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Tratado de la Real Señera

Ricart García Moya

1993

Abstract

¿Cuál es el origen de las barras rojas y amarillas? Es la pregunta que se han planteado muchos historiadores y, en la actualidad, todavía persiste la incógnita de su génesis ¿eran aragonesas o provenían del estado de la Iglesia?. Lo más prudente es suponer que fue la Iglesia la que otorgara a un estado feudatario suyo el privilegio de usar alguna de sus armas heráldicas; el reino de Aragón no era una potencia en el año 1204, como prueba la gran derrota militar que sufrió en la batalla de Muret (1213), en la que el propio Pedro TI pereció. El ejército contrario iba mandado por Simón de Montfort, un noble francés que, curiosamente, defendía la ortodoxia de Roma. El rey de Aragón, teóricamente «abanderado» de la Iglesia, combatió a favor del conde Raimundo VII de Tolosa y los herejes albigenses. Quizá algún lector se pregunte qué sucedió en 1204, y la respuesta nos la da el «Dietari» perteneciente al «Capellá» de Alfonso el Magnánimo; en él podemos leer que Pedro II de Aragón en tal año fue coronado en Roma: « .. fos coronat e consagrat per papa Ignocent terç, en la ciutat de Roma, en l'any MCCIIII, e lo dit papa lo feu ganfanoner, per a ell e tots los reys de Arago qui apres vindran» Quizá sea éste uno de los cronistas más cercanos al acontecimiento, y parece dar a entender claramente que el rey de Aragón sería el abanderado de la Iglesia, no mencionando para nada la supuesta donación al papado de la heráldica de Aragón. Algunos cronistas posteriores interpretaron inversamente los hechos: era Pedro TI el que otorgaba a la Iglesia las armas heráldicas suyas. Sin embargo, la primera versión perduró, como muestra la «Historia Pontifical y Católica», publicada en Barcelona en el año 1606: «...le concedió que pidiese (sic) poner entre sus armas, la bandera de la Iglesia, de dos colores, amarilla y colorada»

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