espaldas y le escuché decir: “¡Anda, qué ahí va la imagen del nuncafollismo español”. Claro que aquello me perturbó. Incluso giré mi rostro hacia aquella figura encorvada y me señalé a mí mismo con el dedo, en una pose amenazadora y vengativa. Pero el viejo, rotundo, con su cara seria y amortajada, de arriba abajo, me contestó: “¡Joder, a que sí!”.
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