Valentino Valentino
Soy un puto abuelo de 80 años que todavía gusta de un buen sexo, un oloroso habano, una botella de aguardiente, despertarme en la madrugada y caminar con el rocío de la mañana. Nunca fui un hombre amable, lo confieso, y por mi tostado y oscuro color, la gente lo asumía con tan solo echarme un vistazo; ¿pero qué podía hacer si toda la vida me la había pasado pegando bloques bajo el abrasador sol de los trópicos del Caribe, donde nací, y dónde la vida es dura y hay que ser práctico para no terminar de asarse el pellejo? Una mierda. Emigré en el año 2010, gracias a mi nieto, que me invitó a pasar unas vacaciones en Madrid. Fue una gran decisión. Tuve noches de sexo desenfrenadas con algunas vecinas diez años menores que yo. Siempre amé la piel blanca porque en la idiosincrasia de mi país la asociábamos con los Señores de la Conquista, así que esos orgasmos para mí eran dobles. Las amaba. Pero llegó la tragedia.
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