Valentino
Ya casi me había dado por vencido con la poesía; ni siquiera era capaz de apreciarla, la sentía insípida, machacada y repetitiva. Me parecía que todos los poetas del mundo se habían puesto de acuerdo para escribir y cantar sobre los mismos motivos de siempre: un mal amor, unas metáforas y analogías poco convincentes, e indiscutiblemente un gusto desbocado por la obviedad de las cosas, cautivados, sabrá Dios por qué, por frases de redes sociales del tipo: “He caído pero me levantaré con los pies” ((((Obvio)))).
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