Juan Meléndez Valdés Las bodas de Camacho el Rico: comedia pastoral... **************** Índice Las bodas de Camacho el Rico Comedia pastoral Loa Para Las bodas de Camacho el Rico Prólogo Acto primero Acto segundo Acto tercero Acto cuarto Acto quinto ******************* TEATRO DE LA CRUZ, QUE OCUPA LA COMPAÑÍA DE MANUEL MARTÍNEZ. Loa Para Las bodas de Camacho el Rico. Personas que hablan en ella LA PAZ - María del Rosario Fernández. EL CELO DE MADRID - Juan Ramos. EL VALOR ESPAÑOL - Vicente Galván. EL COMERCIO - Simón de Fuentes. EL INGENIO - Manuel González. LA AGRICULTURA - Joseph Martínez Huerta. LA POESÍA - Antonio de Robles. LA MÚSICA - Francisco Ramos. EL TIEMPO - Manuel Martínez. LA ADMIRACIÓN - Miguel Garrido. LA FELICIDAD - Antonia del Prado. FAMA PRIMERA - Nicolasa Palomera. FAMA SEGUNDA - Rosa Pérez. Personas que no hablan LAS CUATRO PARTES DEL MUNDO El resto de individuos de ambos LAS TRES NOBLES ARTES sexos de la Compañía, y algunos LA INDUSTRIA Comparsas agregados. GUERREROS CON EL VALOR COMPARSAS DE LAS NACIONES CONVENIDAS POR LA PAZ La acción se supone en un bosque en las cercanías, y de la jurisdicción de Madrid. Escena I Al levantar la cortina aparecer el teatro de vistosa y frondosa selva, con un magnífico templo, o peristilo rodeado de laureles al lado derecho, y de árboles frutales al izquierdo: la fábrica será de bello y blanco alabastro, cuya arquitectura estará moldeada de oro, y festonada de flores al gusto y acreditada inteligencia del director de las escenas: se ascenderá por tres gradas a la ara que habrá en medio, o en el centro en forma de cilindro de la propia piedra; y en el friso se leerán las letras de oro que digan: PACI ORBIS TERRARUM. En los sitios mas avanzados del teatro, y sobre dos ribazos de yerbas floridas, se verán a la derecha recostada la Poesía escribiendo, y la Música a la izquierda sentada con una lira en acción de acompañar su canto: por detrás de ellas aparecerán dos hermosas nubes, y en ellas se irán elevando poco a poco dos Famas: delante del templo estará Madrid representado por el Celo suyo en figura heroica, armado de cota escamada de plata, y al pecho un corazón de fuego pendiente de una cadena de oro, casco de acero, montado de ramas de madroño, laurel y oliva, una lanza en la mano derecha, y en el izquierdo brazo un escudo de plata con las armas de Madrid: tendrá recogido el manto imperial con aire gracioso, y estará reconociendo y admirando el templo: después del cuatro saldrá el Tiempo de gala con sus atributos. POESÍA. MÚSICA. LAS DOS FAMAS. A CUATRO Del mundo interesados En la felicidad, A ejemplo de Madrid, Venid, venid a dar Aplausos al honor, Tributos a la paz. POESÍA. MÚSICA A DÚO Pueda entre sus laureles El honor descansar. LAS DOS FAMAS A DÚO La paz reciba cultos De la fidelidad. A CUATROA ejemplo de Madrid, Venid, venid a dar Aplausos al honor, Tributos a la paz. EL TIEMPO Esas voces que suenan placenteras, Y que dos Famas por el mundo esparcen, Heroico Celo de la Ilustre Villa De Madrid, cuyo símbolo, hacen fácil, Mas que el escudo que te adorna el brazo, Las verdes ramas, y el heroico traje: Esas voces repito, que convidan A la felicidad, a ti me traen, Curioso por saber si a las que tienes, Aún puedes añadir felicidades. MADRIDDespués te las diré: permite ahora Que nuevamente de mi celo inflame La pluma, el instrumento y la carrera De quien dicta, quien canta, y quien aplaude. Genio patricio, en cuya dócil pluma (A la POESÍA.) Alma tal vez Apolo inspira suave, Ya ves las intenciones de la mía; Grande el asunto es. POESÍA Pero es tan grande, Que cuanto más le estudia, es al discurso Más imposible de desempeñarse. MADRIDY tú, Genio, de ciencia lisonjera. (A la MÚSICA.) Cuyas maestras fueron las Deidades Inventa nuevos tonos, que dupliquen La armonía de versos y de bailes. MÚSICASi el metro es digno de tan alta idea, ¿Qué lira puede haber que le realce? MADRIDY vosotras, ¡oh hijas de la tierra! (A las FAMAS.) Moradoras eternas de los aires, Alzad el vuelo, prevenid las trompas, Y publicad en las inmensidades Del orbe de la tierra los esfuerzos Del ansioso Madrid, porque se ensalcen El honor de las Armas Españolas, Y la Paz que le da CARLOS EL GRANDE. (Recitado.) FAMA PRIMERAAlbricias, españoles: SEGUNDASea, para bien universal, mortales: PRIMERAQue llegó el suspirado feliz día, Que a vuestros ojos cierra Su templo el feroz Numen de la guerra. SEGUNDAYa los estruendos de la artillería Substituye la plácida armonía, Que os llama de la Paz al Templo honroso, Que Madrid la dedica generoso: PRIMERAPara que gratos a sus beneficios, LAS DOSVengáis a tributarla sacrificios. (Aria a dúo y ECOS.) FAMA PRIMERAEn los acampamentos La música marcial Publique ya festiva Los ecos de la paz. ECOSViva la paz, Viva la paz. FAMA SEGUNDALa Industria y el Comercio Aplaudan en el mar Con saludos corteses Los bienes de la paz. ECOSBuen viaje, Buen pasaje, Viva la paz, Viva la paz. FAMA PRIMERATambién las nobles Artes Celebren en su afán Los premios y el aplauso Que produce la paz. ECOSViva la paz, Viva la paz. FAMA SEGUNDAY los Pastores, Y Labradores En sus cabañas Y sus campañas Ya desde hoy más: LAS DOS FAMAS A DÚO CON FLAUTASAligerados De sus tributos, Y enamorados, Verán los frutos Que trae la paz. ECO SOLOVerán los frutos Que trae la paz. A CUATROY en las cabañas Y las campañas Dulces sus ecos Resonarán. TODOS LOS COROS DE LOS ECOS UNIDOS Y LAS DOS FAMASViva la paz,Viva la paz. (Al tiempo de concluir el Coro general, se ocultarán del todo las tramoyas de las dos FAMAS.) Escena II MADRID. EL TIEMPO. POESÍA. MÚSICA. ADMIRACIÓN, que sale manifestando su carácter. ADMIRACIÓN¡Qué es esto! ¿Desde cuándo acá la Fama Toleró competencias de su imagen? ¿No bastó una para hacer notorias De tantos siglos tantas novedades?... Este gozo que sube, y que se extiende Cual el humo veloz, ¿de dónde nace?... ¡Aquí que nuevo Templo!... A tantas cosas No puede haber admiración que baste. MADRID¿Quién eres, peregrino, que dudoso, O admirado, los pies mueves cobarde? ADMIRACIÓNLa misma Admiración. MADRID ¿Y qué te para? Un cúmulo de causas admirables Que mi oído fatigan y mis ojos A un tiempo, todas y en distintas partes. MADRIDPues porque te sosiegues, te recobres, Y te prevengas para en adelante A mayor novedad, oye. ADMIRACIÓN ¿Y quién eres Tú que ufano el blasón de Madrid traes Por divisa? MADRID Soy quien le representa Como fiel Celo suyo; y a quien cabe Porción de los desvelos, que su ilustre Cuerpo ha tomado, para que parase La admiración del Público los pasos De su curiosidad, siempre insaciable. ADMIRACIÓNPues ya lo consiguió: ya me detuvo. MADRIDHablando, pues, con ambos, tú no extrañes (A la ADMIRACIÓN.) Ver emplear dos Famas, cuando intento Celebrar tantas glorias como añade La Casa de BORBÓN a sus antiguas. Siempre dudé que una las bastase: Y lo dudó ella propia, pues me dijo: «Si quieres que te sirva, y que yo inflame »El espíritu y voz del prodigioso »Número de las gentes; dame, dame »Nuevas lenguas, que ya cansé las ciento: »Y prevén de más sólidos metales, »Y más sonoros otros cien clarines, »Que esfuercen hoy mi voz, y la dilaten. »Dos siglos ha que puso sobre el Sena »La Casa de BORBÓN el pie triunfante: »Y ha dos siglos también que sus conquistas, »La razón de su estado formidable, »Su extensión, y el temor de sus contrarios, »Al escuchar crujir los tafetanes »En medio de las filas combinadas »De los franceses y españoles Martes, »Me ocupa de manera, que es preciso »Que cualquiera otro asunto le desaire: »Ni esto es justo, ni yo tengo más fuerzas.» Calló la hermana vil de los Titanes; Y habló Madrid, diciéndola: «Descansa; »Que ya imagino de mejor linaje »Nueva Fama Católica Española, »Que con más clara voz divulgue, y, cante »Por otros muchos siglos de las Lises »Triunfos, aumentos, y tranquilidades.» Esto dijo y el cuerpo de la Fama, Que imaginó Madrid, se vio en el aire. Se estremeció la antigua; y envidiosa, De ver su compañera prepararse Al fin glorioso para que nacía, Alzó el vuelo también, y desde el aire Émulas una de otra en el empeño, Dividieron el mundo en dos mitades. TIEMPOCon giro tan veloz, voz tan robusta, Que de toda la tierra, y de los mares Nos vuelven ya los ecos. MADRID ¡Dulces ecos De la Paz, con que alientan y renacen Valor, ingenio, tráfico, y labranza, En el campo, el taller, plazas y valles! ¿Y este Templo? MADRID A la Paz se le dedico, Que le merece bien huésped tan grande. Y tú, Tiempo cruel, a cuyo impulso No hay monumento sólido de jaspe, De mármol, o metal, que se resista: Devorador de Imperios, de Ciudades, Fábricas, y hombres, mírale sin ceño: No se acerquen jamás a sus umbrales La ruina, y el olvido: a cargo tuyo, Pongo su duración: en que afiancen Las glorias de esta Paz, y de su Augusto Y digno Protector, perpetuidades. TIEMPOYo lo prometo: y tú no desconfíes; Pues en vano me fueron respetables Héroes insignes, y acontecimientos De otros siglos, habiendo, en mi dictamen, Tantas ventajas en los que hoy celebras A cuanto tengo escrito en mis anales. ADMIRACIÓN¿Y allí tan distraídas, o atareadas La Poesía y Música, qué hacen? POESÍAYo descurrir en vano idea digna Que los deseos de Madrid iguale: MÚSICAY yo desesperar de encontrar tonos A que sus expresiones no aventajen: POESÍAY arrojando la pluma... MÚSICA Yo la lira: POESÍAIré a solicitar otra más hábil. MÚSICAOtra más diestra imploraré rendida, LAS DOSQue de tu celo las fatigas calmen. Escena III MADRID. EL TIEMPO. LA ADMIRACIÓN. MADRIDMúsica, Poesía., sin vosotras ¿Qué regocijo puede haber que sacie El público embeleso? TIEMPO No discurras, Que es huir del empeño, el retirarse Donde... (Preludio.) ADJURACIÓN¡Pero qué es esto? MADRID Otro motivo Mayor que se presenta de admirarte. Escena IV MADRID. EL TIEMPO. LA ADMIRACIÓN. LA PAZ. EL VALOR. EL INGENIO. LA AGRICULTURA. EL COMERCIO. LAS ARTES. LA INDUSTRIA. LAS ESTACIONES DEL AÑO. LAS CUATRO PARTES DEL MUNDO. GUERREROS HEROICOS CON EL VALOR. VASALLOS DE LAS POTENCIAS PACIFICADAS, que sobre un pavés conducen a la Paz en triunfo. Marcha majestuosa. Saldrán por la izquierda el INGENIO: seguirán las nobles ARTES, e INDUSTRIA, y luego varios GUERREROS, concluyendo el VALOR a caballo. Por la derecha, la AGRICULTURA, las cuatro ESTACIONES, y luego el COMERCIO seguido de las cuatro partes del mundo, presidiendo la PAZ, sostenida de cuatro comparsas, vestidos en traje español, inglés, moro, y turco. La ADMIRACIÓN, y el TIEMPO ocupan las dos puntas del tablado. MADRID acude al obsequio de la PAZ; y habiéndose apeado esta, y el VALOR, queda en medio, y los demás en los proporcionados lugares de su representación, formando el más grato, y magnífico espectáculo a la vista. MADRIDPaz, de las gentes tan desconocida, Y suspirada en las adversidades, Obras son tuyas las satisfacciones, Que goza España, y a Madrid persuaden A que en memoria de tus beneficios Ese pequeño Templo te consagre; No menos digno que el de Vespasiano, Siendo aquí el Celo superior al Arte. VALORA gozar los laureles de tu sombra, Llega el Valor pacífico y triunfante, Y a colgar de tu Templo en las paredes Los ajenos y propios estandartes, Que opuestos tremolaban, y ya unidos Alfombra tuya son, con estas llaves Del negro calabozo, en que las furias Quedan presas del ya templado Marte. Aquesta gala que mi edad desmiente, Usada solo en las solemnidades, Y está segur que le quité a la muerte, Porque mate sin ira, ya que mate, Te acrediten que viven hoy los hombres Con más seguridad de sus instantes: Que ya no soy el tiempo que anunciaba Sustos, estragos y calamidades: Y en el orden de su naturaleza Todo puesto por ti, bien como antes Vía el padre morir al fuerte hijo, Verá el hijo morir al débil padre. INGENIOVerá el Ingenio adelantar la Industria, Que aquí te ofrezco con las nobles Artes, Que animó de BORBÓN la Augusta Casa Para que su esplendor perpetuasen. COMERCIOFlorecerá el Comercio a quien franqueas Por la tierra y el mar seguridades En los más bravos climas y remotos Del mundo: y a tus pies sus cuatro partes Autora de su bien te reconocen, Su Numen tutelar, y en tus altares De sus minas, sus frutos, y sus gentes Serán los sacrificios incesantes. AGRICULTURA¡Oh! ¿Qué te dirá la Agricultura, A quién ofreces para sus afanes Compañeros gloriosos, que cultiven Lo que ellos mismos defendieron antes? A ti desde la Aurora sus canciones Dirigirán alegres mis Zagales, Ínterin herbajean sus ganados, Y apuran los arroyos saludables. Por ti los ambiciosos cosecheros, Y contra sus hermanos auxiliares De la calamidad, harán patentes Los silos de sus granos abundantes, Que ocultó la codicia de la guerra, Y los vasallos sin temor, ni hambre Harán las poblaciones más fecundas, Mas útiles, más ricas y sociables: Y a ti del daño, en fin, las Estaciones Sus productos por víctima te traen, Esperando prosperes sus olivos, Sus flores, sus espigas y frutales. PAZ¡Oh Celo equivocada! Yo agradezco El alborozo, que en las varias clases Del Estado los ecos de mi nombre Han producido; por recompensarle Viviré con vosotros, nunca escasa De mis auxilios, entre vuestros Lares. Pero ni esos tributos, ni este Templo Puedo admitir sacrílega. Mas grande, Mas poderoso Numen es el móvil De que oiga España en vez de los insuaves Alaridos y estruendos de la guerra, Cánticos a mi nombre universales. No soy la causa yo; soy puro efecto, Como esos bienes, de la impenetrable Providencia Divina, que así premia Las virtudes de un Rey, y las lealtades De los buenos vasallos. El más justo, Más gratificador, más respetable, Y más amado Rey CARLOS TERCERO, El Católico es a, quien hoy abre Sus tesoros el Cielo, y él al mundo Es el que por mi mano los reparte. De su mérito público y privado Hechura simple soy: y así su imagen Es digna solamente de aras, templos, Memorias y obeliscos inmortales. VALORViva CARLOS, y el Templo prevenido Por Madrid a la Paz se le consagre. MADRIDNo lo consentiré; que tiene otros Más dignos, permanentes y apreciables. TIEMPO¿Y dónde existen? MADRID En los corazones De sus vasallos, templos de diamante, Donde la envidia de sus enemigos A cada golpe un resplandor añade. La historia, y la experiencia desengañan De que no hay bronce, o mármol tan durable, Que no se rinda al tiempo, o al capricho Soberbio de un tirano dominante. Solamente las almas son eternas: Lo que en ellas se graba inseparable Les será para siempre. Nuestras almas Serán Templos de CARLOS más constantes, Y en los ánimos tiernos esculpido De nuestros hijos este fiel carácter Nacional, durará de unos en otros, Sin acabar, hasta que todo acabe. Así piensa Madrid: y por sus Reyes Está pronto a firmarlo con su sangre. ADMIRACIÓN¡Admiro tu lealtad! VALOR Y siendo justo Que la Paz tus obsequios no desaire Ponga su blanco pie sobre ese mármol. PAZMas digno eres, Valor, tú de ocuparle. VALOR ¿Yo? PAZSí: pues con tus glorias y tus triunfos Estos obsequios me proporcionaste. VALORTú eres más digna, como a los vasallos De CARLOS mas benéfica y amable. PAZPor ti el primer BORBÓN puso glorioso Los pies invictos sobre Manzanares, Y sobre el Mar Tirreno el Joven CARLOS. Tú en Veletri su vida reservaste, Donde al crudo rugir de los Leones Las Águilas volaron Imperiales. Tú diste franca entrada a sus banderas En Almeida y Mahón. Tú destrozaste Las enormes defensas de su Isla: Y la Florida tú le conquistaste, Occidental de los Britanos fieros. VALOREs verdad; mas por ti le vio triunfante Roma entrar por sus puertas: y abrazado Del científico, justo y SANTO PADRE BENEDICTO, ofrecerle en sacrificio Mil victorias, por no verter más sangre Católica. ¡Oh virtud de aquella insigne Cabeza de la Iglesia Militante! Tú en Toscana, Palermo, las Sicilias, Parma y Veletri de sus populares Aclamaciones, y de las más serias Autora fuiste. Tú te dilataste Por él hasta los campos que fecundan Todo el Danubio, el Nilo y el Eufratres. El Bósforo también besó tus plantas: Y sentada en la popa de las Naves españolas a tu Rey harás eterno, Y el Comercio dichoso por los Mares Atlántico y Euxino, Negro, Roxo, Y aunque al Golfo de Persia te dilates. Y en fin, CARLOS por ti nuevos dominios También logró, que su Corona esmalten. PAZLos viles herederos de Numidia (Los Argelinos) tú le escarmentaste. VALORY tú le has convertido en siglo de oro El que empezó de acero. PAZ No te canses, Que es más feliz por ti. Por ti lo ha sido. ADMIRACIÓN¿Y puede haber aún más felicidades? DENTRO MÚSICASí. ADMIRACIÓN ¡Qué nuevo prodigio se avecina! PAZHermosa luz de rayos celestiales Sobre el Templo desciende, y le circunda Para que se ilumine, o que se abrase. Escena V LA FELICIDAD. LAS DOS FAMAS. Y los antecedentes actores. Las dos FAMAS saldrán en sus tramoyas por los lados opuestos que entraron. Cantan su dúo, e ínterin va siguiendo su descenso un dilatado y extenso resplandor de ráfagas de velillo de plata, y nubes de colores tiernos, y bien iluminadas, que ha de ocupar toda la parte superior del foro, dejándose ver las ráfagas por los intercolumnios del Templo. En medio de esta máquina se verá un trono, en que viene sentada la FELICIDAD con la mayor pompa, y quedará colocada oportunamente sobre la cúpula del mismo Templo. Al rededor del trono y extendiéndose hasta ocultar sus extremos entre los respectivos bastidores, se pondrá un semicírculo, que figure el Zodíaco con los que alcance, bien distinguidos y pintados sobre transparentes y delgados lienzos: disponiendo que caiga sobre la FELICIDAD perpendicularmente el de Géminis, que serán dos bellos Niños desnudos de relieve con vendajes de oro a la cintura, enlazados por los brazos y en acción de arrojar cada uno con la mano del brazo libre una guirnalda de laurel sobre el VALOR, y otra de oliva y rosas sobre la PAZ. DÚO LAS DOS FAMASIgualmente felices Son el Valor y Paz; Pero tiene la España Mayor felicidad, Que debe agradecer Madrid, y celebrar. ADMIRACIÓN¡Qué nuevo gozo, Famas, os inspira? MADRID¿Y quien será capaz de declararle? FELICIDADYo, que soy la mayor, y soy la propia Felicidad, que vino a consolarte El fausto día cinco de septiembre, Dejando en uno de los Sitios Reales A CARLOS FELIPE, ya en los brazos Del Real Abuelo, ya en los de sus Padres, Cual fruto delicioso, con que el cielo De una vez las dos pérdidas resarce De sus hermanos: premio el más conforme A su resignación. Estos Infantes Gemelos son del Reino la más cierta Felicidad. No receléis que falte Yo de vosotros mientras los dos vivan, Y la fecunda esclarecida Madre De estos Amores, más merecedora Que Venus de memorias inmortales... La insigne Luisa, cuyo digno elogio Solo es no haber elogio que la baste. Y esta es, Ilustre Villa, la ventura Que debe sobre todas celebrarse. MADRIDMi alma la celebró con repetidos Inciensos, que aún humean, si no arden, Ante el Rey de los Reyes, y con vivas Festivo a por mis plazas y mis calles. TIEMPODe la Felicidad, que hoy le corona, Sea este Templo basa, en que descanse. PAZY el honor de las Armas Españolas, VALORY la Paz que tan justamente aplaudes, LOS DOSConcurriremos hoy a los obsequios Solo como dos causas auxiliares. Escena última LA POESÍA. LA MÚSICA. LOS ACTORES. (Antecedentes.) MADRID¡Música! ¡Poesía! (Con ansia.) LAS DOS ¿Qué nos quieres? MADRIDHacer con los esmeros teatrales Mas público mi celo. Ahí te presento Los tonos de canciones y de bailes Hasta donde alcanzó mi suficiencia. POESÍAY yo pedí para desempeñarte Al laureado BATILO (1), que del Tormes A la orilla tal vez suele olvidarse De su amor, de sus versos y sembrados, Por cultivar las ciencias y las artes, La dulce pastoral, que te franquea. MADRIDYo la admito con ansia de que igualen A sus merecimientos sus aplausos. TIEMPONuestros aplausos solo deben darse Al mayor de los Reyes de la tierra: Al benéfico Príncipe: a su amable Por tantas causas digna Esposa suya, Y Protectora nuestra: a los Infantes Gemelos, sus Hermanas y sus Tíos. MADRIDTiempo, respétales. (Con la expresión más viva.) TIEMPO El Tiempo sabe Lo que importan sus vidas, y que de ellas Están pendientes las prosperidades. PAZEl Valor las sostenga. VALORLa Paz las aventaje. MADRIDMadrid reconocido A todo el mundo inflame. COMERCIO. AGRICULTURA. INGENIO Y ADMIRACIÓN Todos somos felices. MADRIDPues todo el mundo cante. (Al CORO.) CORO RUMBOSO CON BREVES ECOS Viva CARLOS TERCERO....... Viva, viva. Y vivan los Infantes.................... Infantes. El Valor triunfe........................... Triunfe. Y la Paz dilate............................ Dilate. TODOSY en los Cuarteles, Plazas, Academias y valles Todos la Paz bendigan, Y al Soberano aclamen. (Cae la cortina, y se da fin a la Loa.) ...emendaturus, si licuisset, eram. OVID. Interlocutores QUITERIA, LA HERMOSA, SU NOVIA, Y AMANTE DE CAMACHO María del Rosario Fernández. PETRONILA, SU HERMANA, Y AMANTE DE CAMACHO Antonia Prado. BERNARDO, PADRE DE AMBAS Pedro Ruano. BASILIO EL POBRE, AMANTE DE QUITERIA Juan Ramos. CAMILO, AMIGO DE BASILIO Vicente Galbán. DON QUIJOTE, CABALLERO ANDANTE Simón de Fuentes. SANCHO PANZA SU ESCUDERO Miguel Garrido. UN PASTOR Joseph Martínez Huerta. CORO DE ZAGALES, Y ZAGALAS COMPARSA DE LOS MISMOS La Escena representa la enramada, que describe Miguel de Cervantes en los capítulos XIX y XX de la segunda parte de su Historia de Don Quijote. La Música es de Don Pablo Esteve, Compositor del Teatro de la Cruz, y las Decoraciones del Pintor Don Antonio Carnicero. Prólogo EL AMOR¿Quién puede resistir al triste lloro, Y angustia lastimera De un amante infeliz y abandonado? ¿O qué bárbara fiera Negarse puede a su clamor? El cielo, El cielo mismo de su amargo duelo Se mueve, y cual envía Su benigno rocío al mustio prado, Que le alegra y fecunda, así a su alma Torna por mí la suspirada calma, Y alivia su cuidado. Por mí, que soy el Dios de la alegría, Del gozo y el placer, Amor en suma, Cual lo dicen mis alas, mi semblante, Estas mis flechas, y mi aljaba de oro. Entonces el amante, Ledo y feliz, el sazonado fruto De su fe recogiendo, Goza en paz las ternuras de su amada, De mis flechas llagada. ¡Dichoso entonces él, que por tributo Sus deliciosas lágrimas bebiendo, Ya le ciñe la sien de tiernas flores, Ya escucha sus favores, Ya canta su hermosura, Ya encarece su ardor y su ventura! ¿Y habrá quien acusarme Pueda de ingratitud, y ose llamarme Vengativo y cruel? Vengan, y vean Los hombres lo que soy, si es que desean Al Amor conocer. Darles me agrada Hoy entre estos pastores inocentes Un nuevo testimonio de mi pura Sencilla inclinación. Hoy la ternura Será galardonada Del mísero Basilio y sus dolientes Ansias se trocarán en alegría. ¡Cual gime el infeliz! ¡Cual se querella De su Quiteria bella! Que estos los nombres son de los zagales. En años, en ternura en todo iguales, La enojosa pobreza Los lleva al duro trance de la muerte. ¿Mas qué no puede Amor? ¿Qué la fineza De los dos no merece? La lazada, Que en uno junte su felice suerte, Por mí les será echada. Y hoy Quiteria la hermosa Será con su Basilio venturosa, Y él con su amada vivirá seguro. Yo llamaré al Ingenio, y sus sutiles Graciosas invenciones A mi arbitrio usaré: de la locura También he de valerme: Y aun la misma Amistad, su candor puro Olvidando, usará de la librea Del engaño falaz por complacerme. ¡Oh inmenso poder mío, que a su grado Todo lo ordena y muda! ¡Oh bien hadado Basilio fiel ¡Oh hermosa, Y mucho más dichosa Quiteria! Vendrá un día, Cuando sonéis en plácida armonía Allá, do besa humilde Manzanares Los altos sacros lares Del mayor de los Reyes, Que dio a la tierra atónita sus leyes. Entonces deliciosa La santa Paz descenderá del cielo, Y con su puro trasparente velo El orbe cubrirá: mientras gozosa En duplicada prole su ventura Logra Iberia segura. Prole del alto Empíreo acá enviada, Y a los ardientes votos acordada Del Abuelo Real, y venerable. ¡Vivid, creced, pimpollos florecientes! ¡Creced, preciosos Niños, de las gentes Españolas consuelo, Y honor y gloria del humilde suelo! ¡Oh PRÍNCIPE benigno! ¡Oh LUISA amable! ¡Oh grande! ¡Oh justo CARLOS! ¡Cómo os veo De laurel coronados, Y de Íberos felices rodeados, En medio de la Paz y la Victoria Subir al alto templo de la Gloria! Acto primero Escena I BASILIO(Muy afligido, y en un traje lúgubre.) ¡Ay! cómo en estos valles, Morada antes de amor, hoy del olvido, Basilio fue dichoso! ¡Oh tiempo! ¡Tiempo! ¿Dónde presuroso Tan de presto has huido? La crédula esperanza que mi pecho Abrigó tantos años, ¿qué se ha hecho? ¿Es esta, infiel Quiteria, la ventura De tu Zagal amado? Amado sí, cuando inocente y pura Como la fresca rosa, Y mucho más hermosa, Nos dio el amor sus leyes celestiales, En fin todo lo alcanza la riqueza, Y en adorar el oro son iguales Ciudades y Alquerías. El mérito es tener, y la belleza Cede del poderoso a las porfías, Cual débil caña al viento. ¡Quién temiera traición y fingimiento, ¡Ay! Quiteria, en tu fe! ni que yo ahora maldijese impaciente La lengua engañadora, Que decirme solía: «Nada temas, Basilio, eternamente »Quiteria será tuya: a ti se fía »Mi virginal decoro: »Como tuyo le guarda y le venera.» ¡Que guardarle sirvió, si cuando menos Debiera ser temido, A Camacho tu padre te ha vendido! ¡Oh pechos crudos, de piedad ajenos! ¡Oh Bernardo! No padre, Tirano sí, tal joya No te la dio para Camacho el cielo; Yo la merezco solo: la he ganado Sirviendo y adorando tantos días; Fruto es de mi cuidado, Y de las ansias mías. ¡Ay! Dámela, cruel, no de mi seno, Robes con mano fiera La inocente cordera Para encerrarla en el redil ajeno. Y tú aleve Pastora, ¿Por qué el consejo de tu padre sigues? ¡No basta ser señora Del cuitado Basilio? Te faltaba, Sí, del feliz Camacho la riqueza: Pero ¡cuanta ventura te aguardaba En mi humilde pobreza! ¡Cual yo trabaría Alegre para ti de noche y día! Con abundosos bienes justo el cielo Premiara mi desvelo. ¡Y que los bienes son con los placeres De un amor mutuo y fino! Pero tú sigues el común destino, Y desmentir tu condición no quieres. Sigue, sigue, homicida, Que yo el camino seguiré que el hado Le señaló a mi vida, Acabando con ella y mi cuidado Por triste complemento De tus infieles bodas... Pasos siento. (Asustado.) Huyamos hacia aquí, que ya insufrible, Le es todo a mi dolor. (Retirándose.) Escena II BASILIO. CAMILO. CAMILO ¡Será posible (Saliéndole al paso.) Hallazgo tan feliz, o mi deseo Me burla en lo que veo! ¡Basilio! ¿Tú en el valle? ¿Tú en mis brazos? ¡Mi querido Basilio! BASILIO¡Ay Camilo! CAMILO ¿Qué estrella tan dichosa A mis ojos te vuelve? Yo temía Algún fin desastrado, Desde el aciago día En que el fatal concierto fue ajustado De Camacho y Quiteria, Y tú celoso, triste, dolorido, Cual novillo furioso que vencido Fue en la lucha, del valle te ausentaste, Llenándonos de amargo desconsuelo Con las sospechas de tu cruda muerte. BASILIO¡Pluguiera al justo cielo Que ella hubiese acabado CAMILOCon presto golpe mi infelice suerte! ¡Y en el día a las bodas señalado Tornas a renovar tus desventuras Entre sus regocijos y alegrías! ¿O has olvidado a tu enemiga bella? BASILIONo lo consiente mi contraria estrella, Pastor amigo: las desdichas mías Crecen como la llama Por intrincada selva en el estío. CAMILO¿Pues qué causa te vuelve? BASILIO El más impío Furor, la más rabiosa Determinada voluntad que pudo Caber en pecho de pastor. ¡Ay bella Cuanto falsa Quiteria! Está segura Que presto, presto acabará tan crudo Dolor, pues tú lo quieres. CAMILO¡Oh anuncio infausto! ¡Oh nueva desventura! ¡Ay mísero Zagal! Vuelve a tu seso, Y tu clara razón no ultrajes loco Con tan culpable exceso. BASILIO¡Aún te parece mi tormento poco! No, Zagal, mi destino Es morir por Quiteria. Yo vivía Para adorarla fino. Hoy a Camacho ha de entregar su mano, Y la esperanza mía Acaba de agostarse. ¡Quién tan vano Fruto coger temiera De tan florida mies! ¡Quién tus palabras, Quiteria, no creyera! CAMILO¡Ay Zagal! Que deliras con el cuento De tu pasada gloria, Doblándote las ansias su memoria. BASILIONo puedo refrenar el pensamiento. Tú conoces mi amor: tú, amigo, sabes, Que de la edad más tierna Sola su ley mi voluntad gobierna. Pared en medio la enemiga mía De mi casa vivía: Casi a un tiempo nacimos, Y juntos nos criamos, Y casi ya en la cuna nos amamos. Apenas empezaba A hablar aún balbuciente, Ya con gracia inocente Decía que me amaba, Y a mis brazos corría, Y los suyos me daba, y se reía. Yo la amaba también, y con mil juegos Pueriles la alegraba, Ya travieso saltando Tras ella en la floresta, Ya su voz remedando Con agradable fiesta, Ya en pos de algún nevado corderillo Corriendo en rededor de los rediles, O acechando el pintado jilguerillo En las varas sutiles Llenas de blanda liga. Voluntad tan acorde y tan amiga Jamás fue vista en una edad tan breve. El par más fiel de tórtolas amantes En el más hondo valle retiradas, Y solo a acariciarse abandonadas, Eran para los dos ejemplo leve. Una la voluntad, uno el deseo, Una la inclinación, uno el cuidado, Amar fue nuestro empleo Sin saber que era amor; en tanto grado Que ya por la Alquería De todos se notaba y se reía Nuestra llama inocente. Después en la puericia floreciente Mi viejo padre a gobernar me puso El hato de mis cabras, y su padre Igualmente dispuso, Que ella a pastar por los alegres prados Sacase sus ganados. ¡Ay! qué felices días! ¡Qué sencillas y puras alegrías! Si ella se enderezaba hacia un otero, Yo estaba allá primero; Y si al valle bajaba, En el valle esperándola me hallaba. No hubo flor, no hubo rosa de mi mano Cogida que en su seno no parase; No hubo dulce tonada Que yo no le cantase; Ni nido que en su falda no pusiese. Mis cabritos saltando la seguían, Y la sal sus corderas me lamían En la palma amorosas. De esta suerte las horas deliciosas Pasábamos felices, Cuando un deseo de saber nos vino Qué era amor, de manera Cual si un encanto fuera Y a un Zagal ya maestro preguntando, «Un niño hermoso, respondió burlando, »Halagüeño, festivo, bullicioso, »Con alitas doradas, »Que causa mil placeres y dolores. »Gusta de los Pastores, »Y de edad floreciente: »El pecho agita, y mil suspiros cría: »Hace hablar a los rudos dulcemente, »Hace velar, y el corazón abrasa, »Y olvida del ganado, »Pensando sólo en el sujeto amado, »Y sólo con su vista da alegría.» Quiteria se encendía, Y yo turbado estaba aquesto oyendo, Consigo mismo cada cual diciendo: Yo me agito, y suspiro, Yo canto dulcemente, y yo me abraso, Velo, me quejo, y lloro, ¡Ay! A Quiteria. ¡Ay! A Basilio adoro. CAMILO¡Discurso bien extraño, y más extraña Simplicidad la vuestra! BASILIO Desde entonces Sabiendo que era amor, a amar nos dimos Con inquietud tan rara, Que en vano a ponderártelo bastara, Contando un día entero mis venturas. ¡Qué promesas hicimos! ¡Qué afectos! ¡Qué ternuras! ¡Qué dulce libertad! ¡Y qué delicias! Imagina, Camilo, las caricias, Las miradas, los juegos, los favores Que hallarían dos pechos abrasados En el amor más puro. CAMILOFingírselos no puede el mismo amante Fuera de aquel instante. BASILIOSiete veces Abril tornó florido, Y Diciembre aterido, Viviendo yo seguro Sin recelar mudanza, Cuando Camacho ¡oh bárbara memoria! Vino a arrojar por tierra mi esperanza; Y yo resuelto me partí del valle A dar fin a mi vida Desesperado y fiero. No de intención mudé; mas ora quiero (Con determinación.) Que ante sus ojos sea, Y que la ingrata vea En el momento de sus tristes bodas, Con qué extremo la amaba Este desventurado, Y hasta qué punto mi despecho llega. CAMILO¡Ay Basilio infelice! Que te ciega Tu celosa pasión. BASILIO Quizá mudado Su pecho entonces llorará mi suerte, Vivo gozar queriendo Al que ahora por pobre da la muerte. CAMILOConsuelo inútil para mal tan grave. BASILIOEste me resta solo. CAMILO Aún otro queda. BASILIO¿Cuál? Dímelo Camilo... CAMILO El que tú hablaras A Quiteria, esforzando Su corazón cobarde, Que aún constante te adora, Y por tus celos agraviada llora. BASILIO¡Yo a Quiteria! Primero El fuego será frío, el Sol escuro, Y el Mayo irá sin flores, Que yo la hable, ni vea. No, Zagal, yo no quiero Ponerme de la infiel a los desvíos Ni a su intención contravenir en nada, Turbando en vano con los ruegos míos La luz serena de sus claros ojos, Ni las purpúreas delicadas rosas De sus mejillas. CAMILO Tu ventura Tú mismo estorbas. BASILIO Tu rogar es vano. CAMILOPues por no hablarla perderás su mano. BASILIO¿Cómo Zagal? ¿Qué dices? CAMILOQue aún puede haber retorno tu fineza. De Quiteria el silencio, la tristeza, Su despego a Camacho, su desvío, Sus suspiros, sus ojos, Más de una vez me han dicho que te adora. BASILIO¡Cuán feliz yo sería! CAMILOBailando en la enramada el otro día Sin ser notado, y viéndola elevada Como en ti contemplando, Yo le dije burlando: «Olvídale, Zagala, pues le niegas »El premio a tantas ansias merecido.» Turbose en escuchándome encendido Su rostro de vergüenza, y sus mejillas Salpicó alguna lágrima, que en vano Quiso ocultar su mano. Háblala pues. BASILIO ¡Oh firme Malograda esperanza! Vuelve, vuelve De nuevo a florecer. Mas ¡sin ventura! ¡Cómo yo la he de hablar en este día Y en tanta confusión! ¡Ay! No me ha dado Amor tal osadía. CAMILOPues yo por ti lo haré: mira en qué grado Tu dicha anhelo, y dispondré de modo Que en secreto os veáis. BASILIO ¡Ay dulce amigo! Pues eres de mis lágrimas testigo, Sensible le pondera Mi amor, mi fe sincera. Haz esto, y premio pide; mi ganado, Cuanto vale Basilio todo, todo Está Camilo fiel a tu mandado. Y a Dios, que podrán verme. CAMILO Aquí me espera Dentro de un hora. BASILIO Tornaré ligero, Cual hambriento cordero De la madre al balido. (Vase.) Escena III CAMILO. DON QUIJOTE. SANCHO. CAMILO¡Cuán fácil es, cuán fácil al olvido, Zagalas vuestro pecho! La corriente Del arroyo, del céfiro el ambiente Tienen en su inconstancia más firmeza; Pues torna un solo día En odio crudo la mayor terneza, Si el orgullo, el antojo, la porfía, O el interés el ánimo os provoca. ¡Felice yo! Que la esperanza loca Lanzar del pecho conseguí... ¿Mas cómo Haré en bullicio tanto, que se vea Con Quiteria Basilio? De su lado No se aparta Camacho... De Zagales Todo el valle está lleno... la alegría... La confusión... las danzas... ¡Ha!... Su hermana... Petronila es buen medio: Ella es vana, y sagaz, y con envidia Ve a Quiteria dichosa, Y ama a Camacho, y, está celosa. Buscarla, me conviene. DON QUIJOTE(Empezará a descubrirse hablando con SANCHO de modo que al llegar a CAMILO acabe el razonamiento de los dos.) ¿Bien arrendado a Rocinante dejas? Que además la cuita de Basilio Solícito me tiene. SANCHO Yo me atengo Al ricote Camacho: muy bien hizo La Zagala en cogelle; No sino estar sin blanca, y por las nubes Querer luego casarse: cada oveja, Vaya con su pareja... ¡Cielo santo! (Viendo a CAMILO.) ¡Qué garrido Zagal! Tal sea mi vida. ¡Qué sayo! ¡Qué limpieza! DON QUIJOTE Calla, calla, Sancho hablador, que tú como villano Sirves al interés. Pastor hermano, (Llegándose a CAMILO.) Hoy que en esta floresta la alegría Y el regocijo viven, ¿Licencia habrá un Andante Caballero De ver con su Escudero Unas fiestas tan célebres, y nuevas Cual la fama pregona? CAMILOUn huésped tal de nuevo las abona. (Admirado.) Mas ¡qué traje! ¡Qué arreo!... PRÍNCIPE Non vos faga Pavor, Zagal amigo, su extrañeza. Un Caballero soy, de los que dicen Van a sus aventuras: E que magüer de tiempos tan perdidos Al ocio renunciando y las blanduras, Huérfanos acorriendo y desvalidos, Y enderezando tuertos y falsías, Si el cielo no le amengua su esperanza, Ha de resucitar la antigua usanza. SANCHOEs mi Señor el más valiente Andante Que tiene el mundo todo. A Rocinante Oprime el fuerte lomo, y deja fechos Cien mil desaguisados. Señora universal de sus cuidados Es la sin par Princesa Dulcinea... CAMILOYo no os entiendo, amigo. (A SANCHO interrumpiéndole.) Mas vos, Señor, en tan felice día (A D. QUIJOTE.) De aquí no partiréis: nuestra alegría Venid, venid a honrar, y del esposo A recibir obsequios, y favores. DON QUIJOTEYa sabidor me hicieron dos Pastores, Que es cortés cuanto rico, Siéndolo en todo extremo; Y otro que tal la desposada hermosa Como él rico y cortés; y la manera Insólita en que quiere Sus bodas celebrar y su ventura. CAMILOVence la verdad pura Cuanto contar pudieron. En riquezas No hay Mayoral alguno que te iguale. Estas sierras pobladas Tiene con sus vacadas, Y valles y laderas De cabras y corderas, Siendo a par dadivoso que hacendado. De la hermosa Quiteria enamorado Al fin su honesta mano ha conseguido, Y celebrar los desposorios quiere Con mil regocijadas invenciones. Las grandes y abundosas prevenciones No me es dado contar: veréis tendido El albo y rico pan así en rimeros, Cual suele el trigo estar en el ejido. Así veréis arder olmos enteros Cociendo las viandas, Cual si fuesen alumbradas de verano. Así caza colgada por los robles Cual si su fruta fuera. Ha enramado este valle de manera Que a hurto el Sol ha de entrar, si a vernos viene. Danzas y bailes de Zagalas tiene, Y de Zagales juegos y carrera. Finalmente este día Es todo del placer y la alegría De Quiteria merced a la hermosura, Pues cual la rosa es reina de las flores, Ella lo es de la gracia, y gentileza. Sus ojos amorosos Son más quel Sol lumbrosos, Y sus luengos cabellos No hay valor para vellos. De la boca destila miel y azahares, Y su cuello preciado Alabastro es labrado. Venciendo a su beldad su gallardía, Y a esta su honestidad y cortesía. SANCHOPardiez que es la Zagala Después de mi Señora Dulcinea Lo mejor que ver pienso. El oro, el oro Sabe allanarlo todo; y a la larga A la Liebre más suelta el Galgo carga. CAMILODecís bien: de Quiteria Otros muchos la mano codiciaron, Y en mil tiernas canciones Sus ansias y sus celos ponderaron. Estos olmos veréis de letras llenos, Que en la ruda corteza Publican su desden y su belleza, Sobre todos Basilio Ya en la niñez más tierna la servía, Y ella su honesto amor favorecía: Mas el oro triunfó de este cuidado. Es Basilio un Zagal tan acabado En gracias cuanto pobre: Suelto y ágil al salto y la carrera, De dulce voz, de razonar suave, Y gentil hermosura; Y ámala de manera Que, cuantos sus finezas conocemos, Algún fin desastrado de él tememos. D. QUIJOTE¡Zagal cuidado! SANCHO El que fortuna olvida Ha de sobra la vida. CAMILOAsí es verdad; y solo por ser pobre Mientras Camacho ríe, Basilio triste y despechado llora. D. QUIJOTE¡Oh riqueza! En mal hora (Con entusiasmo.) La madre tierra de su seno duro Te lanzó entre los hombres. Tú lo conturbas todo, y el seguro Amor tornas olvido: Por ti el mérito yaz escurecido, Virtud es otrosí desacatada, E hubo en el suelo la maldad entrada. Ya non vale, ni afán esclarecido, Ni sangre por la patria derramada, Ni feridas gloriosas De caballero fuerte... CAMILO Permitidme Avisar de la dicha que hoy le viene Al felice Camacho. (Vase.) Escena IV D. QUIJOTE. SANCHO. SANCHO(En acción de oler, y muy alegre al descubrir las calderas.) ¡Sancho! ¡Sancho! ¡Oh qué olor tan divino! ¡Qué calderas aquellas! no las vide Tamañas en mi vida. ¡Pues las ollas! Son seis grandes tinajas. Bien la aventura empieza: A esto me atengo y no a la gentileza Y gracias de Basilio. D. QUIJOTE Sancho hijo (Con mesura.) Non denuestes al pobre, que los bienes Por eso son llamados de fortuna, Porque los da sin discreción alguna Esta inconstante Diosa; Y es sandez además tanta alegría. Mal haya, a decir vuelvo, el negro día (Con entusiasmo.) En que topó codicia con el oro. Por él se amengua el virginal decoro De la tierna doncella, y puerta tiene Franca el recuestador... SANCHO(Interrumpiéndole.) Habilidades Son sin él necedades: Nunca en casa del rico el duelo viene: El dar peñas quebranta: los dineros Vuelven en Caballeros. DON QUIJOTEEl cielo te confunda y tus refranes. Un CORO de doncellas galanamente vestidas empieza a asomar por entre la enramada. D. QUIJOTE se entona con mucha gravedad, y SANCHO se admira con sus rústicas demostraciones. SANCHO¡Válame Dios! ¡Qué danzas! ¡Qué Zagalas! En solo vellas se me van los ojos. ¡Oh qué alegres! ¡Qué sueltas! No parece Sino que sus cabellos extendidos Semejan de oro puro unos manojos. ¡Qué sartas de corales! No hay pagallas. ¡Pues montas los vestidos! ¡Oh bien haya Camacho y su riqueza! Eso que tienes vales. (El CORO irá pasando y dividiéndose en dos bandas.) CORO ITras el divino fuego De su adorada Esposa Camacho vuela ciego Cual tierna Mariposa. CORO IIQuiteria desdeñosa Su ardor cubrir procura, Cual virgen vergonzosa, Cual niña mal segura. LOS DOS COROSPues baste de extrañezas, Y en tálamo de flores CORO IGoce ya sus finezas, CORO IITemple ya sus ardores. LOS DOS COROSEn tálamo de flores Goce ya sus finezas, Temple ya sus ardores. D. QUIJOTEFuyamos de aquí al punto: no, no quiero, (Indignado.) Que el ocio muelle, o femenil halago Me embarguen pensamientos. Hay huérfanos, viudas y pupilos (Como fuera de sí.) Que amparar, hay doncellas Que acorrer, hay gigantes Soberbios y arrogantes Con quien lidiar, ¿y yo me detendría? Dulce Señora mía, No vuestro Caballero Non fará sandez tal. Fuyamos Sancho. SANCHO¿Cómo es eso de huir? ¿Para esto solo Fue sin yantar dormir en la floresta; Y hacerme despertar cuando hacen salva Los pájaros al alba, Hablando de la fiesta Y de Basilio mísero? ¡Ay Abuelo! Sembrasteis alazor, nació anapelo. D. QUIJOTEVamos digo. SANCHO ¿Quién sabe, si aquí puede Saltar tal aventura, Que cuantas hasta ahora hemos tenido Nada con ella sean? Escena V D. QUIJOTE. SANCHO. BERNARDO. CAMACHO. CAMACHO Bien venido Seáis a honrarme en mi felice boda; Que ya el Zagal con quien habéis hablado De todo me ha informado. Y así rendido os ruego Deis el último punto a mi alegría Con vuestra compañía. Este es día de gracia y regocijos: Venid a ver los que a Quiteria hermosa Ordenar aunque rústico amor sabe, Y hacedla, en esto solo más dichosa. D. QUIJOTEYo, mancebo gentil, sólo lo fuera Si ofertas tales disfrutar pudiera, Como sé agradecellas comedido. BERNARDO¿Cómo, Señor? D. QUIJOTE En fiestas non es dado (Entonado.) Por ley a Caballero detenerse, De las altas empresas olvidado A que el Cielo le llama. Él te haga con Quiteria venturoso Luengos siglos, Camacho, generoso; Y licencia me da... SANCHO Señor, teneos. ¿Cómo queréis partir, y a ruegos tales Ser desagradecido, Habiendo siempre sido La misma cortesía? Miren que monta un día Para un tan valeroso Caballero. Vos pedídselo, hermano. (A BERNARDO.) BERNARDO Aunque no quiero, Señor, importunaros, si estas canas, Y esta edad algo pueden, No hagáis que nuestras súplicas sean vanas. Y el dichoso Bernardo, de Quiteria Padre feliz, añada esta ventura A cuantas hoy Camacho le asegura. CAMACHOPueda nuestra porfía... SANCHO ¡Qué dureza! Dad luego y dais dos veces: que lo mismo Es negar que tardar. D. QUIJOTE Agraviaría Esas canas, Bernardo venerable, Y tu discreta, afable cortesía, Gentil Camacho, en resistir más tiempo. Vuestro me constituyo, a vuestro grado, Ordenad, os veréis obedecidos. BERNARDO. CAMACHOHacedlo vos, pues nos tenéis rendidos. SANCHOBueno; cayó. No ayuno Cuentes al importuno. Dios mejora las horas. Sancho afuera (Muy alegre.) La escuderil miseria, y al buen día Abre y métele en casa. ¡Oh qué bien huele!... Conforta el airecillo. Buen Bernardo, (A BERNARDO.) Habrá, decid, manera... solamente..., De probar... no el olor... D. QUIJOTE ¡Oh vil! ¡Infame! ¡Mal nacido Escudero! ¡Así me amenguas! Viven los altos cielos, Donde más latamente se contiene... CAMACHOTemplaos, Señor. BERNARDO Venid hacia este lado. (A SANCHO.) Que yo os haré placer. A mi Quiteria (A D. QUIJOTE.) La dicha a decir vamos que en vos tiene. Escena VI D. QUIJOTE. SANCHO. BERNARDO. CAMACHO. SANCHO(Yéndose por el un lado con BERNARDO.) ¡Válame Dios que día a Sancho viene! (Mirando a lo que dicen los versos, que ha de verse colgado por los árboles.) Tiernas pollas... cabritos... y conejos... Pichones, lechoncillos... allá lejos Asándose un novillo... ¡Ay dulces zaques! ¡Aquí también os hallo! Ya mis ojos Finos enamorados, No pueden de vosotros apartarse. Ea, Sancho, animarse, Y pues hay vino, afuera los cuidados. DON QUIJOTE(Yéndose con CAMACHO, y un poco detrás como embebido en las memorias de su DULCINEA.) Fermosa y encantada Dulcinea, Soberana Señora De este vuestro afincado Caballero, Membraos de mí, pues yo por vos me muero. Coro primero de Zagales y Zagalas. TODO EL COROVen, dulce amor: De tus Zagales Oye el clamor. Ven, dulce amor. Ven, dulce amor. CORO DE ZAGALESTú nos previenes Todos los bienes: Tú el orbe alientas, Y le sustentas Como señor. TODO EL COROVen, dulce amor. CORO DE ZAGALASSin ti la rosa Fresca olorosa No, nacería: Todo lo cría Tu suave ardor. TODO EL COROVen, dulce amor. CORO DE ZAGALESCon dócil cuello El Joven bello Busca a su amada, Por ti apiadada De su dolor. TODO EL COROVen, dulce amor. CORO DE ZAGALASTú a la doncella Tímida y bella Rindes al blando Yugo, triunfando De su temor. TODO EL COROVen, dulce amor. CORO DE ZAGALESTú a sus desvelos Das mil hijuelos Bellos, graciosos. Frutos preciosos De un mutuo ardor. TODO EL COROVen, dulce amor. CORO DE ZAGALASVen, y en el suelo La paz del cielo Nunca alterada Reine ayudada De tu favor. TODO EL COROVen, dulce amor. CORO DE ZAGALESDe tus Zagales Oye el clamor. CORO DE ZAGALASVen, dulce amor. TODO EL COROVen, dulce amor. Acto segundo Escena I QUITERIA¿Dó Quiteria cuitada, Sin ventura Quiteria, dó engañada Tu corazón te lleva? ¿Debes huir, y con inciertos pasos Te vienes a la muerte? ¿Le debes olvidar, y los lugares Frecüentas, dó algún día Su honesta llama con la tuya ardía? ¡Ay! Esta misma vega Testigo fue de nuestro amor, testigo De mil hablas suaves, De mil tiernas promesas, y mil juegos, Que eran un tiempo gloria, Y ahora son dolor en la memoria. Aquí dulce cantaba, Allí alegre reía, Aquí con su guirnalda me ceñía, Y allí me la quitaba. ¡Ay triste! El valle dura, Y acabó mi ventura. Feliz la pastorcilla, Pobre sí, pero libre, a quien concede El cielo en su llaneza Amar en libertad y ser amada, Sin que decoro, o paternal respeto Le dé el amante, o le violente el gusto Con mandamiento injusto. Y triste la cuitada A quien niegan sus hados esta suerte, Negándole la muerte. Ella ríe, yo peno Cual esclava vendida: Ella se goza al lado De su Zagal amado, Y yo lloro afligida Del mío, para siempre dividida. ¿Qué vale el alto estado? ¿Qué vale la riqueza, Y el don de honestidad y de hermosura, Cuando falta, Quiteria, la ventura? Desnudo amor se goza en la pobreza. Mas Camilo a mi hermana (Viendo a CAMILO.) Aquí muy en secreto hablando viene. ¡Ay Basilio!... A esperarlos no me atrevo. (Vase.) Escena II CAMILO. PETRONILA. CAMILOÉl ha llegado en fin, y tal le tiene Su amor desventurado, Que algún fin desastrado Recelo, Petronila, ¡oh trance fuerte! ¡Oh mísero Zagal! PETRONILA Su acerba suerte Debe hallar compasión en una roca. Él en efecto se dará la muerte Desesperado. PETRONILA ¡Ah triste! ¡Cuanto, cuanto Me duele su miseria! CAMILOLa suya a mí no tanto Como la de Quiteria, Cuya penosa vida Será después un infernal tormento. De imágenes contino combatida, El ciego abandonado pensamiento Le traerá siempre a su Basilio amado. Hallarale a su lado Bañado en sangre por su amor vertida: Le pedirá venganza: Le acusará su pérfida mudanza: O amoroso y rendido Le dirá mil finezas, que en su oído Falaces sonarán: irase al lecho, Y al sucio en vano llamará: la Aurora Tornará, y con su lumbre Crecerá su dolor y su amargura. ¡Ay cara Petronila! Que ser puede Un lazo, que han formado Sólo interés y paternal decoro. PETRONILABien se me alcanza; mas ceder de grado Quiteria debe a su feliz destino, Las dichas contemplando y la riqueza Del alto no esperado casamiento. Es la riqueza puerta de contento; Y la cruda pobreza Puerta de desventura, Cuando amor cesa, y queda su amargura. Amor, cual niño alegre, Risas y juegos y donaires ama, Cuanto pobreza lloros, Que al punto apagan su celeste llama. CAMILONo, gentil Petronila, Ni mísera fortuna, ni pobreza De un pecho fiel apagan la fineza. La inclinación, el gusto, La unión de voluntades Decretada del cielo, Las sencillas verdades, De agradar el solícito desvelo, Esto solo es amor, y a los esposos Ciñe la sien de flores, Que jamás se marchitan, ni desdicen Sus primeros verdores, Lo demás es dureza y tiranía. PETRONILAAsí es verdad, pues que tal vez dos pechos, Uno para otro hechos, Lloran amargamente divididos CAMILO Esto me mueve, Como ya te decía, Y el amor que nos une Desde la edad primera, A que mil medios y caminos pruebe, Por si logro impedir la muerte fiera Del mísero Basilio, suspendiendo La triste infausta boda. PETRONILA¿Cómo, Camilo, suspenderla? ¿Cómo? ¿Estás en ti? ¿Deliras? ¿O te burlas Con pasatiempo vano? CAMILOHacerlo, Petronila, está en tu mano. PETRONILA¡Yo turbar de mi hermana la ventura! ¡Yo en tramas! ¡Yo en ardides! ¡Tú te atreves!... CAMILOAmada Petronila, hacerlo debes Por la suerte de entrambos. PETRONILACamilo, no es posible, No; ni aun hablarse en tan revuelto día. CAMILOPues esto al menos sea. Véanselos cuitados, giman, lloren, Y quéjense y suspiren, Y démosle aunque leve este contento. Acaso, Petronila... En un momento Prodigios hace amor. Dí, ¿no es Camacho Rico, gentil, amable? ¿Por ventura (Túrbase PETRONILA, y CAMILO no lo advierte.) No hallará cada hora Otra y otra Pastora Si Quiteria le deja? Roba a Basilio aquesta sola oveja Con tanto afán criada, y a la muerte Helo al instante dado. PETRONILATú, Camilo, me vuelves a tu grado Con tus dulces palabras. De Quiteria Tentaré el Corazón y sí hallo modo... CAMILOTu agudo ingenio lo disponga todo, Que yo al ciego Basilio ver deseo, Temiendo su furor. (Vase.) Escena III PETRONILA ¡Qué devaneo Es este, mal hadada! Olvida, olvida, Petronila, tu amor; y pues nacida Fuiste a celos y llantos, Llora, cuitada, y cumplirás tu suerte. ¡Ah Camacho! ¡Camacho! ¡Tú siguiendo Vas a quien de ti huye, y la infelice Desdeñas que te sigue! ¡A Petronila Desprecias, y a Quiteria haces felice! Algún día, cruel, arrepentido Tú llorarás, pues lloro. Pero ¿por qué llorar? ¿No está en mi mano Ayudar a Camilo, y mil ardides Fraguar contra un aleve? ¡Ah! Que acaso Quiteria en tan dichosa Suerte estará mudada. El agua gota a gota en fin horada La peña, cuanto más su tierno pecho Ruego tan porfiado. No importa, Petronila, con cuidado Su inocencia provoca... ¡Qué afligida (Viendo a QUITERIA.) Por allí asoma! Mi asechanza empiece. Escena IV PETRONILA. QUITERIA. QUITERIA¡Oh como a un triste triste le parece La mayor alegría! Este valle... Mi hermana... Vida mía, Para mí más suave Que el alba a desvelado pastorcillo, Y a solícita abeja Oloroso tomillo; ¿Tú aquí sola? PETRONILA Ensayando Estaba mi tonada. Yo buscando A Isabela venía, y ya dudosa En volverme pensaba. PETRONILAMas, Quiteria, ¡tú triste! ¡Tú llorosa! QUITERIAYo hermana... PETRONILA De tu dicha Tan cerca ¡y no te alegras! ¡Y no sientes Aquel contento puro, aquel suave Vivo placer, que los demás sentimos! QUITERIAVerse pasar de esta felice vida, Petronila querida, A ser de libre esclava, Pender de ajeno gusto, Y entrar en mil desvelos, No es mucho para risas. Si los cielos Me diesen a elegir, yo libre y sola En esta grata soledad hiciera Mi inocente morada, ¡Ay! Ni amante, ni amada. Fueran mis compañeras Mis nevadas corderas: El arroyo, la vega, el verde soto, Mi sencillo recreo, Y mis galas las flores, Y mis amantes tiernos ruiseñores. ¡El cielo en otra forma lo ha ordenado! PETRONILAHablas, Quiteria, en el lenguaje usado. QUITERIATú sabes bien, que desdeñé mil ruegos De importunos amantes, y que sólo Pudo el precepto paternal vencerme De Camacho en favor. No, dulce hermana, No hay dicha, no hay ventura Cual, la inocencia de una humilde vida De sujeción segura, Y a quien el mundo olvida. Los bienes no son bienes: son prisiones Que nuestra dicha impiden; y un engaño Do crédulos caemos, Cual en la red, el avecilla incauta. PETRONILAMas antes es forzoso, Que para asegurar nuestra ventura Al yugo el cuello demos. Ninguna en libertad está segura, Necesitamos de un arrimo. Pasan Los años; y belleza, Gracias y gentileza Pasan también. La rosa Somos, que con el día Abre el purpúreo seno vergonzosa Para perder con él su lozanía. Nadie de amor se libra: jamás dejan Sus tiros de acertar. Es la ventura Hallar, cual has logrado En tu feliz estado, La conveniencia con el gusto unida. QUITERIASí, hermana, sí: mas pocas, Pocas veces verás que juntos vayan; Cuando solo interés las almas une, Que inclinación debiera. Mejor es, pues, en libertad entera Vivir, que al yugo someter el cuello, Querer después y no poder rompello. PETRONILA¿Y tú estas libre? QUITERIA Si en mi mano fuera Por siempre lo estaría. PETRONILA¿Y el mísero Basilio, vida mía? ¿Y aquel amor suave en la inocente Tierna niñez criado? ¿Aquel sacar entrambos el ganado A un hora, a un valle mismo? ¿Aquel contarse Hasta los pensamientos, y al hallarse Quedarse embebecidos Y suspirar al verse divididos? ¿Te enterneces, Quiteria? QUITERIA La memoria De tan plácidos días Y puras alegrías Conmueve, hermana, mi sensible pecho, Que no de dura roca, Sino de cera delicada es hecho. ¿Mas Basilio? ¡Ay querida! Basilio... ya el cuitado Habrá con muerte dura Sus ansias acabado. Yo, yo la causa he sido; yo el agudo Hierro llevé a su pecho, ¡oh sin ventura! Ve si debo llorar. PETRONILA No te me angusties, No, pues vive. QUITERIA ¿Qué dices?... PETRONILA Que en el valle Le he visto aunque a lo lejos triste, y solo Lloroso, macilento y afligido, Cual buscando los sitios do solía... QUITERIA¡Ay dulce hermana mía! El gozo me rebosa, mi abatido Corazón desfallece con tan grata, Tan felice noticia. ¿Vive el triste? PETRONILASí; vive. QUITERIA ¿Dónde ciega (Muy afligida.) Me arrastró mi pasión?... En vano, en vano Vive ya para mí. Cede a tu dura Suerte infeliz, Quiteria: ya no eres, No, la que ser solías. La ley de honestidad, la fe jurada Te mandan que le olvides. ¡Ay esperanza mía malograda! PETRONILATempla el dolor, y el mísero lamento, Que no es, no, leve anuncio de ventura Haber él vuelto al valle. QUITERIAPara solo su daño y mi tormento. Mejor allá estuviera Do jamás yo le viera. PETRONILA¿Y por qué no has de verle? La ley dura De recato lo veda. PETRONILA ¡Oh simplecilla! ¡Cuál te ciega el dolor! Dime: ¿qué daño En esto puede haber? ¿A quién extraño Será que habléis, lloréis con los gemidos Las quejas y los celos confundidos? ¿No es sabida de todos su ternura? ¿Tu honestidad a ti no te asegura? El así lo desea, y congojoso, En breve alivio de su amarga suerte, A rogarme ha venido que en su nombre, Y por su triste amor te lo rogara. ¿Negárselo podrás? Será la muerte Para entrambos, hermana. PETRONILA ¡Tan severa Contra tanta humildad! ¡Cuándo se vido Nacer de la cordera El lobo, ni de la cándida paloma El basilisco fiero! Hazle este gusto, y sea, sí, el postrero. ¡Ay! ¿Me lo mandas? Mas Camacho asoma... (Viéndole por entre la enramada.) A Dios, que estoy turbada, y peligroso Fuera que así me viese. PETRONILA¿En qué quedamos? QUITERIA En tu mano queda Mi corazón cuitado. Dispón dél lo mejor según tu agrado. (Vase.) Escena V PETRONILA. CAMACHO. CAMACHO¿Qué es esto, Petronila? ¿Cómo huye Quiteria de mis ojos, cuando ciegos En su bello semblante codiciaban Consuelo hallar y plácida alegría? ¿Por qué tanto desdén, rigor tan crudo? PETRONILANi huyó Quiteria, ni sentirte pudo. El deseo solícito a las veces Los amantes engaña, Feliz Camacho. CAMACHO Su tristeza extraña, Su esquivez, su silencio, Me afligen de manera, Que antes verme quisiera Cercado de mil penas y dolores; Que hallarla con desdén en mis amores. PETRONILASiempre es la edad primera desdeñosa, Y la tierna doncella, vergonzosa Ama y recela, y su deseo esconde; Y si amante la mira, Se cubre de rubor, y se retira. ¿Mas con su esposo tímida? PETRONILA ¡Qué tierno! ¡Qué fino y receloso! ¡Feliz Zagala! CAMACHO Dulce Petronila, Mis recelos perdona: pero dime ¿Mi Quiteria me quiere? ¿Está contenta? PETRONILA¿Puede no estarlo con tan tierno esposo, Y en el destino a que la llama el cielo? ¿Un mancebo gentil, rico y amable, De edad florida, de apacible pecho, Y fácil trato, a quién feliz no hiciera? Mucho, mucho te debe Mi hermana en torno, si pagar espera Tal amor, tal ventura. CAMACHOSólo anhela el deseo Que ella la goce en mi amoroso empleo. PETRONILAEl Cielo liberal le dio hermosura: Mas su edad ternezuela ser regida Debe con asistencia cuidadosa, Hasta que el trato y la costumbre la haga Diestra en las prendas, que tener conviene La afortunada esposa De Mayoral tan rico, Y en todo a tu esperanza satisfaga. ¡Oh cuánto tiene que aprender Quiteria! ¡Y que mal cubre mi afición el pecho! (Aparte.) CAMACHOTú me la enseñarás, de tu amor fío Todo el contento mío. Y ahora oficiosa corre, Corre, y dile que ciego Ardo de sus ojuelos en el fuego. Haz tú por Dios que ingrata no me sea, Mientras yo puedo hablar a aquel criado Del nuevo huésped... (Viendo a CAMILO y SANCHO.) PETRONILA ¡Triste Petronila! ¡De qué gentil mensaje vas cargada! Escena VI CAMACHO. CAMILO. SANCHO. CAMACHOAmigo, ¿cómo fue? SANCHO ¡Bien regalado! De la espuma me dieron. CAMACHO¿De la espuma? SANCHO Salieron Por espuma tres pollas, que añagazas Al apetito hacían, Y a la boca ellas mismas se venían. Luego dos gazapillos, Y cuatro pichoncillos, Y tras esto el licor, dulce embeleso De Sancho, con que el seso Pierdo regocijado. ¡Es de lo más añejo y extremado! ¡Oh qué bien que sabía! CAMILO Mas decidme, ¿Qué es este vuestro amo? ¿A qué estas armas, Cual si por tierra de enemigos fuera? ¿Qué busca? ¿Cómo viene Por estos despoblados? SANCHO ¡Dudas tales podéis tener! ¿No veis en las señales Que es mi Señor Andante, Caballero, Y de los más famosos? CAMACHO¿Y qué es Andante? SANCHOEs una cosa, hermano, Que no sabré decilla, Porque ora se halla en la mayor mancilla, Ora de un alto Imperio Soberano Entuertos endereza: Soberbios desbarata: De acá para allá corre Malandrines venciendo: Y el sabio Encantador que le socorre, Su pro y claras fazañas va escribiendo: Vuela su fama, y viene al cabo a hallarse De un gran Rey en la Corte, y a prendarse De la Señora Infanta, Que es muy apuesta y bella, Y por quítate allá casa con ella, Y hace Conde a lo menos su Escudero. CAMACHO¡Qué decís! Caballero Como este mi Señor no le hallaredes Luengos siglos atrás, más esforzado En el acometer, ni en repararse Más diestro y avezado. Más cortés, liberal, ni más sabido. Así que de tenerle a vuestras bodas (A CAMACHO.) Alegraros debéis. CAMACHO Son dichas todas De mi suerte feliz. Mas ya me llama De la fiesta el cuidado. Quedad a Dios. (Vase.) Escena VII CAMILO. SANCHO. CAMILO ¿Con que de tanta fama Es este Caballero? SANCHO No hay deciros Sus fechos y proezas. Acometer le he visto denodado Gigantes como torres, y meterse De dos grandes ejércitos en medio, Y al Rey Pentapolín dar la victoria: Fracasar un Andante Vizcaíno: Libertar Galeotes: Ganar el rico yelmo de Mambrino: Y luego si encantado no se viera, Del gran Micomicón Rey estuviera. CAMILO¡Que decís! SANCHO Esperad, que no en un día La cabra al choto cría. Al valeroso Andante Venció de los Espejos, Y luego dos leones Feroces, y tamaños Como una gran montaña, Cuyo nombre tomó para memoria De tan grande aventura, Que antes el Caballero se llamaba De la TRISTE FIGURA, Sin otros mil encuentros y refriegas. ¿Y todo para qué? Para una dura Sobajada Señora, La sin par Dulcinea, que ferido Le tiene de su amor. CAMILO ¿Luego sujeto Vive al amor? SANCHO Mirad, si así no fuera, No fuera Caballero tan perfeto. CAMILO¿Y quién es su Señora? ¿Quién? La esfera De la belleza misma, Apuesta, comedida, y bien fablada, Princesa del Toboso cuando menos. CAMILO¡Cómo! SANCHO Y por ley a los vencidos pone, Que ante ella vayan a decir de hinojos: «Encumbrada Señora, aquel Andante, »Lumbre de Caballeros, norte y guía »De valientes, famoso DON QUIJOTE, »Nos manda ante la vuestra fermosura, »A que de nos ordene a su talante.» Y así, o me engaña la esperanza mía, O sus fechos extraños Un Reino han de ganalle, Y luego encaja bien a Sancho dalle La Ínsula, que ha de estar yo no sé dónde, Y verme así Gobernador, o Conde. Arrímate a los buenos: con quien paces, Sancho, no con quien naces. Mas helo viene. Al lobo se mentaba, Y él todo lo escuchaba. CAMILO¡Qué extraño desvarío! (Aparte.) Sin seso están... no importa... en todo caso Hacerle quiero mío. (Quedándose suspenso un momento, como pensando algún ardid.) Escena VIII D. QUIJOTE. CAMILO. SANCHO. CAMILOFelizmente, Señor, os hallo al paso Para besar rendido vuestras plantas, Si Tal dicha merezco. (Inclínase a DON QUIJOTE.) DON QUIJOTEAlzad Zagal gentil, yo os lo agradezco. CAMILOEsto a tanto valor hacer me toca. DON QUIJOTEAlzad, alzad. CAMILO Entre fortunas tantas, No es del rico Camacho dicha poca Teneros a su lado; Pero mayor le vino a aquel cuitado, Que verse libre espera de la muerte Por ese brazo fuerte. ¡Ay infeliz! D. QUIJOTE Mi profesión, mi estado (Con tono caballeresco.) Ayudar es a los que pueden poco, Y agravios desfacer; que esta es forzosa Ley de caballería, Sin que cosa en contrario darse pueda. ¿Algún menesteroso en este día Necesita de mí? Corramos luego... CAMILOTal vez... pero yo os ruego, Que moderéis, en tanto Que él mismo os pueda hablar, el justo enojo. D. QUIJOTEToda tardanza para mí es quebranto. ¡Ay alta Emperatriz! ¡Podrá ofrecerte Algún nuevo despojo Este tu sandio, y reprochado amante! SANCHO¿Va que hay entre las bodas aventura? ¿Y son en un instante Como el sueño del can mis dulces ollas?... D. QUIJOTEHabedos otra vez con mas mesuras, (A SANCHO con severidad.) Sancho, y no del alegre Fagáis en demasía. El pro del Escudero Es pro de su Señor, su villanía Amengua al Caballero. SANCHO¿Por lo pasado lo diréis? No puede Mas conmigo, Señor, el airecillo (Algo socarrón.) Tras de sí me llevaba. DON QUIJOTEVen acá, ¿te faltaba Tiempo para comer? ¿O mi persona Primero ser no debe? Nunca tan mal sirviera Escudero a Señor cual tú me sirves. Cuidado pues, y sígueme que quiero A solas departir... El cielo os guarde. (A CAMILO.) Guárdeos, Señor, a vos. (Vanse DON QUIJOTE y SANCHO.) Escena IX CAMILO. PETRONILA. CAMILO Por fin ya libre Puedo esperar a Petronila. ¡Cómo Será, que no la vea! Mucho temo que todo en vano sea Cuanto los dos tracemos. ¡Ah cuitado! Poco esperar te es dado. Petronila no asoma... ¿Qué camino, Basilio, seguiré para librarte, Si todo es mal, cuanto de ti imagino? Esperaré otro rato... No, mas cierto Él buscarla ha de ser... ¡Oh Petronila! (Viendo a PETRONILA de improviso.) PETRONILAFelice yo, que en encontrarte acierto Aquí a solas do pueda... Acaba, acaba. ¿Vienes con muerte, o vida? PETRONILA Vida traigo; Pues ya dispuesta queda A verse con Basilio, aunque no hallaba Manera conveniente. Todo era recelar: líbreme el cielo Tener que persuadir a una inocente Tan simple como hermosa, Que al punto mismo que en amor se arde, Recelosa y cobarde Cien mil estorbos halla en cada cosa. Por último quedamos En que dentro de un hora aquí vengamos Los cuatro, porque puedan Ellos hablarse, y acechar nosotros. CAMILO¡Oh dulce Petronila! ¡Oh voz suave! ¡Muy más grata a mi oído, Que de arroyuelo plácido el rüido! PETRONILATú pues, Camilo, de Basilio cura, Que Quiteria es segura. Y vamos, que tal vez de nuestra falta Habrán ya recelado. CAMILOVe pues por ese, y yo por este lado. Coro II de Zagalas. UNA ZAGALAZagalas hermosas, Que en grata armonía Tan alegre día Debéis celebrar: Venid presurosas, Venid a cantar. Zagalas venid, Y a la bien hadada Bella desposada El himno decid. Zagalas venid. CORO I(Saliendo por un lado a la escena.) Los bienes, la ventura, Que a todos los Pastores Esta unión asegura, ¡Quién podrá encarecer! De guirnaldas y flores Nuestras sienes ciñamos, Bailemos y aplaudamos Tanta dicha y placer. CORO II(Saliendo por el otro lado.) La vega de verdura Se cubre y los collados: Sin guarda los ganados Pacen en libertad. Todo es paz, todo holgura Por el dichoso suelo. ¡Baja del alto cielo, Alma fecundidad! UNA ZAGALAZagalas seguid, El himno decid. CORO I¡Que vástagos frondosos, Cual de fecunda oliva En torno de ella hermosos Se verán florecer! La palma más altiva Humíllese a adorarlos: Y el suelo por gozarlos Se llene de placer. CORO IIColmad, piadoso cielo, Ventura tan cumplida Y en sucesión florida Sus vidas prolongad. De angustia, de recelo Libradlos, y sellada Quede la paz jurada Para la eternidad. UNA ZAGALAZagalas seguid, El himno decid. CORO IFecundidad dichosa, Tú sola a los mortales Concedes bienes tales. Ven, implorada, ven. CORO IIContigo deliciosa Baje la paz, y en una Abundancia y fortuna Con el amor estén. UNA ZAGALA¡Oh dichosa vega Si a disfrutar llega De tan alto bien! CORO ILa feliz Serrana, CORO IISu Zagal querido, CORO IEn edad lozana Viva siglos mil. CORO IICon su amada unido Viva siglos mil. UNA ZAGALAVivan siglos mil. CORO ILa feliz Serrana En edad lozana, CORO IISu Zagal querido Con su amada unido UNA ZAGALAVivan siglos mil. CORO IVivan los esposos CORO IIAlegres dichosos, TODO EL COROVivan siglos mil. Vivan siglos mil. Acto tercero Escena I BASILIO. CAMILO. En esta Escena y las siguientes se verá a SANCHO durmiendo a alguna distancia. CORO de doncellas galanamente vestidas, que vayan saliendo con algún baile sencillo hasta dividirse en dos bandas. CORO IVen, amor poderoso, Y une en firme lazada La bella desposada Con el feliz esposo. CORO IICorónalos de flores, Y el beso delicado Dales, en que has cifrado Tus más tiernos favores. CORO IVen, y dale al amante, Dale su dulce esposa. CORO IIDale a Quiteria hermosa Su mayoral constante. CORO IDale su dulce esposa. CORO IIVen, y dale al amante, AMBOS COROSDale a Quiteria hermosa. BASILIO y CAMILO irán saliendo por el lado opuesto mientras pasa el coro. BASILIODale a Basilio mísero la muerte Con ese triste canto, Luto a su pecho, y a sus ojos llanto. Camilo, yo no puedo, No puedo sufrir más. Déjame, amigo, El placer doloroso De turbar su alegría ¡Ay! Con la muerte mía. Ni me envidies cruel este consuelo, Que solo a mi dolor concede el cielo. ¡Oh Quiteria traidora! ¡Quiteria engañadora! ¡Más venenosa que áspero torbisco Para este mal hadado! CAMILO Excesos tales Modera si no intentas Tu ventura perder. BASILIO ¿Puede la fuente Suspender su corriente? ¿Su lumbre el Sol? ¿Su ligereza el viento? ¡Oh! ¡Con cuanto contento, En este mismo sitio yo la hablaba En días más serenos y felices! Aquí me recibía cariñosa: Aquí, Camilo mío me juraba Su fementido amor, aquí a los cielos En mis justos recelos Con promesa alevosa Por testigos traía: Aquí dijo mil veces que era mía. CAMILOY lo será si en vez de lamentarte Procuras ayudarla, y de temor y esclavitud sacarla. BASILIO¿Como? ¿Di?.... Si la vieras Entre enemigos fieros, Que con sangrientos dardos amagasen Su delicado pecho ¿Di? ¿Temieras Acometer por las agudas puntas A darle libertad? BASILIO ¡Qué me preguntas! Por ellas tan furioso me metiera, Cual la Tigre ligera Lanzarse suele al cazador que osado Sus hijos le ha robado. CAMILOPues Camacho y Bernardo Los enemigos son que lidiar debes, Si a rescatar te atreves A Quiteria infelice De entre sus manos fieras, BASILIOCorre, corre, ¿qué esperas, (Queriendo partir con ímpetu.) Venturoso Basilio?... CAMILO No la furia (Deteniéndole.) Nos debe dar, sino la industria sola, Zagal, el vencimiento. Quiteria es cual rapaza, y cual doncella Tímida y vergonzosa; la porfía De Camacho, y el duro mandamiento Del severo Bernardo al fin vencella Importunos lograron: Mas en su pecho el fuego no apagaron. No, Basilio feliz, ella te quiere Mucho más hora que jamás te quiso, Y por darte la mano ciega muere. BASILIO¡Ay! ¡Conozco el ardid! Tú mis dolores Intentas alagar con tan suaves Lisonjeras palabras. CAMILO ¿Pues no sabes Que la mujer por condición precisa Ama lo que le vedan, Sigue tenaz su antojo, Huye del que la sigue con enojo, Y a aquel que huyendo va, sigue importuna? BASILIOFueme siempre contraria la fortuna. CAMILOSi tan tierna, y tan firme no te amase, Solo por la porfía De Camacho Quiteria te amaría. BASILIONo, Camilo cortés, mi suerte escasa No es digna de su fe, ni mi pobreza Me da esperar que de su grado deje. Al felice Camacho y su riqueza Por el triste Basilio. Conozco bien lo duro de mis hados: Por demás te fatigas; mis cuidados Solo habrán fin cuando Basilio muera. Contino suena en mi doliente oído Una voz infelice, Que en lúgubre gemido Muere, muere me dice. Sombra fue mi esperanza y mi ventura: Pasó mi amor, pasó el Abril lozano; Y el Diciembre inhumano Vino de mi amargura. Amar sin esperar es mi destino, Y sellar este amor con muerte dura. CAMILO¡Que ciego desatino! No mereces la dicha que te espera Por ese vergonzoso abatimiento, Que el amante cobarde jamás hubo Ni premio, ni favor. En un momento Quiteria va a llegar, ella te quiere; Insta, ruega, importuna, Llora, suspira, y cuanto más temiere, Sé tú más esforzado, Que tú serás dichoso. BASILIO¡Ay! ¡Deme amor un corazón osado! Escena II BASILIO. CAMILO. QUITERIA. PETRONILA. Las dos hermanas hablan al un extremo sin ver a BASILIO y CAMILO. PETRONILA saca de la mano a QUITERIA que la sigue con timidez. QUITERIANo, no puedo; no puedo, Petronila, Su vista soportar: déjame, hermana, Llorar triste, y a solas mi amargura. PETRONILAVen, y nada receles... (Sacándola.) QUITERIA Su ternura (Resistiéndose.) Será mi confusión. PETRONILA Será alegría Para ti, para él triste, Que impaciente te espera. QUITERIANo puedo, no: mi pecho lo resiste. CAMILOLlega, hermosa Quiteria, y no severa (Viéndolas.) Huyas de quien te adora. BASILIO¡Ay Quiteria (Viendo a QUITERIA.) QUITERIA ¡Ay Basilio! (Viéndole a BASILIO.) CAMILODejémoslos a solas, Petronila, Quejarse en libertad; y de ese lado Tú vela, que este queda a mi cuidado. (Pónense de los dos extremos de manera que apenas se descubran.) Escena III BASILIO. QUITERIA. Estarán los amantes algún breve tiempo sin hablarse, y como sorprendidos. BASILIOQuiteria infiel, un día Consuelo, y alegría Del mísero Basilio, hora tormento. Un tiempo vida, hoy muerte, QUITERIA¡Ay mal aventurada! BASILIO ¿Está contento Tu corazón cruel? ¿Tienes más penas, Más agudas espinas, más rigores Para este siervo mísero y paciente, Que de la edad más tierna a ti obediente Amarte es su pecado? QUITERIA¡Ay Zagal! ¡Cuán errado Juzgas de tu Quiteria! BASILIO¡Cabe, ¡cuitado yo! mayor miseria! ¡Cabe más amargura! ¡Oh Zagala mudable, Tanto a los ojos bella y agradable, Cuanto cruel y dura! ¿Qué te hizo tu Basilio? ¿Qué en su triste Pecho en tu ofensa ¡ay enemiga! viste? ¿Es este el galardón, el premio es este Que dispuesto le habías? ¿Es esta infiel la fe que le debías? ¿Y esto pudo esperar de tu fineza? ¡Oh no vista crudeza! Yo mismo a la serpiente ponzoñosa, Que ahora me envenena, abrí mi pecho. A una paloma mansa y simplecilla Di nido, y se ha tornado Águila sanguinosa, Que el tierno corazón me ha devorado. QUITERIANo con agravios tales Culpes una infeliz: tú mismo, aleve, Tú eres la causa de tan crudos males: Tú de las penas, sí; del pecho mío: Tú de este ciego llanto, Que en vano, en vano detener porfío. ¡Cuitada! ¡Quién creyera Que Basilio ultrajarme así pudiera! BASILIO¡Y quién imaginara Que Quiteria a Basilio abandonara! QUITERIAYo no te abandoné: tú ciego y loco, Ciego de furia, y loco de recelos, Cobarde huiste cuando Menos huir debieras, A mí triste dejando Sola y desamparada en ansias fieras. ¿Yo mísera que haría? ¿A quién me volvería? ¿Con quién pude llorar, o aconsejarme? ¿Con quién huir los ruegos y amenazas Que contino sufría? ¿Con qué ejemplo alentarme? Gemir fue mi destino, cual viuda Tórtola solitaria a quien el hado Robó su dueño amado. Pero gemir sin fruto. ¡Aleve! ¡Aleve! ¡Qué poco a tu fineza mi amor debe!... ¡Tú me dejaste, y mi constancia acusas!... ¡Oh Basilio! ¡Basilio! Tu partida A ti eternos dolores, Y a esta infelice costará la vida. BASILIO¡Ay me! De ti por pobre desdeñado, Trocados en olvido los favores, Camacho preferido, Yo de celos y angustias consumido, En tan acerba suerte Otro medio no hallé sino la muerte. QUITERIADebieras esperar, y dar ayuda A esta triste, que nada A tu lado temiera, Ni en tamañas desdichas hoy se viera. BASILIONo, ingrata, yo partía Despechado a morir; mas no quería Darte el bárbaro triunfo De acabar tus ojos. Un lazo, el hierro, un precipicio horrendo, Las bocas sanguinosas De los lobos voraces, Eran fácil camino Para mi dulce fin, y ya en mi furia Intentado le hubiera... QUITERIA¡Ay infeliz! BASILIO Si con mejor destino No me inspirara el cielo, que ahora torne A turbar la alegría De este horroroso día Con mi mísera muerte. Ante tus ojos, Me verás acabar en el momento, De tus infieles bodas. Mi imagen lamentable Turbará tu contento: Te inquietará, traerate al pensamiento Tu dura ingratitud: jamás esperes, Gozar de los placeres Sin este amargo, que de noche y día Te ha de aquejar ¡ay enemiga mía! QUITERIA¡Ah! ¡Qué dices, cuitado! ¡Tú, mi dulce Basilio! ¡Tú acabar despechado! ¡Tú perder esa vida más preciosa A la infeliz Quiteria, Que su inocente hijuelo A cordera amorosa! En aquel punto el cielo Cerrará para siempre estos mis ojos. Yo, yo soy la culpada, Muera yo triste, y cesen tus enojos. BASILIONo, mi bien, no: Basilio morir debe, Pues te pierde, y perdida Le es por demás la vida. ¡Tú morir!... Vive, vive, Vive, Basilio, y sea Tuya esta sin ventura, pues lo quieres. BASILIO¿Qué dices? ¿Qué palabra (Como fuera de sí.) Pronunciaste? ¿Es posible Que de mí te apiades?... QUITERIA ¡Oh terrible Extremidad! No puedo, No puedo más. Basilio, alienta, alienta, ¡Ay! Duélete de mí, y alienta, amado. Mi corazón es tuyo, Dispón dél a tu grado: Tu corazón es mío, De su verdad y su fineza fío. Tuya soy; busca modo Como esto pueda ser sin que yo falte Al paternal respeto, Ni a la ley del recato. ¡Bárbara ley!... BASILIO ¡Oh! pueda, Pueda el feliz Basilio Gozar tanta ventura, Mostrarte su ternura, Adorarte, servirte! ¿Sueño? ¿Sueño? ¿O es verdad, vida mía, Tal bien, tanta alegría? SANCHO(Despertando, y movido de su natural curiosidad.) ¡Qué es esto, requebrándose Quiteria Con un Zagal a solas!... ¿Cuánto va que es Basilio? Bueno, bueno, ¿no asamos, Quiteria, y ya empringamos? Mas callar, que a hablar tornan. (Haciendo en la boca una señal de silencio.) QUITERIA¡Ay Basilio! Imagina Algún término honesto Con que pueda alentarse mi esperanza. ¡En qué extremo tan triste se halla puesto Nuestro amor sin ventura! Mi padre es inflexible: El tiempo va a acabar: Camacho, apura. ¡Ay de mí! No es posible, No; que medio haber pueda... ¿Pues dividirnos?... De pensarlo muero. BASILIONo, dulce bien, primero Basilio triste perderá la vida Que de ti le separen. Camacho no me asombra; amigos finos Tengo, y determinados. QUITERIA¡Ay! no; fuerzas no quiero. (Con mucho abatimiento.) BASILIOAmor tiene, Zagala, otros caminos. QUITERIA¡O como nos engaña lisonjero! Escena IV BASILIO. QUITERIA. CAMILO. PETRONILA. CAMILOBasilio... PETRONILA Hermana mía... CAMILOSi más os detenéis, es arriesgado Que alguno os pueda ver. PETRONILA Por ti venía, No sin algún cuidado, Preguntando Isabela, y aún me dijo Que padre te buscaba; yo a la fuente La encaminé sagaz. Vamos, Quiteria, Que por esta vereda fácilmente Llegar podremos antes. QUITERIA ¡Ay Basilio!... (Mirando a BASILIO con ternura.) BASILIO¡Ay Quiteria!... yo temo... (Con igual expresión.) PETRONILA Vamos, vamos Por aquí... QUITERIA ¡Oh desgraciada! BASILIO¡Oh Basilio infeliz! Quiteria amada, Ten lástima de mí. QUITERIA Téngala el cielo De esta triste, pues ve mi desconsuelo. (Vanse las dos hermanas.) Escena V BASILIO. CAMILO. SANCHO hace como que quiere levantarse, y viendo que sigue el diálogo, vuelve a reclinarse, y escuchar. ¡Qué amarga división!... Camilo amado, (Mirándolas y muy afligido.) Mi suerte se ha trocado. Envidia, envidia, amigo, mi alegría, Mi gloria, mi esperanza, mi contento. Quiteria me ama fiel, Quiteria es mía. Diome victoria amor. ¡Feliz tormento! CAMILO¿Qué me dices?. ¿Ser puede?... BASILIO Sí, Camilo. Quiteria me adoraba, Y en mi ausencia lloraba, Y a la dura violencia no pudiendo Oponerse, a Camacho... de mi labio Huya este nombre aleve. Al fin resuelta a resistir se atreve, Y a premiar con su mano mi firmeza. Yo vi cual mustia rosa su belleza De padecer marchita, y vi sus ojos En lágrimas bañarse, y casi desmayarse, Y luego rebosar en alegría Al decir que era mía. CAMILO¡Oh dichoso Basilio! Pero ¡triste! ¡Triste! ¡Cómo a lograrla llegar puedo! ¡Ah! ¡Mi ventura es poca! Ya la mano Irá a dar a Camacho, su riqueza, Sus amigos, Bernardo... ¡Cuán tirano El hado me fue siempre! Cede, cede Basilio miserable, a tu destino, Y olvida con morir tal desatino. CAMILO¿Cuál es el que te arrastra? ¿Zagal a estás en ti? ¿De tu ventura Tan cerca, y tan cobarde? ¿Así de tu Quiteria la ternura Quieres pagar? ¡Oh ciego!... BASILIOCamilo, yo lo estoy; no te lo niego... Pero veo imposible, Que el punto tan terrible Término pueda haber para mi dicha. A hacerse van las bodas: Si Quiteria resiste, ¿Cómo puedo Ayudarla? Si cede a su desdicha, ¡Ay mi muerte! CAMILO A tu lado Para todo estaré determinado. Mas alienta, que aún hallo de remedio Alguna breve luz. BASILIO ¿Qué feliz medio Puedes hallar, Camilo? Dilo, acaba. De tu agudeza mis venturas fío: Piensa sagaz, discurre... ¿Qué? ¿Te ríes? ¿Tan corto te parece el dolor mío? CAMILOEl medio es tal que a risa me provoca. BASILIODilo, y aquieta mi esperanza loca. (SANCHO hace que escucha con mayor atención.) CAMILOUna vez, si te acuerdas, A ver las grandes fiestas que se hacían En la Corte, Basilio, fui curioso. Y entre mil invenciones los astutos Ciudadanos fingieron un encanto, Que dejara dudoso De ser cierto a cualquiera, y temeroso Por sus invocaciones y conjuros: Tan bien lo remedaban. Un Mágico... Más gente: aquí seguros (Pasarán a lo lejos algunos ZAGALES de la fiesta.) No podremos hablar, ven al vecino Bosque, y oirás el caso peregrino Que nos puede valer... BASILIOPues vamos, vamos, Y amor nos dé la dicha que buscamos. (Vanse.) Escena VI SANCHO(Con los ademanes de un villano que despierta.) ¡Qué bien se lo han charlado! ¡Qué engaños! ¡Qué marañas! Si; bien dicen, Que debajo los pies le sale al hombre Cosa donde tropiece. ¡La taimada! ¡Qué pucheros, y qué melificada! Cierto, mujer hermosa Loca, o presuntuosa. ¡Ay Camacho! ¡Camacho! Mucho temo (Meneando la cabeza.) Que la boda en bien pare. Que amor todo lo vence: Y diz que es un rapaz ese Cupido Artero y atrevido, Que en nada se repara: y el deseo Hace hermoso lo feo. Mas, Sancho, en todo caso A Camacho con ello. ¿Soy yo acaso Algún Escuderillo como quiera? Y montas, que cantárselo de coro No sabré bien. Dormíos, Y ingenio no tengáis: reparos fuera, Que ese te quiere bien, que llorar te hace. A Camacho al instante. (Empieza a andar muy apresurado y alegre.) Escena VII DON QUIJOTE. SANCHO. DON QUIJOTESancho, Sancho. (Llamándole.) Ven acá, ¿cuando, dime, Aquel día será que a saber llegues, Cómo debe servir un Escudero? ¿Quién solo dejará su Caballero Como tú me has dejado? ¿No hay más, Don descuidado, Que olvidarse de mí, comer, y holgarse? ¿Cuándo al fiel Gandalín se vio apartarse De su Señor? Tú estás a mis mercedes, Y el trabajo non curas. SANCHO ¿Soy de bronce? ¿Entre tantos afanes quien hubiera Que la lacería escuderil sufriera, Sin reposar en estos entrevalos? DON QUIJOTEIntervalos dirás. SANCHO No acabaremos. Digo, que su nobleza, y su Señora, Su Encantador, y profesión andante, Hacen llevar tamañas desventuras De grado al Caballero. ¿Pero el pobre Escudero Tiene más que estrecheces y amarguras? ¿Puede no ser ferido? ¿O melecinas. Tiene para curarse por ensalmo? ¿Sin comer, ni dormir pasarse puede? ¿Vence lides, gigantes, y vestigios De solo a solo? ¿Reinos, o Provincias De acá para allá gana? ¿Las Infantas Se le rinden? ¿Le cuidan las doncellas? En los altos Palacios, ya folgando, Ya sus fechos contando, Su Señor con los Reyes se entretiene; Y él solícito y fiel entre desdichas De la esperanza sola se mantiene. Señor, Señor, diz al doliente el sano, Habed salud, hermano. DON QUIJOTEBien, Sancho el bueno, ponderallo sabes; Y a fe de Don Quijote que de oírte He gran placer. Mas ven acá, ¿las penas, Y menguas en que vive el Caballero, Halas Sancho por dicha un Escudero? ¿Lidia, acomete empresas desiguales? ¿Suda, se acuita, o vese perseguido De malos hechiceros sin dar vado A sus imaginados pensamientos? ¿Encantado se ve? ¿Se ve ferido Cual él o en cosas tales Que al andante ejercicio van anejas? Sancho, mírame a mí, y a ti te mira, (Entonado.) Si es que tal vez te quejas, Yo sudo, y tú reposas: Tú duermes, y yo velo: Mi espada vence, y los despojos ganas. ¿De qué encuentro, o peligro, me recelo, Por espantable, o desigual que sea? El Escudero sirva, y acompañe Fiel, callado, y paciente, Mientras que su Señor lidia, y guerrea, Y del descanso, y bien andanza goce Que en su casa no habría. Bien como tú, pues mientras yo non curo, Sin atender la pública alegría, En al, que en acorrer menoscabados, Regocijado, suelto, y bien seguro Comes, bebes, y ríes, Sin otros pensamientos, ni cuidados. SANCHONo hay camino tan llano, que no tenga Su barranco y afán: y a veces caza Quien menos amenaza: Y en los nidos de antaño No hay pájaros ogaño: Ni hay en nadie fiar: caza y amores Un gusto, y mil dolores... DON QUIJOTEPodrás, Sancho, acabar. ¿Hay aventura? Mala ventura sí. DON QUIJOTE ¿Pues qué tenemos? SANCHOYo lo diré: que no le duelen prendas Al que es buen pagador: y en esta vida No hay bien seguro: y mucho tiempo pide El calar las personas: y a las veces Uno se busca, y otro se tropieza: y do menos se piensa... DON QUIJOTE Acaba, acaba En dos palabras, Sancho. SANCHOPues, Señor, a Quiteria Ahora Basilio requebrando estaba. Yo los vi de mis ojos, que al ruido, Aunque estaba dormido, Despabilé, y quedaron En casarse los dos. Punto por punto Voy con todo a Camacho, que cabeza Mayor, quita menor... DON QUIJOTE ¡Oh Sancho! ¡Sancho! Eso no puede ser: yo no lo creo. Tú eres un vil, un sandio, malicioso, Descompuesto, ignorante, Mal mirado, infacundo, y atrevido. ¡Así de las doncellas hablar osas En la presencia mía! Esto quédese aquí... SANCHO Si los he oído. DON QUIJOTESueño tuyo sería, Y sueño como tuyo, y de tu genio Embustero, y villano. En todo caso Yo te vedo, que pienses, o imagines En tamaña sandez contra el decoro De la honesta Quiteria, o que te atrevas A revelalla. Sancho Llaman al buen callar, selo tú ahora; Que el caso es arduo entre personas tales. Y pues yo estoy aquí, no, no receles Ningún desaguisado. SANCHOHágalo Dios: y vamos, que ya empiezan Las carreras. DON QUIJOTE Cuidado. (Con autoridad.) (Suena alguna algazara, como de empezarse los regocijos.) Coro tercero De Zagales. UN ZAGALCelebremos la ventura, Cantemos el fausto día, Que a todo el valle asegura Su más rico Mayoral. TODO EL CORO-Amor, amor nos le envía: Gocemos de sus favores, Y entre todos los Pastores Su memoria sea inmortal. EL ZAGAL DEL COROCelebremos la ventura, Que a todo el valle asegura. Su más rico Mayoral. CORO I¡Oh qué de bienes Contigo tienes, Amable paz! Baja del Cielo, Gócete el suelo, Amable paz. CORO II¡Oh qué de males Ven los mortales, y huye la paz! Todo es temores, Iras, rencores, Si huye la paz. CORO IPor ti en el prado Vaga el ganado, Amable paz. Y los Pastores Cantan de amores, Amable paz. CORO IIMísero el seno, Que de ansias lleno Deja la paz. Porque lloroso Huye el reposo, Si huye la paz. EL ZAGAL DEL COROCelebremos la ventura, Que a todo el valle asegura Su más rico Mayoral. CORO I¡Feliz lazada! ¡Afortunada Dichosa paz! CORO IIVen, que la vega Te implora y ruega, Dichosa paz. EL ZAGAL DEL COROCelebremos la ventura, Que a todo el valle asegura Su más rico Mayoral. TODO EL CORO¡Feliz lazada! ¡Afortunada Dichosa paz! Ven, que la vega Te implora y ruega, Dichosa paz. EL ZAGAL DEL CORO¡Afortunada Dichosa paz! TODO EL COROVen, que la vega Te implora y ruega, Dichosa paz. Acto cuarto Escena I CAMILO. PETRONILA. CAMILONo, cara Petronila, no desmayes; Que yo esperanza tengo, De que logren un término dichoso Los dos en sus amores. PETRONILAEn vano deshacerme estos temores, Zagal, en vano intentas. CAMILO ¿Tan dudoso Su estado te parece? PETRONILADudoso no; más sí desesperado. CAMILONo, amada, no; que el medio, Que te dije... PETRONILA Excusado Será cualquiera, y por demás discurres, En atajar un mal do no hay remedio. El mísero Basilio de Quiteria La mano perderá... CAMILO Pues si la pierde, Dale por acabado en su miseria. Tú sabes cuál la adora; Mas después que se vieron, tal se aflige Tal se lastima, y llora, Tenaz en su furor, que en vano, en vano Ha de ser persuadirle sin la mano De su amada Quiteria; ya del ruego, Ya del rigor te valgas. PETRONILA Pero dime: ¿Al instante no van a ser las bodas? ¿No están ya juntas las personas todas Para la gran comida, Que celebrarlas debe? ¿Muchos no son, dispuestos, y animosos, Los parientes, y amigos de Camacho? ¿Y él mismo por unirse a su querida, No pugna de amor ciego? ¡Petronila infeliz! ¡Que en vano alientas! (Aparte.) ¡Y en tantas ansias engañarte intentas! CAMILOTodo, amada, es verdad; no te lo niego. PETRONILAQuiteria es recatada y temerosa Basilio desdichado cuanto pobre, Imposible el empeño, y poderosa La parte que lidiamos. ¡Oh Camilo! ¡Que en vano nos cansamos! CAMILONo; no ha de ser en vano, que este medio Llevarnos puede a un término felice. Él es ocasionado, mas la empresa No lo es menos, y siempre Son en los graves daños Los remedios difíciles, y extraños. Alienta, Petronila, alienta, amada, Que tú feliz, Quiteria afortunada Seréis a un tiempo mismo. PETRONILA¡Ay! ¿Yo Camilo?... CAMILOTú, Petronila: mas el tiempo vuela (Con gesto de conocer su pasión secreta.) Ve, ve, y de nuevo ensaya Con cuidado a Quiteria, y con un velo Tráela cubierta aquí dentro de un rato: Que esto es preciso hacer, cual ya te dije, Para el ardid que trato. PETRONILA¡Oh cómo temo!... CAMILO Por demás se aflige Tu corazón cobarde. Mas Basilio... Ve, pues, que se hace tarde. (Ve a BASILIO entre la enramada.) Escena II BASILIO. CAMILO. BASILIO(Sin ver a CAMILO, y muy acelerado.) Aquí manda Camilo que le espere: Yo le obedezco fiel... mas él es ido. Tarde, tarde he venido. La ocasión se perdió... Yo no le veo... ¡Oh cuán en balde anhela mi deseo, Cuando contino el crudo amor me clama, Que mi solo remedio es ya la muerte! Yo moriré: mi lamentable suerte Será ejemplo, y memoria a los Pastores... ¡Ay, Camilo! ¿Qué nuevas?... CAMILO Avisado Está ya Don Quijote, cual te dije, Y su auxilio en tu nombre demandado Con lastimera voz. Él aquí debe Llegar en un momento. Esfuérzate, Basilio, y a sus plantas Rendido, con humilde sentimiento, Con tono triste, y ademán quejoso Llora, suspira, gime, y ansias tantas Dile, que le enternezcas. BASILIO ¡Qué dudoso, Dulce Camilo, tu precepto sigo! Yo no quiero, no quiero de estas artes, Ni de engaños valerme... CAMILO Pues Quiteria De Camacho será. BASILIO ¡Ay sin ventura! ¡Cruel extremidad! CAMILO El tiempo apura. En nada, en nada dudes, ni te apartes De mis avisos, si en mi ingenio fías, Y tu ventura anhelas. BASILIO ¡Que aún porfías, Zagal, en tan extraño desvarío! ¡Ah! Deja al dolor mío De una vez acabar. Todo remedio Inútil ha de ser... ¡Que con un loco Quieras darme salud, Camilo amado! ¡Te lo parezco en mis desdichas poco! CAMILO¿Pues qué? ¿Si así no fuera, Ayudarnos pudiera? Él es determinado, y con respeto Todos aquí le miran. Ninguno su flaqueza ha conocido. Es cortés, es discreto, y comedido; Y, o mi ingenio me engaña, O tú has de haber por su locura extraña. Remedio en tu locura. BASILIO ¿Tu amistad lo asegura? Yo te obedeceré: ni un solo punto Saldré de tu querer. ¡Ay mal hadado! ¡Que estoy viendo la muerte, Y aun la esperanza por salud anhela, Y en desvaríos tales se consuela! CAMILOVele allí venir ya: tu desventura, (Empieza a descubrirse D. QUIJOTE para entrar en la Escena.) Si encarecerse puede, Encarécela, y llega con respeto. BASILIOYo llegaré: mas tiene tan sujeto Mi labio amor, que apenas me concede, ¡Oh triste! Suspirar en mi miseria. ¡Ay! ¡Si a perderte llego, el hierro agudo Solo, bella Quiteria, Podrá aliviarme en un dolor tan crudo! Escena III BASILIO. CAMILO. D. QUIJOTE. SANCHO. BASILIO y CAMILO se adelantan a recibir a D. QUIJOTE: este vendrá con el reposo y talante caballeresco, y SANCHO algo detrás como Escudero. CAMILOLlegad, llegad, ilustre Don Quijote, Luz del valor y la virtud, sustento De los tristes, amparo De los que poco pueden. Vos sois aquel, a cuyo esfuerzo raro La palma todos ceden. Aquel, a quien los cielos Padre de desvalidos constituyen, Para acallar sus duelos. Flor de los Caballeros olorosa, En la vega escogida, Llegad, y con piadosa, Blanda mano acorred este cuitado, Cuya infelice vida Sin vos acabará. D. QUIJOTE Cortés Camilo, (Muy ufano.) Los loores, que has dado A mi persona, propios Solo a mi profesión, yo te agradezco; Y con firme propósito me ofrezco De todo mi talante a remedialle. CAMILOAsí él lo espera, y su socorro libra En vuestra gran bondad, y brazo fuerte. D. QUIJOTEYo le haré salvo de la misma muerte. Cuéntenos su dolor, y a cargo mío Déjese lo demás. BASILIO Es tan aguda, Tan terrible mi pena, Que de todo remedio el alma duda. Señor, un infeliz a vuestras plantas (Arrodillándose.) Os demanda rendido, Lo que a tantos habedes concedido. Amparadme, amparadme... DON QUIJOTE Alzad del suelo, (Levantándole.) Y decid vuestro duelo, Acuitado Zagal. SANCHO ¡Por vida mía, Que es como un brinco de oro, y que impaciente Estoy ya de escuchalle! D. QUIJOTE Sancho calla. BASILIOManera el labio de empezar no halla En tanta desventura. Amor, ingratitud, pobreza dura, Mis enemigos son, y ya rendido Fallece el corazón sin esperanza. De mi dulce Quiteria la mudanza Causa tan grave mal. Yo la servía Desde que vio la luz el primer día De su vida dichosa. ¡Oh nunca fuera, nunca tan hermosa! Yo soy Basilio el pobre, y a su lado Desde niño criado, ¿Pudiera no querella? ¡Ay! No: yo la adoré, y ella a mi ruego Correspondió cortés, y el amor luego Nos echó su lazada, La fe sellando por los dos jurada. Siete Abriles así firmes vivimos Gozando mil ternuras: Mas Camacho por rico ya me quita Mi amada palomita. ¡Ay mísero Basilio!... Yo celoso, Y en mi dolor furioso, Corrí a los montes, y en la cruda muerte Remedio buscar quise A mi deshecha deplorable suerte. De un alto precipicio iba a lanzarme, Y una voz imperiosa de repente Me dice: tente, tente. Torno la vista, y a mi lado veo Un venerable anciano, Luengo el cabello y cano, La barba prolongada a la cintura, Y de una negra túnica vestido. Con un bastón nudoso, Que en la diestra traía, El suelo hirió, y estremeciose el suelo. Yo, lleno de pavor y de recelo, Ni a mirarle asombrado me atrevía; Mas él con blanda voz, y faz serena Vuelve, dijo, Basilio a la Alquería, Que yo vengo a librarte de la muerte. Allí hallarás para acorrerte a un fiero, A un soberbio León, con cuyo amparo Quiteria será tuya; mas la suerte Luego declinará, y además caro ¡Ay! te costará el bien, si no repara Algún Sabio tu amarga desventura: Que al punto morirás. Así los cielos Premiando con su mano tu ternura, Castigarán con muerte tus recelos. DON QUIJOTE¡Extraño caso! SANCHO En escuchallo solo Temblando estoy. ¡Oh qué visión tan fea Para mirada a solas! BASILIOYo obediente me vuelvo a la Alquería, Y hállola envuelta toda en alegría Por esta boda infausta. ¡Ay infelice! Yo moriré: no huyo La muerte, no; mis lastimeros hados Con esto cesarán; mas antes quiero, Que, pues por ella muero, Me de su mano mi Quiteria amada. Con este leve bien, no ya angustiada El alma partirá, ni congojoso El último suspiro podrá serme. Acabe, acabe de Quiteria esposo, Pues que debe acabar este cuitado. Yo a Camacho no estorbo la ventura: Goce en buen hora, goce su hermosura, Pues así plugo al cielo, Y lleve yo en mi fin este consuelo. Camilo, y mis amigos Su voluntad ganaron, Y ella compadecida a tal fineza Sufre por un instante de ser mía. Mas yo recelo, que en mi suerte impía Camacho me lo estorbe: su riqueza, sus deudos, sus amigos Contra mí se armarán. A vos os toca Ampararme, Señor. Vos sois el fuerte, Bravo León, que el Adivino dijo, Vos sois mi apoyo, y mi sustento, humilde A vos me acojo; no dejéis que gima Un triste a vuestras plantas sin consuelo, Ni que el poder a la humildad oprima. (Se arrodilla de nuevo.) D. QUIJOTEAlzad, alzad del suelo, (Le levanta.) Desdeñado Zagal, y en mi animoso Espíritu librad vuestra justicia. BASILIOHágaos por siempre el cielo venturoso. D. QUIJOTEYo soy mucho a Camacho agradescido Por el buen hospedaje y agasajo; Aunque esto al Caballero hacerse deba, Que en pro común al áspero trabajo De las armas se ofrece: empero nunca, Nunca consentiré, que la malicia A la inocencia denostar se atreva, Ni al puro amor. ¿Qué va a perder Camacho En haceros feliz un solo instante? Presupuesto que debe todo Andante A los menoscabados dar ayuda, Y ahuyentar de do asista La violenta opresión. Ya con la mano Contad, Basilio el pobre, de Quiteria, Y ojalá el Adivino En la vuestra miseria A acorreros viniese. Pero nada. Faré por vos a ley de Caballero, Si Quiteria primero Con libre voluntad a ello no asiente En la presencia mía. CAMILOMi verdad os la fía. D. QUIJOTEEsto non basta, non. CAMILO Pues a traerla Yo me ofrezco ante vos. D. QUIJOTE Id al instante, Y non curéis en al. (Vanse por QUITERIA, CAMILO y BASILIA.) Escena IV SANCHO Señor, dejallos Ha de ser lo mejor; ¿y quién nos mete En unir voluntades ni a Basilio En quererse tan mal? Allá las haya Con su gusto en buen hora, Y case, o no con esa su Pastora, D. QUIJOTE¿Qué entiendes, Sancho el necio, de aventuras? SANCHOTemo, no por nosotros hoy se cuente: Que do cazar pensamos, Cazados nos quedamos. Escena V D. QUIJOTE. SANCHO. BASILIO. CAMILO. PETRONILA. QUITERIA. CAMILO(Sacando de la mano a QUITERIA, que vendrá cubierta con un velo.) Angustiada Quiteria, aliente aliente Tu corazón, y llega Ante el gran Don Quijote, Que vado sabrá hallar a tu cuita. Aquí le tienes, su piedad implora, Gime, suspira, llora Compasiva a sus pies. Y vos, famoso, (Arrodíllase.) Ilustre Caballero, No neguéis el valor de vuestro brazo A dos tiernos y míseros amantes, Que se adoran constantes. D. QUIJOTEAlzad, alzad del suelo, (Levantándola.) Fermosa, lastimada, y non hayades Empacho en mi presencia, Que yo sé bien de amor por experiencia. Mas decidme: ¿queredes vos, Pastora, La vuestra mano dar en esta hora Al infeliz Basilio? ¿Él os violenta? ¿Convenís de buen grado En el don demandado? ¿O solo por ceder a su porfía? PETRONILASu extremada vergüenza y cortesía La lengua le embarazan; Mas yo por ella humildemente os ruego, Que la amparéis, Señor: ella se aviene En dar esta postrera Prueba de su cariño al sin ventura. Por Quiteria su hermana lo asegura. No hagáis, no, que el poder se lo embarace. Y el mezquino Basilio muera al menos Con este bien, pues este bien le place. CAMILO¡Ay infeliz Zagal! BASILIO Si dicha tanta (Muy tierno.) Logro, no lo seré... DON QUIJOTE Muy bien parece (En tono caballeresco.) La honestidad, Zagala, en las fermosas, Cual joya inestimable que ennoblece Su nativo valor: empero nunca Ser debe en demasía, Menguando la discreta cortesía. Ni es usanza además, que una doncella Por muy gentil, apuesta, y recatada, Haya de estar velada, Ante el su Caballero, al tiempo mismo Que trata en su cüita defendella. Alce pues, alce el velo La angustiada Quiteria y de su hermosa Vista no nos defraude vergonzosa; Que por mí queda el acallar su duelo. ¿Y diga si consiente en que yo tome Sobre mí su defensa? ¿Y si a Basilio Se entrega de su grado? QUITERIA ¡Ay Señor! (Alzándose el velo y arrodillándose otra vez.) El decíroslo es; el dolor mío, Mi confusión, mis lágrimas, mis ansias Lo publican bastante. (D. QUIJOTE la levantará.) SANCHO¡Santo Dios! ¡Qué semblante! ¡Qué belleza! ¡Qué brío! Pardiez que en solo vella no soy mío. Un Reino vale lo que encima lleva. ¡Qué arracadas! ¡Qué sartas! ¡Qué corales! Pues tomadme las manos adornadas De anillos de oro, y perlas orientales: O los luengos cabellos, Que a mi fe tiene el Sol envidia de ellos. No sino ved su talle y gentileza, Y no la comparéis con una palma, Que cargada de dátiles se mece; Que a mí tal con los dijes me parece. Juro, juro en mi alma... DON QUIJOTESancho, habrás de callar... QUITERIA Señor, doleos Del mezquino Basilio, de esta triste A vuestros pies rendida. (Volverá a querer arrodillarse, y D. QUIJOTE a levantarla.) Mi desdicha mirad, mi edad florida, Mi inocencia, mi amor, el don tan leve Que humildes os pedimos. Él por mí morir debe, ¿Y yo mi mano le negara dura, Muy más que dura roca? ¡Ay de mí!... No; yo quiero Cuanto él puede querer, de su albedrío Un leve punto no se aparta el mío. ¡Ay Basilio infeliz!... ¡Ay desdichada! (Como desmaya sobre PETRONILA.) BASILIO¡Ay Quiteria adorada! DON QUIJOTELlevadlos, buen Camilo, que me acuitan El corazón sus penas; Y dejad lo demás a cuenta mía. BASILIOViva tanto valor y cortesía. CAMILOEl cielo, Caballero generoso, Te haga en tus lides siempre venturoso. PETRONILADete el amor cuanto tu fe desea. Vamos, hermana, vamos... (Vanse, y QUITERIA aún como desmayada.) DON QUIJOTE¡Oh ingrata, incomparable Dulcinea, Si así en los pechos rústicos él hiere, Que el sandio sentirá que por vos muere! Escena VI DON QUIJOTE. SANCHO. SANCHO¿Podrá ya Sancho hablar? DON QUIJOTE Di lo que quieras, Pero breve, y al caso. SANCHO¿Pues, Señor, quién os mete en sus amores? ¿O en hacer usos nuevos? ¿Ni por qué la Zagala así se aflige? Quien bien ha, y mal escoge, Por muy mal que le venga no se enoje. Ella tiene a Camacho; Déjese de Basilio: Habilidades, Que vendibles no son, no valen nada: Y el bien no es conocido, Hasta que es ya perdido: Dios bendijo la paz: coja en buen hora Basilio otra Pastora, Que mil encontrará, que bien le quieran. DON QUIJOTE¿Y sufriré, si en mi valor esperan, Que el poder los oprima, Y acüitada a mis pies Quiteria gima? ¡Oh! Tú de amor non sabes, yo ferido De sus flechas estoy, y ayudar debo A los amantes fieles. ¡Ay Señora! ¡Ay alta, y encantada fermosura! SANCHOMire, Señor, no cara la aventura Nos cueste, que Camacho es poderoso: De juro han sus parciales de ayudalle. Nosotros somos solos: nadie puede Saber lo por venir... DON QUIJOTE ¿Y qué? ¿No basta Para todos mi aliento? SANCHO ¿Y así queréis pagalle (Algo socarrón.) El buen acogimiento? D. QUIJOTEYo ingrato no le soy, porque le prive Por un mínimo instante de Quiteria, Mientras muere Basilio mal ferido. SANCHO¿Pues los habéis creído? Para mí no: que la mitad del año Con arte y con engaño, Y luego la otra parte Con engaño y con arte... D. QUIJOTE¡Que imagines tamaño desvarío! ¿Así ante mí denuestas, Traidor, a una doncella? ¿Puede darse Más sencilla intención en los cuitados? Miren lo que demandan... Escena VII D. QUIJOTE. SANCHO. UN PASTOR. PASTOR A brindarse. Va, Señor, por los Novios, y allegados Todos los convidados, Solo a vos os aguardan... DON QUIJOTE Al momento, Zagal te sigo. Sancho, a Rocinante (A SANCHO.) No me le olvides. SANCHOLe veré al instante. (Vase.) Escena VIII D. QUIJOTE(Lleno de un entusiasmo caballeresco.) Gracias vos rindo, soberanos cielos, Que de mis claros fechos la noticia Habedes por el mundo así extendido, Haciendo un valor aún conoscido, De los rudos selváticos pastores. Gracias vos rindo cada vez mayores. Y en tamaña merced de nuevo juro, Ser como bueno valedor y amparo De míseros opresos. Y vos, alta Emperatriz, dechado de hermosura, Acorred ¡oh Señora! en la aventura, Que acomete por vos, a este cautivo, Pues mi pecho alentáis, y por vos vivo. No afinquéis mi esperar con crudo fecho: Que si vos me acorréis, mi brazo fuerte Sabrá extender vuestra sin par belleza, A pesar del olvido, y de la muerte, De do el sol muere, a do a nacer empieza. Coro cuarto De Zagales y Zagalas. TODO EL COROAmor poderoso, Los votos recibe De un Pueblo dichoso, Que solo en ti vive. Pueblo bien hadado, Pues de ti le viene Su feliz estado, Todo el bien que tiene. En tan fausto día Recibe los votos, Que humilde te envía Entre himnos devotos. UNA ZAGALA¡Ay! sus favores Temed, pastores, Porque el Amor Es un traidor, es un traidor. TODO EL CORONo, Amor, tú no eres Traidor, ni engañoso; Sino delicioso Dios de los placeres. Ni crían dolores Las süaves llamas, Con que el pecho inflamas De tus servidores. Ni cuando los prendes En tus redes de oro, Con amargo lloro Sus ojos ofendes. UNA ZAGALA¡Ay! Sus favores Temed, pastores, Porque el Amor Es un traidor, es un traidor. TODO EL CORONo es traidor, es blando, Fácil o compasivo, Contino burlando, Travieso, y festivo. Él da al valle flores, Las selvas enrama, Y en dulces ardores Las aves inflama. No hay dicha en el suelo Si en ella no entiende. Hasta el alto cielo Su imperio se extiende. UNA ZAGALA¡Ay! Sus favores Temed, pastores, Porque el Amor Es un traidor, es un traidor. TODO EL CORO¿Quién dirá los bienes, Y alegres cuidados, ¡Oh Amor! que guardados A tus siervos tienes? ¿Quién del fino esposo Dirá la ventura? ¿Dirá la ternura De su dueño hermoso? Quién traidor te llama, Tus dichas no sabe: Solo aquel te alabe, Que goza tu llama. UNA ZAGALA¡Ay! Sus favores Temed, pastores, Porque el amor Es un traidor, es un traidor. Acto quinto Escena I CAMACHO. QUITERIA. BERNARDO. PETRONILA. DON QUIJOTE. SANCHO. Y NÚMERO DE CONVIDADOS. Se descubrirán, si pareciere, en un teatro capaz, adornado de alfombras y ramos, para ver desde él más cómodamente las danzas. Danza primera de espadas. Los ZAGALES, que la componen, vestidos galanamente, y adornados de cintas y lazos de varios colores, forman graciosas diferencias al compás de los instrumentos pastoriles del Coro, que cantará en los intermedios, dividido en dos bandas. CORO ILlega, goza del premio De tu llama amorosa, Tierno Esposo, en el gremio De tu Quiteria hermosa. CORO IIY tú, Zagala, el fruto Coge de tu belleza, Acetando el tributo. De su amor, y riqueza. ZAGALES VITOREANDOViva el feliz Esposo Con Quiteria la bella. OTROSÉl a la par de rico venturoso, Y cuanto hermosa afortunada ella. (Repite la danza sus mudanzas y lazos retirándose a los dos lados para dar lugar a la segunda.) Escena II Danza segunda de doncellas vestidas de verde y coronadas de flores, guiadas por un Anciano y una Matrona con instrumentos pastoriles. Traerán en algún canastillo una guirnalda, y harán sus lazos y mudanzas, cantando el CORO en los descansos. CORO IZagalas y Pastores, Venid, venid a vellos. CORO IIPues cantáis sus amores, Tomad lición en ellos. LOS DOS COROSVenid, venid a vellos... Tomad lición en ellos. (Repiten sus bailes y vueltas. Los ZAGALES de la primera danza dejan sus espadas, y bailan mezclados con ellas cantando el CORO en los intermedios.) CORO ICual azucena bella Pagar los besos sabe Del céfiro suave, CORO IILa cándida Doncella Dé al Esposo querido El premio merecido. (Vuelven a bailar.) CORO ICual clavel oloroso Más lozano se torna, Si un bello seno adorna, CORO IITal el feliz Esposo En su cuello nevado Brillará reclinado. LOS DOS COROSDenle, denle los cielos Sus dones a porfía, Y un enjambre de hijuelos, Que colmen su alegría. (Los ZAGALES entre las diferencias de la contradanza roban la guirnalda del canastillo, y uno corre a ofrecerla a los pies de QUITERIA todo al compás de los instrumentos del CORO.) ZAGALES VITOREANDOViva, viva Quiteria y su hermosura. (Van saliendo las danzas.) OTROSViva su honestidad y su ventura. Escena III BASILIO. LOS DICHOS. CAMACHO¿A qué, Quiteria suspender más tiempo Nuestra ventura? Premia Con tu mano mi ardor, prémialo, amada. QUITERIA(Mirando con mucha ternura a PETRONILA.) ¡Petronila...! ¡Ay cuitada! (Aparte.) Él no viene... ¡Qué trance! CAMACHODame la mano bella: alcance, alcance Mi fineza este bien, querida esposa. BERNARDONo más se lo dilates, mi Quiteria... (Empiezan a bajar del tablado para desposarse, y a este tiempo saldrá BASILIO de entre los árboles con precipitación y despecho, vestido de un sayo negro, gironado de carmesí a llamas, coronado de ciprés y un gran bastón en la mano.) BASILIOGente inconsiderada y presurosa, Parad, parad; y oíd a este infelice En el último punto de su vida... (Sonará entre todos un confuso ruido como de temerse alguna grave calamidad: y él hincando el bastón en el suelo seguirá:) Y tú, Quiteria infiel, tú, fementida, Tú, inhumana, quien dieron Leche las fieras crudas, Tú, a quien los cielos por mi mal hicieron Bella cuanto liviana, atiende, aleve, En mi hora postrimera y dolorosa, Y seme al menos en el fin piadosa. Tú sabes lo que debe Tu corazón al mío. Tú sabes, que ligado el albedrío Ya en la niñez más tierna, no te es dado El vínculo sagrado Romper, ni dar la mano al venturoso, Cuanto rico Camacho... ¡Ingrata! ¡Ingrata! Yo sólo soy tu esposo, Y tú sólo eres mía. ¡Oh cielos! ¡Pues miráis su alevosía Por qué no confundís a la perjura! ¡Ay! ¡Mal haya, mal haya tu hermosura, Mal hay amor, y mi esperanza ciega, Y el tiempo en adorarte mal gastado...! Yo me abraso... me abraso... ya enojosa Le es la vida a Basilio; La vida en otro tiempo tan gustosa, Cuando tú, infiel, llorando le decías Que su esposa serías. ¡Oh no vista traición! ¡Cruda pobreza! Por ella moriré, por su riqueza Camacho te me roba. Goce, goce Feliz de tu hermosura, Mientras Basilio acaba en muerte dura... Pero, infiel, no; no esperes De contento gozar desde este día. Mi caso lamentable Tu verdugo será: mi sombra fría Te seguirá espantable Culpando tu maldad... ¡Oh desgraciado! ¡Oh mísero Basilio!... Muere... muere... Así, Quiteria, este infeliz te quiere. (Desnudando el bastón con presteza, se arroja sobre él y queda como traspasado, y bañado en sangre, que debe llevar preparada en algún cañón, según la idea de Cervantes.) D. QUIJOTE. BERNARDO¡Extraña desventura! QUITERIA ¡Ay infelice! ¡Yo le maté, y aún vivo!... ¡Ay Petronila! (Reclínase como desmayada en su seno.) PETRONILA¡Ay hermana!... ¡Ay Camacho! (Sosteniéndola.) CAMACHO¡Que es esto, amor...! SANCHO Los ojos se me arrasan. Pobre Zagal: a fe que no mentía. (Irá como a enjugárselos con las manos.) (A este tiempo llegan a socorrer a BASILIO D. QUIJOTE, que le toma en sus brazos, SANCHO, PETRONILA y algunos de sus amigos, quedándose a más distancia BASILIO, QUITERIA, y otros convidados.) ¡Ay!... ¡Ay!... Quiteria mía... (Con el mayor abatimiento.) Yo muero... si... ¡tu esposo... Quien fuera... en este punto!... ¡Qué aliviado... Muriera! ¡Qué go...zoso! Mano... feliz! ¡Quién con la suya... ahora... Estrecharte... pudiese! ¡Infiel... pastora!... No... pue...do... respirar... ¡ay!... ¡Sí llevara... Este... bien... tu Basilio!... ¡Qué fa... tiga!... ¡O... si... hora fuese... tuyo!... ¡Ay enemiga!... (Desmáyase.) (SANCHO anda solícito por ver la herida, pero afligido y lloroso.) D. QUIJOTEDéjate de tamaño desvarío, (A BASILIO.) Y cura en tu salud, pidiendo al cielo De tu yerro perdón. (Un PASTOR se lo toma de los brazos.) PASTORES AMIGOS DE BASILIO Quiteria, dale. Este alivio a lo menos, pues le matas: Dale, dale la mano. CAMACHO Yo no puedo En ello convenir, ni en este trance Ello debe querer. D. QUIJOTE ¿Por qué tan duro, (Con aire caballeresco.) Buen Camacho, seréis con la recuesta De un tan liviano don? ¿O más honrado Con Quiteria os habréis, por recibilla Del anciano Bernardo, que viuda Del valeroso, a quien habéis llevado Al trance de la muerte? No; no sea Tal por vos fecho, o quede en su deseo Menoscabado el triste, pues no embarga Zagal vuestra ventura, y lo que pide Es justo y hacedero. Decir sí, y arrojar el postrimero Aliento ha de ser uno. De estas bodas El lecho es el sepulcro... PASTORES AMIGOSCeded, ceded a nuestro ruego... (Interrumpiéndole a voces.) CAMACHO En vano, En vano os fatigáis. D. QUIJOTE ¿Pues qué? ¿Liviano Será mi demandar? ¿O así conmigo, Camacho, vos habedes?... BASILIO¡Ay me triste!... ¡Traidora...! ¡Qué angustias!... ¡Qué ansias siento!... Ya se acaba... el... ali... ento... Dame... tu mano... infiel... dolor... agudo... (Nuevo desmayo.) D. QUIJOTE¡Que os hayades tan crudo! No, Camacho gentil, dad a Quiteria Permiso para hacello. Y vos, bella acuitada, No hayáis a mengua no; pagar el firme Amor del infeliz: llegad a velle Si podéis conocelle En tan menguado trance, Alcance, pues, alcance Galardón su fineza. Ea, llegad, llegad: tanta braveza Non vos dice bien, non... PASTORES AMIGOS. Quiteria hermosa, Ceded, y con el triste sed piadosa. CAMACHOHazlo, si de ello gustas. (Muy a su pesar.) BERNARDO No le niegues, Hija, tan leve bien: hazlo, querida. Yo te lo mando, yo; y al punto sea, Que se le va la vida. QUITERIA ¡Ay misera!... Basilio... (A BASILIO.) Triste Basilio... ¡Ay me! Quiteria. ¡Cruel!... acaba... acaba... De quitarme esta vida... Tú me fuiste... Siempre mortal... ¿Qué viste... ¡Ay!... en mí... para tantas desventuras? SANCHO(Que habrá querido en el discurso de esta escena hablar algunas veces, notándosele en los gestos su deseo.) Déjese de ternuras: Que más parece que en la lengua tiene. Que en los dientes el alma. Mal se aviene (Aún receloso del engaño que temía.) Hablar tanto de amores, Con estar acabando. QUITERIA Tus dolores Templa, Basilio mío, con mi mano. Aquí está tu Quiteria sin ventura. Tuya soy, ya inhumano El cielo te me robe, ya dolido De mis ansias te salve. Tu esposa soy: mi fe te lo asegura. Basilio... BASILIO ¡Ay! ¡ay!... Quiteria... Feliz, feliz... mil... veces mi... miseria... Tuyo soy... ¡Qué... ale... gría!... No puedo... res...pirar... tu esposo... tuyo... Tuyo... soy... alma mía... QUITERIA Vive, vive, (Tiernísima.) Vive, Basilio amado. Escena IV CAMILO DE MÁGICO, Y LOS DICHOS CAMILO sale repentinamente de entre la enramada, con cuanta ilusión pueda, sin faltar a lo verosímil, vestido de Mágico, como le pintó BASILIO en la Escena III del Acto antecedente. La cabellera muy larga y cana, la barba hasta la cintura cana igualmente, negra la túnica y un bastón negro y nudoso en la mano. ¡Que asombro! OTROS ¡Que visión! D. QUIJOTE ¡El Mago es este! SANCHO(Lleno de miedo corre a su amo a guarecerse, como queriendo hablar, y no pudiendo.) El cielo favorable te recibe, Quiteria, ese deseo, y me ha ordenado, Que a darle venga presta medicina. Yo soy el sabio Alberto, a quien se inclina Cielo, tierra, y abismo tenebroso. El que puede tornar ensangrentado El claro sol, y escurecer la luna, Parándola en su curso presuroso. A mi raro saber dolencia alguna Se resiste. Basilio... ¿me conoces? (Llamándole con autoridad.) Basilio... BASILIO ¡Ay! ¡Ay!... ¿Qué voces Son estas?... Sabio amigo... MÁGICO A darte vengo, La vida en premio de tu amor: levanta. (Hace algún brevísimo ensalmo con ademanes misteriosos.) (BASILIO queda curado de improviso, y sin la vestidura lúgubre, de galano pastor.) BASILIO¡Ay! Deja que tu planta, (Arrodillándole y el MAGO alzándole.) Bese humilde QUITERIA ¿Basilio, vives, vives? (Como fuera de sí de gozo.) ¡Oh felice Quiteria! Yo soy tuya. De nuevo lo prometo. ALGUNOS ¡Caso extraño! D. QUIJOTE¡Inaudito portento! CAMACHO ¡Fiero engaño! ¡Traidor! Infamia tanta Tu sangre lavará... Muera el aleve. CAMACHO arremete a vengarse, y sus amigos le siguen, los de BASILIO corren a ponerse a su lado y defenderle. El MÁGICO los mira con seguridad, y como que nada teme por su poder sobrenatural, y lo que después debe anunciarles. DON QUIJOTE blandiendo su lanza se mete en medio de los dos partidos, diciendo con voces amenazadoras y capaces de ponerles pavor, y suspenderlos en su grita de: UNOSMuera, muera Basilio. OTROS Viva, viva. CAMACHO Y LOS SUYOSMuera, muera, el traidor. DON QUIJOTE Ténganse todos, Envainen todos, y oiganme, si quieren Quedar con vida. (A estas espantables voces paran todos.) SANCHO A las tinajas, Sancho, Que es sagrado: y al duelo diz que huillo. (Vase a guarecer en ellas.) DON QUIJOTEY pues salud el cielo favorable Le dio, nadie sea osado A tocalle ante mí, ni a sus decretos El hombre ciego contrastar se atreva. Goce, goce Basilio De su hermosa Quiteria luengos años. Y el buen Camacho su cuadrilla quiete Sandia y desalumbrada, O la verá en un punto aniquilada. Y si soberbio y temerario alguno Osa no obedecer, por esta lanza Pase, pase primero. (La blande tan fuertemente, que pone miedo a todos.) ¡A este vuestro cautivo Caballero Acorred, o Señora!... MÁGICOEscuchad todos (Con voz misteriosa y levantada.) Lo que el cielo me inspira Por vuestra paz sin duda; y quien un punto Lo osare repugnar, en aquel mismo Se verá confundido. Con su amada Basilio vivirá en afortunada Prolongada vejez; quien lo estorbare, Sus iras sentirá. Mas tú, o Camacho, No habrás menores dichas, si ya sabes Seguir por do te llama la ventura. ¡Ay! ¡Con cuanta ternura Te adora alguna que me atiende! ¡Oh ciego! ¡Que no adviertes sus ansias y su fuego! ¡Qué gozos! ¡Qué delicias a su lado Cierto te guarda el hado! (El MÁGICO se retira tan prestamente que parezca desaparecerse.) PETRONILA¡Ay triste! ¡Ay sin ventura! (Fingiendo desmayarse.) ¡Mi amor se descubrió! CAMACHO ¡Que es lo que he oído! (Sosteniéndola.) ¡Tú, Petronila!... ¡Confusión extraña!... (Suspéndese un momento, como deliberando entre sí.) Adorada Quiteria me ofendía, Y su hermana ultrajada así me adora. ¿Qué debo hacer?... Mucho en el trueque gano, (Suspéndese otro instante.) Si logro, hacerla mía Perdonado mi error. Bernardo, Padre, Interceded por mí, dadme su mano. BERNARDO¡Oh dichosa vejez! PETRONILA ¡Ingrato! ¡Ay triste! (Volviendo en sí.) CAMACHONo ingrato, esposo tuyo. Tu ternura Tenga este leve premio. (Dale la mano.) PETRONILA Esposo mío... CAMACHOMi ceguedad disculpa deslumbrada, Y vive, Petronila afortunada, Para que yo te sirva. PETRONILA Mi ventura Será hacerte feliz, Zagal amado. BASILIOPerdonad a un amante despechado, (Se arrodillará con QUITERIA.) Cuanto fino y leal, pues todo ha sido Industria del amor; él ha sabido Fingir mi herida, y disponerla sangre De arte en este cañón, que pareciese (Muestra uno.) Ser verdadera, y ordenó el encanto, Y trazó que Camilo el Mago hiciese, Y a vuestros pies... QUITERIA ¡Quiteria desdichada!... CAMACHO(Levantándolos.) Todo se olvide, y a mis brazos llega. (Abraza a BASILIO.) PETRONILA¡Ay Quiteria! (Abrazándola.) ¡Ay amada! ¡Tú le adorabas!... ¡Qué felices somos! BERNARDO¡Oh Cielos! ¡Cuánto bien en solo un día! CAMACHOSiga pues de la fiesta la alegría. DON QUIJOTEY hágaos, fieles esposos, Hágaos amor mil siglos venturosos. Coro quinto de Zagales y Zagalas. TODO EL COROY gozad, gozad ciegos Entre honestas caricias De sus plácidos fuegos, De sus tiernas delicias. CORO DE ZAGALESGozad, y las lazadas Que os unen, siempre sean. De rosas, ni se vean Del tiempo deshojadas. CORO DE ZAGALASCual álamo frondoso Florece en prado ameno, Así amor deleitoso Florezca en vuestro seno. CORO DE ZAGALESCual las purpúreas rosas Reinan entre las flores, Zagalas venturosas, Reinad en los Pastores. CORO DE ZAGALESCual vuelve a los mortales El claro sol el día, Sed felices, Zagales, Del valle la alegría. TODO EL COROY gozad, gozad ciegos Entre honestas caricias De mil plácidos fuegos, De mil tiernas delicias.