Una noche, un pensamiento, una toma. Una población libertaria. ********** TALLER DE ACCION CULTURAL José Luis Flores Olga Leiva Iván Castro Maclovia Barrientos (Maco) Marcela Villamán Norma Barrientos Sergio Echeverría Luis Durán Gonzalo Concheso Leonardo Contreras María Zapata Casa Popular de la Mujer Gladys Olivares Ivonne Medel Elcira Muñoz Viviana Lizama Matilde Rodríguez Luzmira Bernal Antonia Hidalgo Olga Muñoz Silvia Soto Nora Leiva Dirigentes Coordinadora Miguel Angel García Juan Vera *** (c) Taller de Acción Cultural (TAC) Inscripción Nº 114.696 ISBN: 956-810-00-9 Malaquías Concha 211, Ñuñoa. Fono-fax: 635 1395 E-mail: tacaccion@starmedia.com Diseño y Producción: DUO Diseño y Comunicación *** "Cuando los intelectuales emigran hacia las clases dominantes y a los centros de poder, entonces, los pueblos deben construir la teoría a través de su accionar" . J.L.F. *** Al terminar este libro queremos hacer un homenaje especial a Christa Zinn quien supo comprender el sentido y las proyecciones que tiene el trabajo cultural en los sectores populares. Como pocas personas ella entendió que la creación, el teatro, la expresión artística eran una herramienta privilegiada de la educación popular. Lamentablemente ella ya no está con nosotros, pero creemos que su nombre debe quedar inscrito en este libro, del mismo modo que su memoria y su entusiasmo continúan animando nuestro trabajo. Agradecemos a la Evangelisches Missionswerk in Deutchland y a Ayuda Popular Noruega quienes con su financiamiento hicieron posible la edición de este libro. *** Prólogo Durante los ocho últimos años hemos venido compartiendo la experiencia realizada por los pobladores del Campamento Esperanza Andina. Ella nos hizo sentir la necesidad de difundir esta hazaña lograda por 850 familias "allegadas" que se propusieron conseguir una casa y en el proceso vivido construyeron una forma de vida que segun el decir de muchas mujeres "las hizo nacer de nuevo". Estos años que terminan como un cuento donde "las familias reciben las llaves de sus casas y esperamos vivirán muy felices" han exigido la realización de un trabajo arduo y complejo. Porque no se trató solo de una tarea laboriosa, sino de aceptar un desafío que exigió estudiar, observar, pensar, crear, superar el miedo y las dudas que planteaba el asumir decisiones tan audaces como las que tuvieron que tomar, sacrificándose hasta el extremo y optando valerosamente para conseguir una solución CON todos y PARA todos... El privilegio de conocer y compartir esta experiencia nos ha mostrado que tras ella hay una propuesta de trabajo político, cultural, social, y económico tan relevante que debe ser conocida más allá del campamento. Por lo demás cuando los pobladores iniciaron el proceso, ellos ya habían pensado en los miles de allegados de nuestro país y fue en ese contexto que recién tomados los terrenos, elaboraron el documento "Los Allegados: nuestra propuesta por el derecho a vivir". En esta perspectiva, hemos venido trabajando junto a los dirigentes del Campamento, recuperando en su memoria y sistematizando el proceso vivido, a fin de descubrir la propuesta que emerge de él y también las estrategias y los métodos que les permitieron alcanzar el éxito que tan pocas organizaciones han logrado en este período. Consideramos que son los dirigentes del Campamento Esperanza Andina, como protagonistas de esta gesta, los que tienen que contar la historia, porque nadie podría hacerlo mejor que ellos. Nadie que no haya vivido el desafío, las angustias, las dudas, las alegrías, el cansancio que ella exigió, podría expresar mejor el significado del camino recorrido. Sin embargo, también sabemos que su quehacer cotidiano supera sus posibilidades de tiempo, es por eso que como compañeros de ruta y conscientes de las proyecciones que puede tener esta historia colectiva en nuestra sociedad, nos hemos propuesto contribuir para que ellos elaboren su relato. Situamos este trabajo en la perspectiva de que "hacer un acto de memoria tanto para un individuo como para una colectividad, significa redescubrir sus espectativas y proyectarlas hacia el futuro, para asegurarse de vivir la historia como seres capaces de iniciativa en medio de los otros y con ellos" Nos incentiva la propuesta de Gabriel Salazar al referirse a que la Historia como ciencia, nació confundida con la historia oral. "Ambas nacieron en el intento realizado por los pueblos de la Antigüedad Clásica para perpetuar los contenidos de su memoria social, especial-mente los referidos a las hazañas, gestas y proezas efectuadas por ellos mismos, en tanto que comunidad (polis). Ciertamente, con el objetivo de mantener y reforzar su identidad y su poder". "Las acciones conjuntas (o "hazañas")realizadas con éxito por las comunidades o los pueblos suelen ser intensamente conversadas, antes, durante y después de que se llevan a cabo. Este diálogo social - que se inicia antes de que esas acciones se conviertan en recuerdos de la memoria colectiva, relatos puestos por escrito o pedestales conmemorativos - es, en sí mismo, un monumento, un monumento oral. Un monumento, sin embargo, que nunca adopta una forma definitiva, rígida, petrificada, porque la 'recordación' de esas acciones continúa en las conversaciones de los adultos y en el aprendizaje de los hijos mucho tiempo después de realizadas. La memoria social se sigue conversando y ajustando por muchas generaciones, porque la recordación colectiva es un ejercicio de permanente construcción y reconstrucción de la identidad de un pueblo. Y es sobre esta memoria incesantemente conversada que los pueblos definen sus sentimientos, opiniones y sus actitudes políticas. Todos los pueblos de la antigüedad clásica se civilizaron a sí mismos potenciando su identidad a partir de su memoria, proyectando políticamente los relatos históricos que circulaban oralmente dentro de sí mismos. La memoria oralizada es el fundamento supremo de la acción colectiva". Todo esto nos confirma en la certeza de que así como hay un lugar para los historiadores debe haber también otro para los protagonistas de la historia, porque cada uno tiene una verdad a entregar y es de ambas vertientes de donde vendrán los elementos que nos permitirán ir comprendiendo en forma más profunda este complejo mundo en que vivimos. "Una nueva dialéctica se abrirá entre la historia y la memoria, donde lo que está en juego no es la fidelidad al pasado, a lo que fue, sino la capacidad que tienen la memoria y la historia, de cambiar los proyectos de cada uno y de todos, en el sentido de un crecimiento de la justicia". Aquellos que hacen avanzar la historia tienen mucho que decir al respecto, pues en la mayoría de los casos, son ellos en su calidad de sujetos protagónicos, los que han determinado el cauce que ha tomado el proceso vivido. No podemos olvidar que la historia escrita por los que "la han hecho" tiene sus raíces en el pasado que ellos vivieron, por lo tanto el significado de este relato tiene dimensiones que comienzan en otro tiempo y por supuesto se proyectan al futuro que ellos seguirán construyendo. La mayor parte de los pobladores que participaron en esta toma de terrenos, crecieron en las tomas de terrenos que hicieron sus padres al intentar tener una casa donde vivir. Las características de esas tomas y las experiencias vividas fueron diversas, pero todas entregaron elementos para que al planificar su acción, los pobladores del Campamento Esperanza Andina optaran por una estrategia y no por otra, se organizaran de una manera y no de otra.... Pensamos que el conocimiento aportado por los sectores populares, como sujetos de su historia, es un elemento indispensable para el conjunto del movimiento social y también para aquellos que buscan una comprensión más profunda de los procesos sociales. Taller de Acción Cultural *** Contenido CAPITULO PRIMERO pasos previos: "la toma de la Coordinadora" 1. como "allegados" enfrentamos una encrucijada 2. llamamos a organizarse y a levantar una alternativa propia 3. trabajamos simultáneamente en el frente interno y el externo CAPITULO SEGUNDO preparación de "la toma" 1. las motivaciones que desencadenaron el proceso 2. el trabajo rupturista con que impulsamos los cambios desde dentro 3. el contexto que determinó el desarrollo del proceso 4. las estrategias y las tácticas que elaboramos cuidadosamente 5. la dimensión insospechada de las responsabilidades que asumimos CAPITULO TERCERO "la toma" 1. el día de la "toma" 2. reacciones y reflexiones posteriores CAPITULO CUARTO comenzamos a "parar" el Campamento. 1. los que fuimos asumiendo la conducción del Campamento 2. la organización que construimos fue nuestra "espina dorsal" 3. las normas que creamos nos ayudaron a "convivir mejor" 4. empezamos a cultivar una Cultura propia desde la creación de nuevos hábitos 5. el trabajo comunitario nos ayudó consolidar nuestra organización CAPITULO QUINTO las Movilizaciones animaron e hicieron avanzar el proceso que vivía el Campamento 1. nuestra herramienta fundamental fue la movilización 2. tuvimos que tomarnos el Ministerio 3. los dirigentes comenzaron una huelga de hambre masiva 4. "toma" del cuartel general de doña Filomena: Universidad Iberoamericana 5. un paso más: "la toma" de la Municipalidad, del gobierno comunal 6. el sufrimiento de los pobladores no basta: ¿la vida o el derecho a 850 viviendas? 7. marchamos al Congreso Nacional para conseguirle respaldo político al Ministro 8. logramos algo que ni los partidos políticos han podido conseguir 9. hasta el último traslado fue con movilización CAPITULO SEXTO el Campamento engendró nuevos hijos 1. el Jardín Infantil "Estrellita" 2. la casa Popular de la Mujer de Peñalolén CAPITULO SEPTIMO la experiencia del Campamento nos cambió la vida 1. acá en la toma, la mayoría de las mujeres nacimos de nuevo 2. buscando tener una casa llegamos a construir una comunidad viva. CAPITULO OCTAVO 216 familias reciben las llaves de su casa propia REFLEXIONES FINALES ANEXOS *** CAPITULO PRIMERO pasos previos: "la toma de la Coordinadora" 1. como "allegados" enfrentamos una encrucijada Han transcurrido ocho años del comienzo de esta historia y nos reunimos con Olga Leiva, Juan Vera y Miguel Angel, dirigentes del Campamento Esperanza Andina para reconstituir los orígenes de esta experiencia. - Estábamos a fines de 1989 yo venía llegando de Mendoza y me di cuenta que en este país seguía el mismo manejo político, cuenta Miguel Angel, vi que los partidos se dedicaban a organizar comités de allegados ofreciendo una pronta solución a las necesidades que tenía la gente... - Había una frustración grande, continúa Olga y eso nos empujó a sacar algo adelante, sin los partidos políticos. - En nuestra comuna no había solución para viviendas sociales, continua Miguel Angel. Todo lo que había estaba en Pudahuel, La Pintana.... Y nosotros queríamos una solución dentro de la comuna, continúa Olga, porque aquí vivíamos y porque nos estábamos dando cuenta que la planificación de las viviendas en Peñalolén alto ya estaba proyectada con esas "casitas de tejitas" que son para gente de clase media y si no nos movíamos rápido, no iban a quedar terrenos para viviendas sociales. - Y como no había claridad de los partidos políticos hacia sus comités de allegados, explica Miguel Angel, empezamos a conversar con los pobladores y con los dirigentes de algunos comités y entendieron que la cosa era así. Porque para ser de izquierda uno no necesita participar en un partido político. - Nos metimos en la problemática de los allegados porque durante 5 años estuve postulando para mi vivienda en forma individual, cuenta Olga. - Y yo estuve 9 años, continúa Miguel Angel. - Ahí nos dimos cuenta de que en forma individual no íbamos a salir nunca con casa, agrega Olga y siempre nos iban a ir tirando para atrás. Entonces teníamos que darle más fuerza a los comités porque "la unión hace la fuerza". La política habitacional en esos tiempos era muy mala, explica Olga, no digo que esté muy buena ahora, pero al menos ha mejorado un poco, porque con todos los cambios que le hicimos hubo un mejoramiento para toda la gente, hay varias cositas que ganamos y que después las incorporaron al programa Habitacional. Por ejemplo "la vivienda progresiva de modalidad privada" que antes no existía y que consiste en construir con terreno propio. Nos costó un mundo hacer entender al Serviu que era posible y ahora está incorporada definitivamente. Yo partí con el comité No 1, continúa la Olga, eso era en el 3er sector de Lo Hermida, habíamos como 25 familias. La persona que lo organizó de repente se fue y nos dejó solas. Entonces otra señora y yo dijimos: ¡puchas, en qué comité nos metemos porque acá nos dejaron botadas!. Para traer más personas al comité empezamos a hacer el sondeo casa a casa, conversando con gente amiga, ahí se fueron acercando otros y el comité empezó a crecer nuevamente. Nos costó mucho reintegrar a la gente a los comités, sigue explicando Olga, lograr que creyeran en alguien para poder seguir adelante. Estaban reticentes a participar por lo que habían visto: puras promesas, pura demagogia y no pasaba nada. Había comités en que la gente estaba segura de que estaban postulando al Serviu y ni siquiera los habían inscrito. Se habían dedicado más que nada a sacarles la plata y no pasaba nada con sus trámites, continúa Olga, pero poquito a poco fuimos enganchando. José Luis empezó a irse a la biblioteca para traer información a los distintos comités, continúa Olga, ese era el trabajo que él asumió al principio, traernos información de los programas para postular al Serviu, qué decretos regían a cada programa... y todas esas cosas. Después ya nos empezamos a organizar como grupo y comenzamos a hacer el trabajo por sectores y cuando ya tuvimos siete comités en varios sectores de la comuna, nos juntamos todas las directivas y formamos una Coordinadora Comunal de Comités de Allegados, eran todos de Peñalolén. - Yo comencé a participar a través del megafoneo que hizo la Olga en los pasajes, cuenta Juan Vera. También era reacio a participar en los comités, por las mismas razones que contaba la Olga. Los comités eran muy politizados, se dedicaban más a los discursos políticos que a dar soluciones habitacionales, a raíz de eso uno no participaba. Yo iba, escuchaba y me venía, pero nunca quise participar directamente en un comité. Pero un día, la Olga pasa haciendo un megafoneo y yo estaba acostado, me acuerdo, era un día en la mañana. Bajo la radio y escucho a la Olga que dice: "se invita a los allegados organizados y no organizados, a participar en la reunión para la compra de un terreno". Yo me levanté y dije: "voy a ir a escuchar a esta reunión". Fui con un poco de desconfianza, en el sentido de que también podría ser una posible estafa o un engaño. Yo vivía con mi señora y tenía un hijo, vivíamos de allegados, continúa Juan, entonces ese día le dije: "voy a ir a participar (sin tener ni un peso en la libreta) pero voy sólo a escuchar." En la reunión expone la Olga y después José Luis plantea la posibilidad de comprar un terreno, con una subvención muy rápida y solamente hay que tener $50.000 en la libreta. Con eso uno prácticamente queda inscrito. No tenía plata, sigue contando Juan, tenía una bicicleta que era con la que trabajaba pero creí, me convencieron de la situación y dije: "si no me meto en esta, no me voy a meter en ninguna". Lo primero que hice fue vender la bicicleta para depositar la plata. Ahí prácticamente quedé amarrado a la organización. Participaba en las asambleas, intervenía mucho en situaciones de apoyo, era siempre el que quería estar adelante. Yo era monitor y en las movilizaciones motivaba a la gente, siempre me gustaba estar en eso, pero más allá no me quise meter. 2. llamamos a organizarse y a levantar una alternativa propia - Hacíamos trabajo casa a casa, cuenta la Olga, nos metíamos a conversar con los allegados, le pedíamos permiso a los dueños de casa. Porque en los patios traseros de las casas... mediagua más mediagua, vivían los allegados, hacinados... A eso le llamamos "la miseria de los patios traseros". Entonces allá íbamos a conversar con ellos, les hacíamos ver qué significaba la vivienda para la gente, cuáles eran nuestras intenciones... hasta que empezamos a convencerlos...¡costó mucho!. Lo que más los empezó a enganchar fue que comenzamos a movernos por terrenos y a partir de eso nuestro parlamento fue: "es posible la compra de terrenos", eso fue lo que le tincó más a la gente, explica la Olga. Así se fueron metiendo, ante la idea de comprar el terreno. Entonces empezamos a planificar cómo postular con un terreno propio, porque eso no estaba dentro de los proyectos del Serviu. -El terreno fue importante porque había que tener algo concreto para poder organizarse, yo llegué a tener más de 260 familias en un solo comité. - Hicimos una Asamblea ampliada donde llamamos a todos los allegados de la comuna, explica Olga, los llamamos para decidir cuál sería el camino de la lucha social, precisa. ¿Te acuerdas? - Claro, responde Miguel y quedaron tres alternativas, una sería seguir la postulación a través del Serviu, la otra no me acuerdo cuál era y la tercera era "la toma". - En realidad fue una jornada de la mañana a la noche, no fue Asamblea, dice Olga. Y citamos a un asesor del Ministerio de la Vivienda que después se llevó todas las inquietudes de la gente. 3. trabajamos simultáneamente en el frente interno y el externo Al tercer día, después de la Jornada, nos llegó una carta del Ministerio diciendo que lo que nosotros estabamos planteando no era posible, que no se podía postular con terreno propio porque eso no estaba en los planes del Serviu. Ahí organizamos la marcha al centro, como un mes después. Queríamos demostrar que si no había disposición del Ministerio para solucionar el problema de los allegados, que podía ser la vía más rápida, entonces íbamos a seguir adelante. Le llevamos una carta al presidente Aylwin diciéndole que teníamos que movilizarnos en vista de que los programas Serviu y la política habitacional no estaban hechos para la gente más pobre y solo favorecían a los de clase media para arriba, cuenta Olga. Al segundo día, nos mandaron una carta diciendo que un asesor nos iba a recibir en el Ministerio de la Vivienda. Fuimos, pero tampoco llegamos a ningún acuerdo con él, continúa Olga, entonces pedimos hablar con el Secretario Ministerial, Jaime Silva. Preparamos la reunión como siempre, viendo los pro y los contra, llevando varias alternativas por si nos iba mal en esto, si nos decían lo otro, qué vamos a decir contra esto, cómo vamos a atacar esto otro. Siempre uno va preparado, dice la Olga. - Un día hicimos una Asamblea en los Galpones y de ahí nos vinimos de a pié a los terrenos, estuvimos todo el día, recuerda Miguel Angel. Hicimos una porotada, vinieron todos los comités, los niños, los adultos, hasta tomamos champagne. - Fue una porotada de reconocimiento de terreno, complementa Juan. - Para organizarla hubieron comisiones porque siempre trabajamos con comisiones de cocina, para la leche de los niños principalmente, dice Olga. Eso se derivaba de que como veníamos saliendo de la dictadura y muchas mujeres habían participado en las Ollas Comunes, entonces el proceso de organización se hacía muy rápido, por las secuelas que nos dejó, explica Miguel. - Después de eso la gente ya se sentía como dueña de los terrenos, dice la Olga y eso era bueno. - Esas son las situaciones que se ven como estratégicas: mantener a la gente activa y entusiasmada, agrega Juan. - Hay detalles que parece que no significaran mucho, cuenta Olga, pero para la gente son super importantes. Las cosas se organizaban previamente, un comité tenía que poner una cosa, otro tenía que poner otra, por ejemplo se veía cuánta gente tenía que poner porotos. Cuántos tenían que poner tallarines, el aceite, todo eso se veía antes. De dónde sacábamos el pan, de a dónde la leche para los cabros chicos... La gente de los comités lo ponía todo. - En ese tiempo tuvimos problemas porque justo en estos terrenos que quería la Coordinadora iban a hacer un parque, explica Miguel. Decían que tenían planificado hacerlo, pero no era verdad sino que no querían que llegara gente de escasos recursos al sector. Lo que querían era hacer casas caras, lo del parque era una estrategia para ganarse a la gente, porque a todos les gusta tener un parque. Por eso nos costó tanto cambiar el plano regulador, porque este les daba la seguridad de que no se iban a construir viviendas sociales. La idea nuestra era postular a los subsidios pero con una promesa de compraventa, porque así dábamos la garantía de tener el terreno en la mano, continúa. Como veíamos que la directiva no daba a basto para andar avisando de las reuniones y juntando a la gente, entonces se nombró un monitor por cada 10 familiias y ellos se encargaban de ese trabajo. - Los monitores se elegían de entre los que hablaban más, los que preguntaban más, porque siempre hay gente inquieta que está dando ideas y están más interesados en la problemática que se está trabajando, comenta Juan. - Cada uno tenía que hacerse cargo de sus familias y sabía qué roles le correspondían al grupo. Y las familias reconocían a su monitor o monitora, agrega Olga. Había más mujeres que hombres, porque a los hombres no les gustaba... Pero fueron muy buenos monitores, las familias que tenían a su cargo eran como sus familias, entonces sabían todo. Si un niño se enfermaba nos tenían que informar a nosotros, todo se decía. Si se estaban mojando, si había que ir a llevarles leche, si alguien tenía problemas económicos... - Lamentablemente hay personas que eso no les gusta, pero uno se tiene que meter adentro de la familia. Hay que saber si la persona que está postulando, tuvo casa antes o si fue casada y ahora está separada y no tiene ninguna posibilidad de postular, porque entonces hay que hablar con el compañero para que ella no pierda la postulación, dársela a él o al revés. A veces se hacían rifas y los monitores también se encargaban de eso, que mayormente se usaba el huevo, cuenta Miguel. Hubo harta gente bien empeñosa y bien combatiente. - Cuando se preparaba una movilización en el comité, recuerda Juan, se tiraba el tema a la mesa y los dirigentes planteaban: este es el problema; entonces se discutía cuál es el camino por donde había que buscar. En base al camino se buscaba la entrada y en ese sentido, se daba una ronda de discusión frente al tema: ¿cómo evitar la represión? ¿cómo evitar los conflictos con carabineros? ¿cuál era el objetivo?, porque todo tiene un objetivo y dentro de lo que uno busca, siempre van a haber trabas, entonces hay que ver cómo evitarlas, cómo ir saltándolas. Siempre hay gente que tiene miedo, pero la diferencia esta en la forma en que se plantean las cosas. Si uno les presenta un problema, una situación que vaya para donde vaya no tiene solución y les explica que el único objetivo es la movilización, pero uno conversa con la gente, ellos se motivan y se les quita el miedo. - Un tiempo después, cuando fuimos a hablar con el Seremi nuestro objetivo eran los subsidios, explica Juan... - En esa reunión teníamos que aclarar varias cosas, continúa Olga, primero ¿cuándo iban a salir publicados los subsidios?, ¿cuánto iba a ser el crédito? - Al cabo de un año ya teníamos los comités organizados, todos tenían sus trabajos de base, dice Miguel Angel. - Avanzamos harto, en el año tuvimos el terreno listo con promesa de venta. Después de hartas luchas eso si, explica Olga. La plata que se dio como pie para la promesa de compraventa eran $7.100.000 y el resto se iba a pagar con la plata de los subsidios, continúa Olga. Pero al vencerse el plazo y no tener los subsidios otorgados - el contrato lo decía - perdíamos nuestro pié. En la reunión con el Seremi logramos bien poco porque nos quiso pelotear... entonces hicimos "la toma" para que los subsidios salieran en un tiempo récord, a raíz de que se estaba arriesgando perder los siete millones. Así denunciamos el trámite tan largo que arriesgaba el ahorro que tanto le costó juntar a la gente. Y nosotros teníamos que velar por eso... Y además, continua, teníamos la información de que no nos iban a otorgar los subsidios, porque les había chocado la movilización que hicimos en Grecia con Ictinos, entonces nos tenían castigados. A lo mejor ni siquiera era así, pero mientras más se demoraban en entregar los subsidios, más creíamos que era verdad, dice Olga. - Hicimos "la toma" el viernes 8 de Noviembre de 1991. Estuvimos 5 días en el lugar, recuerda Olga, también se organizó bien la Olla Común, la repartición de alimentos... - teníamos policlínico, agrega Miguel. - y también teníamos guardia, continúa Olga. Todo estaba bien organizado. Los alimentos los habíamos juntado antes y los llevamos para arriba. - Queríamos ver cuál iba a ser la reacción del dueño de los terrenos que era Arturo Canales, explica Miguel. Y ahí se demostró que él estaba al lado nuestro porque ni siquiera le avisamos que se iba a hacer "la toma" y llegó con su auto a saber cuál era el motivo. Le explicamos que seguíamos respetando la promesa de compraventa pero hacíamos este movimiento para apresurar los subsidios al Serviu, esa era la parte fundamental, continua. Después llegaron los señores guardianes de la ley y también se les explicó. Dijeron que si el dueño de los terrenos pedía el desalojo, ellos inmediatamente procedían. Pero el hombre estaba muy claro de cuál era el movimiento que estabamos haciendo así que les dijo a los carabineros que no, que eran sus terrenos y que no había ningún problema. El mismo día lunes mandaron una persona del Serviu, el Seremi. Vinieron don Jaime Silva y Fernando Poirot, diciendo que el día martes nos iban a recibir para ver qué medios eran más viables para obtener los subsidios. El quinto día don Fernando Poirot nos comunicó que los subsidios estaban acordados y fuimos a una segunda reunión a buscar un certificado de que era verdad, cuenta Miguel Angel.Ese día le dimos la noticia a la gente de que nos había ido bien, que ya estaban acordados los subsidios así que empezaron a desarmar las carpas. Después de "la toma" del terreno empezamos a apurar los subsidios y a ver cuáles eran los trámites que teníamos que hacer para conseguirlos porque nunca lo habíamos hecho. Para eso comenzamos a trabajar con el Serviu y a conectarnos más con la parte institucional. Mientras tanto los comités se seguían reuniendo porque tuvimos reuniones hasta el final, recuerda Olga. "La toma" de la Coordinadora fue un proceso rápido y ordenado porque las circunstancias se dieron. CAPITULO SEGUNDO: preparación de "la toma" 1. las motivaciones que desencadenaron el proceso En nuestra experiencia los que hacen posible que la gente pueda satisfacer sus necesidades básicas, muchas veces no son los mismos interesados, sino los dirigentes que, visualizando la situación a futuro, estimulan a los grupos para que se organicen y luego los ayudan a encontrar los medios para que logren sus objetivos. Por supuesto que en este caso, se trata de dirigentes que teniendo un conocimiento y una comprensión profunda de su rol, optan por asumir el compromiso que este exige con la organización. En esta ocasión nos reunimos con Miguel Angel y Juan Vera que reflexionan sobre el proceso vivido en la Coordinadora, intentado sistematizar los pasos que fueron haciendo avanzar a la organización. Yo en lo personal, siempre he pensado que en este país faltan muchos dirigentes sociales, dice Miguel Angel, porque el daño que hizo la dictadura fue demasiado para la gente más pobre. Hay mucha gente capacitada para hacer cualquier tipo de actividad y no lo pueden hacer por el miedo que les quedó, que los dejó sumidos en su mente, en su vida cotidiana. Esa es una razón y la otra es que el sistema de este país es malo, porque yo le puedo dar la mejor educación a mis hijas, pero el día de mañana salen al mundo laboral y no van a tener pega, aunque sean profesionales, continúa. Eso hace daño porque uno se da cuenta de que en este país la cosa va en sentido contrario de la gente, pero es ella misma la que favorece este sistema. Uno se da cuenta de que la torta está muy mal repartida y eso es lo que la gente no quiere darse cuenta. - A mi lo que me marcó primero fue la situación que yo viví, cuenta Juan, porque no es lo mismo ser propietario que arrendatario o allegado. Me marcó haber vivido esa situación y después tener la alegría que se siente cuando uno llega a tener su casa. Y lo otro fue ver la desconfianza que tuvo la gente y yo mismo, para participar en una organización como esta. También me hacía pensar el hecho de que yo no había participado mucho en la Coordinadora y solo al final me puse las pilas y comencé a participar. Porque yo vengo participando desde los 12 años, como presidente de curso, presidente del Centro de Alumnos, en la Iglesia, siempre destacándome como dirigente. Y en este espacio que era mi casa, donde yo tenía una necesidad, no había participado como debía hacerlo, entonces me sentía vacío. Así es que si ahora tenía la oportunidad de participar en una nueva experiencia... "esta es la mía, dije, aquí yo participo". Ese es el motivo principal que me guió a estar acá. También me marcaron los problemas sociales del sistema, entender la problemática gubernamental, lo que estaba pasando en la postdictadura y tratar, a través de mi experiencia, de mostrarle a la gente que uno tiene que meterse y ser el primero. Porque es algo en lo que uno, su familia y sus hijos se están jugando, reflexiona Juan. Eso principalmente fue lo que me llevó a seguir participando... además de los problemas de la vivienda. Yo creo que la participación que tuve antes en la iglesia fue algo similar, continúa Juan, porque lo que nos guiaba en ese entonces era que la dictadura nos tenía entrampados, castigados y también desorganizados. Entonces a través de la Iglesia, uno trataba de unificar y de discutir los problemas sociales a nivel general. Cuando entré al Comité de allegados tenía desconfianza frente a lo que no fuera de Iglesia, pero quería ver qué es lo que iba a pasar y pensando en mi casa... cuenta Juan. - Yo nunca había participado ni siquiera en clubes deportivos porque no me gusta el fútbol, cuenta Miguel Angel, me iba de la pega a la casa. Y por la necesidad de trabajar, me vi en la obligación de entrar en una empresa tan grande como era el POJH. Pero eso era un parche nada más, no me daba lo que yo necesitaba, entonces tuve que recurrir a una Olla Común que quedaba muy cerca de mi casa, en una Capilla que se llamaba Espíritu Santo. Esta Olla estaba dirigida por mujeres y yo empecé a ayudar, iba a la Vicaría a buscar los alimentos no perecibles y los traía en un triciclo. Iba después de mi pega porque con eso yo aportaba a ganarme este plato de comida. Así estuve alrededor de 6 meses y fue en ese momento cuando la directiva se encontró muy saturada porque todos los días estaba llegando más gente. Un día nos llamaron a todos a reunión, había una gran cantidad de gente por todos lados y yo estaba como una persona más no más, sin saber nada, cuenta Miguel Angel. Entonces las mujeres explicaron que por el hecho de ser mujeres no daban a basto, por la propia circunstancia que estaban pasando, de sacar la Olla Común adelante y dijeron que necesitaban que se plegaran hombres a la directiva. La gente estuvo de acuerdo con eso y empezó a pedir que ellas mismas nombraran personas que hubieran demostrado tener algunas cualidades. Y lo primero que hicieron fue nombrarme a mi... Entonces le hice un gesto a la señora diciendo que no, que elijieran a otra persona y toda la gente empezó: ¡no! ¡tú, tú, tú...! Me gané en la mesa y en las primeras palabras ya me puse tartamudo por el nerviosismo... ¡y en ese momento se corta la luz...! Pusieron dos velas... yo me concentré en ellas y no veía a la gente, entonces automáticamente empecé a contar mi historia, recuerda Miguel Angel, identificándo el proceso de la dictadura, ¿por qué estabamos recurriendo a las Ollas Comunes? ¿por qué estabamos metidos en el POJH? ¿por qué había un gobierno tan cruel? ¿por qué eran las protestas y las necesidades que tenía la gente? y hasta saqué aplausos. ¡Era la primera vez que yo podía hablar ante tanta gente!. Ahí comencé como dirigente social de las Ollas Comunes y empezamos a organizarnos, teníamos que hacer 420 raciones de almuerzo todos los días. Tuvimos grandes problemas con las comunidades cristianas, nos tenían estrictamente prohibido que tocáramos las campanas en los días de protesta. A mi me gusta mucho la acción, creo que soy una persona de pocas palabras. Y a eso se debe que yo viera que este proyecto de la Coordinadora iba a permanecer en el tiempo. Porque las acciones quedan aún después que uno esta muerto, reflexiona Miguel Angel. - Un día en una reunión de Coordinadora nos preguntamos que cuál de nosotros, teniendo la capacidad que teníamos, podría seguir haciendo un trabajo social, recuerda Juan. Porque ya teníamos una experiencia y con ese desarrollo, no podíamos irnos para la casa y olvidarnos de la capacidad que habíamos adquirido. La mayoría dijo que si, que podíamos seguir haciendo este mismo trabajo de la Coordinadora, pero a otro nivel. Y así fue como se organizó la Intercomunal de Allegados. 2. el trabajo rupturista con que impulsamos los cambios desde dentro Al observar el camino recorrido por los dirigentes nos damos cuenta de que en todo momento, su mirada está atenta a cada detalle de la vida de las personas y,simultáneamente, al contexto en que estas viven. A lo largo de todo el proceso nos encontramos con que ellos construyen y conducen con sus ojos puestos en un futuro que se hace desde el hoy. En este, están presentes lo político, lo cultural, lo económico, lo social... A la reflexión de Juan Vera y Miguel Angel se incorporan José Luis Flores y Olga Leiva que han sido los protagonistas principales de la hazaña realizada por los pobladores del Campamento. Como pronto iban a haber elecciones, los dirigentes de la comuna hicieron una reunión y decidieron llevar un candidato a Concejal, cuenta Juan Vera. - Miguel Angel dijo: bueno, con un Concejal propio que esté en el Consejo, podemos hacer una labor rupturista desde adentro. Porque como movimiento social ahora rompemos desde abajo, pero luego topamos con un sistema que está arriba, entonces tenemos que enquistarnos en él para impulsar los cambios por dentro. Y para eso necesitamos tener a alguien ahí. - El objetivo de movilizar a la Municipalidad era un objetivo general, común de todo el mundo, continúa José Luis. Antes habíamos movilizado a las Juntas de Vecinos entonces ahora dijeron: "hay que meterse a la Municipalidad también". - Así surgió la idea de postular a alguien, cuenta José Luis. En un momento pensamos que podíamos tener éxito, por eso en la reunión tiramos la candidatura y después de una discusión de muchas organizaciones sociales salió elegida la Olga, por votación. La candidatura a Concejal de la Olga nació en el año 1992, para las primeras elecciones democráticas de Alcaldes y Concejales, explica José Luis. Tiramos la candidatura porque ya se había producido la crisis de la izquierda, eso fue antes de la decisión de "la toma" de terrenos. La izquierda de Peñalolén estaba hecha pedazos, el partido comunista estaba en sus peores momentos, el partido socialista estaba viviendo una crisis por haberse ido a la Concertación, sus bases estaban muy descontentas. La gente del Mir y del Frente Patriótico estaban dispersas en organizaciones sociales que no respondían a la conducción de un partido específico. Entonces captamos que en las organizaciones sociales de Peñalolén había una falta de identificación con las candidaturas que se iban a levantar, explica José Luis. - Miguel Angel quedó como jefe de campaña, yo como encargado de propaganda y se distribuyeron las tareas... El trabajo de los comités de allegados y el de la campaña eran paralelos, pero con el mismo objetivo-cuenta Juan Vera. - En plena campaña, recién empezamos a revisar cómo era la ley electoral y nos dimos cuenta que las posibilidades eran nulas, dice José Luis. Como la candidatura coincidió en el tiempo después se la trató de vincular con "la toma", pero no demasiado porque teníamos una fuerte crítica hacia la instrumentalización política de las organizaciones sociales. Además como la campaña de la Olga no era una campaña política partidista, lo que hacíamos era mostrarla en los comités de allegados de la Intercomunal, pero sin hacerle propaganda. A la gente no le decíamos: "entre a este comité, pero tiene que votar por la Olga". Y con o sin candidatura, el rol de ella en "la toma de terrenos" habría sido el mismo. Igual porque ella pesa por ella misma, afirma José Luis. En la candidatura la Olga hacía una propuesta, los rayados decían: "la solución de los allegados de la comuna, dentro de la comuna". Otros decían: "todos los terrenos para los allegados". Entonces a nivel de la comuna, la Olga creó una especie de sensibilidad así que cuando se hizo "la toma", la mayoría de los candidatos a Alcaldes o a Concejales simpatizaron con ella. Unos estaban a favor y otros en contra de "la toma", pero se opusieron a que hubiera represión y eso ayudó un poquito, explica José Luis. - Mi candidatura no prosperó como tampoco las de los otros candidatos independientes, cuenta Olga. Pero fue importante porque la gente de la comuna se incentivó ante la posibilidad de tener un candidato propio. Y con eso cumplió un rol significativo para el avance del trabajo social. 3. el contexto que determinó el desarrollo del proceso La interacción de los frentes interno y externo exigen la elaboración y revisión constante del diagnóstico, pues así como un error en este aspecto puede detener el proceso, la exactitud con que actúan los dirigentes les permite aprovechar al máximo los recursos que se ofrecen desde el exterior... La "toma" de la Coordinadora se hizo en Noviembre de 1991. Era un momento de efervecencia en el movimiento de allegados, por las expectativas que habían generado las campañas de la Concertación y del gobierno de Aylwin, explica José Luis, presidente del Campamento. En ese tiempo los dirigentes de la Coordinadora se planteaban derechamente la posibilidad de una secuencia de lucha de los allegados en Santiago. Incluso hicimos un encuentro de dirigentes, en un cole-gio de La Faena, salió un reportaje en la Nación. Anduvimos con dirigentes de allegados de varias comunas, pero la experiencia no prosperó por lo de siempre, por los huevones de los partidos políticos que andaban peleándose por tener el timbre y la campanilla. Y como no éramos partido, no teníamos capacidad para contrarrestarlos, entonces frente a eso hacíamos lo más fácil, nos replegábamos y dejábamos a los tipos ahí. Esa era la realidad, en todo Santiago había muchos comités atomizados, hablábamos de movimiento de allegados, pero desconocíamos la actitud instrumentalizadora de los partidos políticos y cuando aparecían ellos, nosotros dejábamos el asunto. Hasta que el proceso de la Coordinadora termina y culmina con éxito pues 350 familias logran su objetivo de solución habitacional, cuenta José Luis. Y justo en el momento en que se está terminando, alguien propone hacer esta segunda toma. Y lo propone motivado por una señora llena de cabros chicos que bajo la lluvia pide un cupo que no teníamos. Entonces es una huevá sentimental, emotiva y el tipo dice: ¿por qué no hacemos una segunda toma?. Los demás que estábamos ahí, afectados por el cuadro que se veía, dijimos: ¡claro, hagámosla! recuerda José Luis. Yo también estuve de acuerdo en hacerla, continúa, pero obedeció a una cuestión emotiva. Hay gente que no tiene casa y anda sufriendo... señoras en la lluvia, con cabros chicos... gente que andaba golpeando las puertas para que le diéramos cabida en la solución de la Coordinadora y ya no teníamos cupos. Entonces ¡hasta cuándo cresta!. Bueno ya, hagamos otra... No hubo un análisis de las circunstancias políticas, ni de quiénes iban a ser los aliados, ni de las perspectivas o de la posibilidad de contar con terrenos fiscales, que es donde se han hecho las tomas de terreno históricamente, explica José Luis. Pero lo principal fue que no hubo un análisis político donde viéramos si existían las condiciones adecuadas para hacer una toma de terrenos o si ese era un momento de ascenso del movimiento social o particular de los allegados en Santiago, ni tampoco hicimos un diagnóstico sobre otras organizaciones de allegados o sobre la actitud que podría tener el gobierno ante una toma... No, ningún análisis. - En Marzo del 92 comenzamos a organizar la Intercomunal de Allegados, José Luis parte encabezando la situación con algunos dirigentes de la Coordinadora. Se proponen organizar comités en diferentes partes de la comuna y fuera de ella, para eso se distribuyen las tareas. Una vez que él ya tenía establecido esto, recorrimos los comités para que nos fueran conociendo. Cuando ya teníamos organizados a los "allegados" se hizo una Asamblea y eligieron a José Luis de presidente. A raíz de eso se estudian las estrategias, pensando en que la alternativa es una toma, cuenta la Olga. - Sin que nosotros lo supiéramos, en ese tiempo los gobiernos de Noruega, Suecia y Alemania estaban solicitando que el de Chile justificara las platas para viviendas sociales que ellos estaban entregando. El Ministerio de la Vivienda necesitaba urgentemente hacer un recuento de las demandas y para eso revisó los distintos comités de allegados, evaluó quién era capaz de organizar a la gente y se fijaron en nosotros, cuenta Miguel Angel. - Ahí nos llamaron a una reunión al Serviu para ofrecernos 1.000 subsidios porque creían que éramos capaces de organizar a la gente, continúa Juan Vera. - Un mes después, ya teniendo los comités formados, nos llamaron de nuevo del Serviu para decirnos que se habían equivocado, recuerda Olga. Que eran solo 500 subsidios y además teníamos que competir con otros "allegados". Entonces decidimos hacer "la toma". - Llevábamos tres meses en la organización de los comités y en ese momento recién hicimos un estudio de los terrenos, agrega José Luis. Eso debió haberse hecho antes pero se hizo después y llegamos a la conclusión de que si se hacía "la toma", había que hacerla a un privado porque en esta comuna no había terrenos fiscales. Ahí la cosa se puso más pesada, pero igual se mantuvo la decisión de hacer "la toma". Cuando ya la decisión estaba tomada masivamente, hicimos el trabajo de relaciones públicas o relaciones sociales o políticas. Recién ahí nos empezamos a acercar, primero a los que después iban a formar el PT y que estaban funcionando en una especie de Asamblea, no me acuerdo qué nombre tenían. Y también a la Fabiola y a algunos militantes de partidos políticos, pero con ellos nos relacionamos como personas. Los del Movimiento de Acción Sindical (MAS) que eran parte de lo que iba a ser el PT, fueron el principal apoyo que tuvimos. Una vez que la gente tomó la decisión de ir a "la toma", hicimos un diagnóstico del panorama social, empezamos a observar y a decirnos: "bueno, están los estudiantes, pero ellos van a captar poco. Irán a haber dirigentes estudiantiles, pero olvidémonos de que vaya a haber una muchedumbre de estudiantes embarcados en esto . Va a estar el Codepu, va a estar el MAS, van a haber dirigentes en forma particular, van a estar las organizaciones vivas de Peñalolén y eso es todo lo que va a haber, que no es mucho tampoco", afirma José Luis. Recién ahí hicimos el análisis... El que estaba en mejor pié era el MAS porque eran dirigentes sindicales de verdad, no de representación. Alrededor de ellos giraba un montón de profesionales, gente de ONGs y de otros organismos, ahí fue cuando se nos amplió la cosa, cuenta José Luis. - En ese tiempo se habían coordinado algunas ONGs que trabajaban en el sector y que establecieron como primera prioridad el apoyo al Campamento. Nos distribuímos las tareas de acuerdo al área de trabajo de cada una, el Pirete presentó un programa de capacitación, el Epes ofreció un apoyo en salud, el Quercum prestó asesoría legal a los pobladores, para la negociación. De uno de los dirigentes del Campamento nació la idea de ir haciendo un registro histórico del proceso, para que esta experiencia le pudiera servir a otros "allegados" y organizaciones sociales. Como en el Tac veníamos desarrollando un programa de "Recuperación de la Memoria Histórica" nos ofrecimos para trabajar juntos. Ese fue el orígen de "Campamento Esperanza Andina: por el derecho a soñar" libro publicado en 1992 y que registró la historia del primer año de vida. - El sólo hecho de contar con el apoyo de esos grupos hizo que muchos otros también engancharan, concluye José Luis. 4. las estrategias y las tácticas que elaboramos cuidadosamente Llegado el momento de la acción es necesario "afilar la puntería", se requiere la precisión de un joyero pues un error puede costar la vida. Los dirigentes enfrentan un gran desafío, nadie puede reemplazarlos pues ellos tienen en su mano todos los elementos para diseñar este instante clave del proyecto... es lo que nos va describiendo José Luis Flores... La estrategia era quedarse con los terrenos, pero la cuestión táctica del día, del momento, es cuando se colocan las carpas y llegan los pacos... ¿cómo hacer todo eso?. Uno de los análisis más concienzudos que se hicieron fue el de la parte táctica de "la toma". Ahí hubo un análisis bien a fondo que llevó horas y horas, días y días. Ese lo hicimos nosotros sólos, entre cinco personas, porque estas cosas no se pueden discutir públicamente., explica José Luis. Se trataba de ver si "la toma" iba a ser con o sin enfrentamiento. Y eso no era una casualidad. Tampoco se trataba de que se le tuviera temor a los pacos, ni que hubiera más o menos golpes. Si se trata de que "la toma" sea un acto de propaganda lo hacemos con enfrentamiento, dijimos, si quedarnos con los terrenos no es lo más importante y lo más importante es que exista un momento de enfrentamiento de los pobladores con las fuerzas represivas para criticar al gobierno, para cuestionarlo, para decir que la transición es mentira y que sigue funcionando el sistema de la dictadura, etc. entonces en ese caso "la toma" hay que hacerla con enfrentamiento. Pero en el enfrentamiento vamos a perder y al perder en el enfrentamiento, vamos a perder los terrenos. Eso nos lleva a tomar otra decisión. La decisión que se tomó fue evitar el enfrentamiento para asegurar el terreno. En la medida en que no hubiera enfrentamiento, ni desalojo violento, nosotros seguiríamos conservando la fuerza. Teníamos que movernos con astucia para seguir quedándonos en el terreno. Ahí entonces fue cuando se planificó que "la toma" empezaba a tal hora y en ese momento tenía que estar la Fabiola, tenía que estar la prensa y había que tener un buen manejo de prensa. Había que negociar y bloquear a las fuerzas represivas y simultáneamente mandarle recados al gobierno haciéndole saber que no le convenía reprimir. Es por eso también que "la toma" se hizo una semana antes de las elecciones municipales en todo el país. Y también fue por eso que se hizo en día viernes porque dijimos: si logramos sortear el día viernes, después vienen el sábado y domingo en que los aparatos político institucionales no funcionan, el Ministerio del Interior, la Intendencia, etc. Entonces cabe la posibilidad de que obliguemos al gobierno a postergar para el día lunes su decisión de sacarnos y así tenemos dos días a favor nuestro para fortalecer la organización de "la toma". Además el fin de semana tenemos la posibilidad de que los organismos vivos de Peñalolén estén ahí con nosotros. Esa fue la parte que llevó más discusión, primero: definimos que el objetivo estratégico era quedarnos con los terrenos conservando toda la fuerza. Pero para conservar toda la fuerza había que evitar al máximo el enfrentamiento. Si se hacía "la toma" un día viernes, una semana antes de las elecciones municipales, encontrábamos al gobierno en una situación difícil como para tomar una decisión de represión violenta, porque era un hecho que esto iba a causar conmoción. Igual se manejaron distintas alternativas: una era, si de todas maneras nos reprimen ocupamos las calles de la comuna con la gente. Ocupamos todas las veredas, van a ser cuadras y cuadras y nos vamos a quedar esperando la posibilidad de la retoma. O sea sacamos el conflicto a la calle y lo mantenemos ahí. Otra alternativa fue: si las fuerzas represivas son muchas y el enfrentamiento se hace inminente, nos replegamos a un terreno que aparentemente no es de "la toma", pero que si lo era... Afortunadamente esto último resultó y nos mantuvimos en la parte de abajo del terreno, cuenta José Luis. Además se hizo un análisis en relación a otros actores que podían estar en "la toma", que eran los grupos de ultraizquierda. - Hacer una toma de terrenos en el año 82, 83 con milicias populares, con brigadas rodriguistas era absolutamente necesario y lícito, dijimos, porque en ese tiempo esas organizaciones tenían conducción y respondían a una conducción política clara. Los militantes tenían más disciplina. Pero en este momento no, porque el año 92 ese tipo de gente estaba sin conducción, muchos de ellos estaban rayando en la delincuencia, había un descontrol sobre la tenencia de las armas, mucha cabrería al cuete... Entonces se tomó la decisión de no permitir el acercamiento de gente que provenía del Mir, del Lautaro o del Frente Manuel Rodriguez a la toma. Esa fue otra decisión importante, no porque no hubiera simpatía hacia ellos, la simpatía existía de todas maneras, pero había una fuerte crítica a lo que era su accionar en ese tiempo. Si ellos hubieran llegado a la toma, habrían llegado con las pañoletas y a la primera molotov o disparo que hubieran tirado, se nos escapaba la conducción. Ya habíamos vivido la experiencia de lo que fueron las últimas protestas en este país, en que por la falta de conducción que había, dominaron más los delincuentes que los convocantes y además, porque esas organizaciones ya estaban muy desnaturalizadas. Ese fue el análisis importante que hicimos, afirma José Luis. 5. la dimensión insospechada de las responsabilidades que asumimos El impacto que se produce en los dirigentes por la responsabilidad que sienten hacia sus bases, por la experiencia compartida con ellas, hace que en los momentos previos a la acción, cuando se intuye el riesgo... se acreciente en ellos la angustia. La acción siempre implica un riesgo, ya sea frente al cumplimiento de los objetivos, al daño físico que puedan sufrir las personas, a las frustraciones... Todo esto pesa sobre los dirigentes, especialmente al llegar la vigilia. Es el momento en que se recurre a la memoria y se recorre el pasado buscando atrapar cualquier conocimiento que hubiera quedado de lado, cualquier idea que en el último momento pudiera servirles para asegurar el éxito de la misión emprendida... Hasta el día antes de la toma, nuestra primera preocupación fue por el sentido de responsabilidad hacia a la gente, porque les habíamos creado una ilusión, una ilusión fuerte., cuenta José Luis. La consigna principal que se gritó en cada Asamblea de cada uno de los 14 comités fue ¡nunca más allegados! "La toma" fue decidida por cinco personas que dijimos: "esto va a terminar en toma de terrenos". Claro porque sabíamos que cualquier otro camino era ilusorio, era mentira. Teníamos la decisión, después se la transmitimos a los dirigentes de los comités, planteamos la alternativa en reunión y se votó. La votación fue cien por ciento a favor de "la toma" y después pasamos a la Asamblea de comités. En el 90 cuando la gente de la Coordinadora decidió hacer una toma, se organizaron los comités sabiendo que íbamos a la toma, continua José Luis. Pero ahora, cuando en los distintos barrios se convocó a la gente allegada a reuniones, se les dijo: "esto va a ser un comité de allegados, los vamos a dirigir y a apoyar". La imagen de la Coordinadora era de una experiencia exitosa, entonces la gente sintió confianza en nosotros porque si los dirigentes ya habían hecho algo exitoso, también a ellos les podía resultar. - Entonces les dijimos: vamos a seguir todos los pasos legales que tiene el sistema y si eso falla, de todas maneras vamos a buscar una solución efectiva. La gente lo entendió así de simple de que si no era por un lado, sería por el otro, explica José Luis. Incluso después de esa reunión en la Asamblea, ya se fue un poco más claro: "o es a la buena o es con movilización, pero estos comités no son pa' estar hueveando". El que entra aquí, después entra a una casa pero no viene a perder el tiempo. Pero si alguien viene aquí pensando que nosotros vamos a aparecer con las llaves de la casa o que esto va a ser algo fácil, mejor que no venga. Estas son organizaciones donde todos somos actores, donde todos tenemos responsabilidades y todos nos vamos a jugar; dice José Luis. Por eso el comité y sus comisiones tienen que funcionar bien, tiene que haber buenas directivas y tiene que haber transparencia y respeto. Entonces la gente captaba, intuía que esto iba a terminar en toma. Igual sacamos la ficha CAS, la gente empezó a juntar plata en la libreta, se llenaron los formula-rios, se llevaron al Serviu, se postuló, se hizo toda la cuestión burocrática que tiene el sistema. La gente trabajó muy bien, sabiendo que eso iba a justificar "la toma", pero que la solución no era por ahí, recuerda José Luis. - Un día, llegamos a la Asamblea junto a la directiva de los comités, planteando que el camino burocrático no servía, que se había agotado porque se hicieron todos los esfuerzos... "Aquí hay dos alternativas dijimos: o se deshace el comité y todos pa' la casa o vamos a la toma de terrenos". - Y la gente decidió "la toma" de terrenos. - Hubo dos comités donde hubieron deserciones, en los otros la decisión fue con aplausos y con el grito de: ¡Nunca más allegados!. Entonces les dijimos: el día que convoquemos a la toma, cuando se les diga ¡vamos! nunca más volverán al lugar desde donde salieron. Por eso cuando se hizo la toma, la gente salió con una ilusión demasiado grande porque estaba todo en juego, era el cara o sello. Esa tremenda ilusión hizo que los dirigentes fueran adquiriendo una responsabilidad cada vez mayor porque nos dimos cuenta de que todo el mundo nos miraba, que la gente pensaba que la suerte de ellos dependía de nosotros. Aunque nosotros pensábamos al revés... Eso hizo que todo el esfuerzo de los dirigentes pasara por preocuparse de crear el mejor organigrama fuera posible, el mejor plan de la toma, por revisar los detalles... El cien por ciento de la capacidad cerebral de los dirigentes estuvo puesto "en el momento de la toma y en cómo enfrentar la cuestión represiva". El cerebro de nosotros no estuvo puesto en las perspectivas, en lo que iba a significar, en cuál iba a ser su desarrollo, imposible, dice José Luis. Yo a los 15 años estuve en la toma de terrenos "Magali Honorato", acompañando a mi abuelita y de ahí a "Nueva la Habana" en 1970, cuenta José Luis. En el año 80 me tocó hacerme cargo de la conducción de la toma "22 de Julio" en La Bandera, cuando se produjo la fuerte represión a los que estaban conduciendo y tuvimos que asumir nosotros. Después fue la "14 de Enero"... Pero la diferencia entre la toma "14 de Enero" y ésta del Campamento, es que quien dirige la toma 14 de Enero, arma todo el cuento y conduce en todos los aspectos es el Mir. Y es el Mir en un buen pié, entonces es el partido el que hace el análisis, es el partido el que ve las perspectivas, el que ve cómo la toma se engarza con una serie de hechos que se están desarrollando en Chile y obedece a una estrategia bien clave. Entonces es Pascal Allende el secretario general del Mir, el que va siguiendo de cerca el desarrollo de esa experiencia, con la información que él pide que se le haga llegar. Y a mi me corresponde estar a la cabeza de la ejecución, pero teniendo como respaldo un análisis político previo, en el que yo también había participado. Pero además lo hacía otra gente que no tenía hilos en la responsabilidad directa ni en la ejecución práctica de las cosas, sino que estaban más dedicados al análisis. El desarrollo de esa experiencia me valió una sanción dentro del Mir, porque en un momento la dirección planteó que una toma de terreno para que fuera buena tenía que servir fundamentalmente para propaganda. - Hubo un dirigente que en una reunión dijo: "mientras quede un poblador dispuesto a estar bajo nuestras banderas, la consigna es 'Patria o Muerte'". - Yo le plantee que no, "nosotros no podemos organizar a la gente y conducirla en luchas sociales, olvidándonos que las motivaciones por las cuales se mueven en esas luchas son también sus reinvindicaciones". Y que esa gente aspiraba realmente a una vivienda, entonces nosotros teníamos que dar respuesta a eso. Y que no se trataba de tomar "la 14 de Enero" y llevarla a la calle a sucumbir heroicamente contra los pacos, sino que se trataba de hacer las movilizaciones con astucia, pero manteniendo la fuerza. Ahí yo plantee que la teoría correcta era generar organización, luchar con esas organizaciones, pero midiendo la intensidad de las luchas, porque ellas a su vez, tenían que generar mayor organización. No nos pusimos de acuerdo pero como yo tenía la conducción, impuse mi criterio en el terreno y eso me valió que me sacaran del comité regional del Mir y de todos los cargos. Se distribuyó una circular indicando por qué yo había sido sancionado. Acá en la Intercomunal la angustia era la misma, tanto la mía como la de los demás dirigentes, pero además teníamos el vacío de la falta del partido político. ¡Tremendo vacío!. Los partidos estaban en bancarrota absoluta y nosotros no queríamos estar metidos dentro de esa crisis, porque la gente se estaba autodestruyendo síquica y moralmente, cuenta José Luis. CAPITULO TERCERO "la toma" 1. el dia de "la toma" - Un día se juntaron el José Luis, la Olga, el Miguel Angel y Juan Vera, hicieron una reunión y nos empezaron a avisar casa por casa. A las seis de la tarde llegaron a avisarme a mi: "mañana a las 9 de la mañana es "la toma", cuenta Marcela Villamán. - ¿Cómo lo hago? ¿qué hago? ¿qué tengo que decir? les dije. - Tu sales de aquí y le avisas a tu gente, a última hora de la noche. - ¿Cuál es la última hora de la noche? pregunté. - De las doce de la noche p'adelante. Antes no porque la gente va a tener tiempo para salir y lo va a contar. Y la idea es que no se cuente. - Salí a las doce de la noche por las tres calles que tenía a mi cargo como monitora. "Mañana nos juntamos a las seis de la mañana donde yo vivo, les dije, para irnos a la toma. - ¿A qué hora es? ¿cómo es? Mañana se los digo, porque en ese momento yo tenía que informarles que "la toma" era el 19 en la mañana, continua Marcela. Yo tenía que ver dónde los iba a tener, pero ya había pedido permiso donde yo arrendaba, así que iba a ser en el sitio mío... A las seis de la mañana llegó la gente... ligerito José Luis empezó a revisar los puntos donde había monitores, se paseó por todos los grupos, hubo cambio de hora... iba a ser a las ocho y media y así faltando cinco, cinco y cinco salimos a las nueve de la mañana. Mi grupo eran como 40 familias completas, llevaban lo justo y lo necesario para armar una carpa, llevaban frazadas... porque la información era " te vas a la toma y no vuelves nunca más, no sales de ahí". La gente no se hizo drama, la mayoría dijo sí, ninguna se echó p'atras. El día 19 de junio de 1992 a las nueve de la mañana cuando llegamos al terreno, yo miraba y era ¡impresionante!. Me quedé parada, no de miedo porque en ese momento no había carabineros ni nada. La señora Olga estaba en la Municipalidad con otro grupo de mujeres, se la iban a tomar, pero era para que nosotros tuviéramos el espacio y entráramos al terreno. Después ella nos contaba que miraban desde el balcón de la Municipalidad y era tan impresionante ver a tanta gente bajando el cerro. Dice que hubo mujeres que se pusieron a llorar al ver cómo bajaba la gente, era como si del cerro vinieran empujándonos hacia abajo. - Yo en un momento me paré, miré y dije ¿qué es esto? ¿qué pasó aquí?. Miraba y no reaccionaba, porque no había otra cosa que pensar... A la gente que yo llevé les dije "vamos a una toma, porque era eso, no una casa". - Y después cuando conversábamos, otros me preguntaban: ¿tu les dijiste que iban a tener casa?. - No, yo les dije que íbamos a "la toma". No se cómo les entró tanto la palabra de una persona común y corriente, pero de mis 40 familias ninguna decía: "yo me vuelvo". Fue tan rápido que yo creo que uno cerró los ojos y empezó a ver carpas, fuego, teteras puestas... y las carpas paradas, recuerda Marcela. No se dónde llevaba metida el agua la gente, pero las teteras estaban puestas para tomar tecito. Llegó carabineros, yo nunca había estado en una cosa así porque antes uno vivía en una burbuja. Uno es del campo, llega a la ciudad, se mete en el fondo de un sitio y ahí vive. De la casa al trabajo, del trabajo a la casa y chao. Ese día yo vi tantos carabineros ¡si hasta helicópteros andaban!. Llegó una micro de pacos y más encima andaban con esas bombas lacrimógenas que uno las ha visto en la tele no más. Ahí sentí miedo, como que mi corazón empezó a palpitar más fuerte, no le decía a nadie lo que sentía porque había señoras que recurrían a sus monitores preguntando ¿y qué va a pasar? ¿nos van a pegar los pacos?. Así que uno tenía que estar siempre como el capitán "no, si no va a pasar nada", aunque su corazón le estuviera diciendo: ¡arranca luego que te va a pasar algo!. Ahí sentí miedo porque nunca había pasado por eso, pero después de vivir esas cosas uno crece como persona, reflexiona Marcela. Los pacos siguieron llegando y llegaban y llegaban y llegaban y nosotros mirábamos a los dirigentes, al José Luis. La Olga estaba en la Municipalidad... pero cuando el terreno estuvo lleno ella subió y se integró al grupo. - Y al llegar la señora Olga preguntó: ¿dónde están los monitores? y nos empezó a llamar. Fuimos donde ella y nos dice: "ya, agarren a todos los niños chicos y se ponen a jugar aquí". -¿Pero cómo? le dije. - Hace lo que te digo, me respondió. ¿Cómo se vería esto a los ojos de todo el mundo, si carabineros estuviera baleando...? Ya, ya, ya le dije, no me explique más... empezamos a juntar los niños y empezamos a jugar. Los niños no sabían lo que estaba pasando, entonces la alegría que ellos tenían nos afirmaba. Yo veía que los niños reían, gritaban, se revolcaban en el suelo, como si nos dijeran: ¡al fin decidieron darnos la libertad a nosotros también!. Yo creo que todos los adultos estábamos aterrorizados pero al ver gritar y jugar a los niños, estando los carabineros ahí mismo, estando los adultos con los nervios que tenían y ellos ¡felices de la libertad!. Era como mirar una ciudad de esclavos que se libera, recuerda Marcela. Hasta los niños le decían a uno ¡te das cuenta que la libertad es linda!. Yo estaba jugando a la ronda con ellos y casi no caminaba, tenía miedo, estaba empalada. Santo Dios ¿en qué me metí? decía. Pero fue bueno para mi, porque ahí aprendí a subir mi ánimo. Hasta que al final se habló con las autoridades y dijeron que había que desocupar todo eso. ¡P'arriba!. Después que los carabineros se fueron, nosotros ¡p'abajo!, luego volvieron y ¡p'arriba!... Después se llegó a la conclusión de que nosotros no podíamos estar con carpa en ese terreno... - Ya, les dijo José Luis, nos vamos al terreno de la Coordinadora. Yo y la mayoría de los Delegados sabíamos que ese terreno no era de la Coordinadora, pero la gente creía que sí... - Nos fuimos allá y carabineros nos cercó. ¡Váyanse a sus casas! empezaron... - No nos vamos a ir. Ese día subimos como a las cuatro de la tarde para arriba, se terminó el jaleo con los carabineros y se fueron. En la tarde se hizo Asamblea y a la gente se le dijo: ¿van a volver a donde vivían o seguimos peleando?. - ¡Seguimos! respondieron todos levantando sus manos. En ese momento yo pensé: aquí todos se van a querer ir porque era tan poco el tiempo que habíamos estado juntos como para que naciera esa confianza. Pero toda la gente dijo: ¡no, nos quedamos!, recuerda Marcela llena de emoción. Estuvimos tres días en carpa y durante esos tres días, como que la gente estaba preparando sus casas. Pareciera que tenían los tableros listos, sino cómo... Yo me acuerdo que ese día dormimos en la famosa "40", en una carpa que tenía la Olga, todos ahí apilados. Como habíamos andado todo ese día y la noche anterior, la mayoría ya no daba más... - ¿Cómo vamos a vivir? pensábamos. Entonces la mayoría de los hombres decidió buscar una pieza, cuenta Marcela. - Esa noche fue impresionante, empezaron a aparecer camiones con tableros, continua Marcela. Fue tan rápido que al otro día como a las 9, cuando llegaron los carabineros, yo creo que ya habían unas 200 piezas paradas. - Cuando me levanto y empiezo a mirar toda la parte de allá y veo todo lleno de casas y por detrás de la carpa igual. Y yo no escuché nada... -¿Qué pasó aquí? dije. - Anoche la gente trajo casas y así siguieron el resto del día hasta que quedó todo cubierto. Cuando vino carabineros ya no había vuelta que darle, ya no podían sacar a la gente, eran demasiadas las casas... la gente había traído la mayoría de sus cosas, recuerda Marcela. Fue todo rápido, yo miraba y no me convencía. Mi casa no estaba pero el resto sí. ¡Fue impresionante!. No se cómo aparecieron piezas tan rápido, comenta Marcela, no me cabía en la cabeza. - Después vinieron de parte del gobierno diciendo que nos habían dicho que teníamos que sacar las carpas para irnos, que ellos nunca habían dicho que pusiéramos piezas, cuenta Marcela. - Claro, les dijo José Luis, Uds. nos dijeron que sacáramos las carpas, pero no nos dijeron que no pusiéramos piezas. Y como Uds. no querían carpas entonces pusimos piezas. - El solo hecho de haber puesto las mediaguas donde estaban los allegados, para la gente fue fantástico. Era como salir de ahí y no pagar más arriendo, porque uno pagaba por vivir oprimidos. Y si no pagabas, más te oprimían. Era plata dada no sé para qué... porque no tenías derecho a ser libre, afirma Marcela. 2. reacciones y reflexiones posteriores a la toma El día después de "la toma" nos dimos cuenta que habíamos lanzado algo que jamás estuvo en nuestras mentes, explica José Luis. El día después de "la toma", el 20 de Junio nos dimos cuenta que estábamos saliendo en todos los canales de televisión, que habíamos puesto en jaque al gobierno. Comenzó a llegar gente de todas partes, salimos en la primera página de algunos diarios, ocupamos la página entera en otros... y se armó la discusión, cuenta José Luis. ¿Qué significa esta tremenda toma de terrenos?. Cuando Aylwin recién llevaba dos años del primer gobierno democrático. Mucha gente pensó que esta "toma" de terrenos daba inicio a un ciclo de movilizaciones nacionales, algunos pensaron que la toma marcaba el momento en que el movimiento popular chileno le dejaba de prestar apoyo al gobierno. Como que ahí se había terminado el período en que la gente esperaba que el gobierno arreglara las cosas por si sólo, en que se le daba carta blanca. Y ese fue el motivo para que mucha gente llegara espectante por lo que significaba este fenómeno, comenta José Luis. Todos los que vinieron estaban en crisis, ellos debieron habernos pedido apoyo, debieron haber aprovechado esta experiencia y haberla retransmitido generando organización, movilizaciones, pero no fue así. Tampoco podíamos hacerlo nosotros porque nuestra responsabilidad era consolidar esto y no podíamos salir a reproducir esta experiencia sin preocuparnos primero de nuestra consolidación. Aquí no existía una propuesta política para el país. Una idea común a todos los pobladores del Campamento Esperanza Andina respecto a la cuestión política nacional. Lo que nos interpretó fue que... la actitud revolucionaria que correspondía tener era democratizar el país al máximo, en todos los aspectos. En eso estuvimos todos de acuerdo. Si eso nos exigía negociar con un democratacristiano, en función de avanzar en cuestiones democráticas, no teníamos ningun problema. Si teníamos que hacer lobby con alguna autoridad de la UDI para que votara a favor de una propuesta que era democrática, tampoco era problema, en tanto fuera en función de nuestros objetivos. Si uno quiere analizar la forma de hacer política del Campamento, tiene que saber que el núcleo que dio inicio a esto fue un grupo de gente que teniendo cada uno su propia experiencia, tienen una visión común de lo que debiera ser el individuo en la sociedad. Que yo conozca, ninguno de ellos pasó la enseñanza media. Yo diría que el nivel de escolaridad del núcleo de dirigentes que empezó este proceso es más bien bajo. Yo por ejemplo tengo primer año medio cursado, estuve inscrito en segundo año pero no terminé, cuenta José Luis, los demás andan por ahí y un poco más bajo. Pero en todos los dirigentes existe una visión clara de que el ser humano debe tener conquistado el derecho a vivir con dignidad, el derecho a la cultura, a ser culto, a ser digno y a que se le respete. A ser persona y a no ser objeto, afirma José Luis. A que uno tiene que hacer valer sus derechos a costa de cualquier cosa, pero para hacer valer sus derechos tiene que demostrar que se los merece. Entonces un huevón que le pega a la mujer en la casa, está muy lejos de tener esa visión que tenemos de la persona. El delinquir también. El no preocuparse de que la basura se saque de la casa en el momento correcto para que se la lleven... Desde el principio siempre hemos dicho: "el Campamento no es una callampa". Y la gente entiende altiro que eso va más allá de que las cosas esten limpias, que haya menos suciedad. Somos Campamento pero no callampa, eso encierra una visión integral de lo que somos. Somos personas que nos podemos desarrollar, que podemos tener cultura, que trabajamos y podemos capacitarnos en otros trabajos, que podemos tener acceso a un salario digno. Hay una autovaloración de la gente, una autoestima que siempre está subiendo y tiene que ver con ser dignos, afirma José Luis. Eso hace que para nosotros esta no sea solo una cuestión de terrenos... tiene que ver con todo. Por ejemplo, problemas que son comunes y corrientes en los barrios marginales de Chile, para nosotros son problemas serios y la gente los asume como problemas serios. Que un tipo le esté pegando a la mujer o que haya maltrato infantil. Que se da en el Campamento, se da, pero así como se da también tiene que cuestionarse. Y eso hace que cada vez se de menos. CAPITULO CUARTO comenzamos a "parar" el Campamento 1. los que fuimos asumiendo la conducción del Campamento... Las 850 familias que participaron en esta "toma de terrenos" no fueron seleccionadas, ellas podrían representar fácilmente al resto de los pobladores de Chile, pues las historias que han vivido no son demasiado diferentes. Sin embargo, pensamos que hoy día ellos han llegado a ser distintos y esto se debe a que: aceptaron el desafío de organizarse y tuvieron la oportunidad de ser conducidos por un equipo de dirigentes que pusieron su compromiso, su inteligencia y su corazón a la base de esta "hazaña" que construyeron todos juntos. Por eso para descubrir las estrategias, los métodos y las propuestas que se fueron diseñando en el Campamento, escarbamos en la memoria de sus dirigentes hasta hacer posible su reconstrucción, como si se tratara de armar un puzzle cuyas piezas están distribuidas en diferentes manos. Ellos tienen historias muy diversas, entonces es apasionante ver como se van encontrando y llegan a formar una comunidad. - Yo llegué acá a Santiago por la carta de mi hermana en que me decía que me viniera para postular a una casa, cuenta la Maco que es Delegada de pasaje desde 1995. Yo nací en Puyehue, después me casé y nos vinimos a Santiago. Volvimos allá a pasear por un mes, teníamos pasaje para el dia lunes, pero el día sábado mi marido salió a una fiesta y ahí lo asaltaron, después del mes lo encontramos en el río... Se hizo el velorio, se sepultó y ya no me quedó más que esperar que naciera mi guagua, con los otros niños que tenía. Quedé con 4 hijos y obvio que tenía que luchar por una casa, porque andar allegada no se lo doy a nadie Me vine con las dos guaguitas, Esteban tenía un año, la Angelina 2 meses, los otros dos de 8 y 9 años los dejé con mi mamá y hasta la fecha están con ella. Para poder tener plata empecé a trabajar, por mientras dejé a mi hija en una Sala Cuna y al Esteban encargado donde una vecina. De ahí se presentó la oportunidad de entrar al Comité Nueva Vida donde mi hermana estaba participando en la organización, también había otros dirigentes que fueron bien comunicativos, no eran de esos pesados con la gente, yo creo que eso llevó a que uno siguiera adelante, porque la confianza la dieron ellos. Cuando llegamos el día de "la toma" yo conocí a la señora Olga y a don José Luis y me dí cuenta de que ellos dos eran los dirigentes principales que organizaban todo, después fui conociendo al Juan Vera, al Miguel Angel y a otros. Lo que hacían ellos era tan seguro que nunca se echaron a morir, siguieron siempre adelante con todo. Yo pensaba: ¿ qué iremos a hacer? pero luego decía: ¡a lo que diga mi hermana!. Ella dirá si tenemos que irnos. Traía mi frazada, me acuerdo que traíamos la mamadera para el niño y comida preparada para las dos, por si nos daba hambre. Yo sabía que en la noche me iban a venir a buscar al niño, mientras armaba mi carpa... Veníamos con todo preparado en la mochilita, las frazadas, las parkas, bien abrigadas, todo para la noche. - Mi hermana me decía: "de verdad nos vamos a l'a toma' pero no regresamos". "Ya no vamos a volver a pagar arriendo". El día de "la toma" llegamos como a las 8.30 de la mañana, ahí nos instalamos abajo y como a las 11 llegaron los pacos, llegaron los tanques esos que habían y como a las 2 nos trasladamos a los terrenos de acá arriba. Entre los comentarios y el trabajo de los monitores que empezaron a organizarse para comunicarle a la gente, se hizo la tarde. En la noche armamos la carpa y no volvimos más para la casa. En el fondo no teníamos miedo porque todo el mundo estaba tratando de armar sus carpas, los monitores estaban preocupados de su gente, que no les faltara nada... - Yo estoy aquí desde el 19 de junio del 92, vine ayudando a un compadre mío que era dirigente del comité Las Araucarias, cuenta Ivan Castro, actual Presidente del Campamento. El me había explicado que partía "la toma", yo arrendaba acá en Lo Hermida, en Ictinos y como me quedaba cerca le dije: ¡ya pues, yo voy a ir a ayudarte!. Esa noche ayudé en los camiones, al otro día ví todo lo que pasaba acá y dije: "yo tengo que estar acá" y me vine. Para mi fue bien extraño, porque si antes alguien me hubiera comentado algo así, me habría sido indiferente. En ese tiempo mi onda era otra, yo trabajaba en una tienda de lanas en el centro, era jefe de bodega. Arrendaba una casa y se puede decir que no tenía problemas económicos porque tenía un buen trabajo. En un principio cuando me contaron de "la toma" dije algo así como: "voy a ir a echar una manito para distraerme un rato". Pero cuando vi la cosa acá y me di cuenta de lo que se hablaba, de los problemas de los allegados, de la gente que no tenía casa. De que las comunas, principalmente aquí en Peñalolén, estaban construyendo para gente que tenía plata y los de la comuna estaban quedando sin terrenos para poder vivir acá. Antes yo había escuchado eso, pero ahora lo ví. Era complicado porque aparte de ser verdad, era penoso ver tanta gente que no tenía casa. ¡Y las condiciones en que se hizo! Si la gente llegaba sin nada, con una carpita o un plástico. Entonces cambió mi visión. Ahí dije "yo tengo que estar aquí, porque independientemente de que este viviendo abajo, tranquilo, yo de aquí en adelante tengo que estar acá". Sentí algo así como que no tenía que hacerme el leso porque en el fondo, este también era mi problema y yo tenía que estar aquí. Y no tan solo para ayudarlos... De ahí partió mi aventura con "la toma", afirma Iván. Desde esa noche me empecé a quedar acá arriba. Me sentí bien. No dormíamos, pero era rico hacer lo que estábamos haciendo, era totalmente nuevo y además, con gente que nunca había visto. Antes conocía a mi compadre que era dirigente, pero ahí conocí por primera vez a la Olga, al José, a Juan... Mi señora se asustó bastante, no quería venir. Luego vino un par de veces el día domingo a darse una vuelta para conocer. Durante todo ese tiempo yo vivía acá arriba y a ella la pude convencer solo a fines de Agosto. Acá habían demasiadas cosas que hacer así que no había tiempo para estar echando de menos lo de abajo... Vivía con 2 cuñados que yo también los había arrastrado. Vivíamos en una carpa grande que era la enfermería, me acuerdo que la habíamos conseguido en la Aldea SOS, allá en Macul, sirvió harto. Claro que en el día se ocupaba para otras cosas, así que solo dormíamos ahí. Era increíble el frío que hacía, estabamos tan cerca de donde uno vivía, pero era tan distinto. Yo no tenía ninguna experiencia de organización, ni en el colegio, ni en el curso de los niños siquiera, nada, esa fue mi primera experiencia de organizar alguna cosa con gente, cuenta Iván. En el Campamento empecé como delegado y después me fui metiendo porque como era encargado de guardia de mi pasaje, se requería que fuera a las reuniones. Aparte de eso, yo veía el drama general de lo que estaba pasando y la importancia de los pasos que se estaban decidiendo, recuerda Iván. - Antes era bien triste mi vida, cuenta Marcela Villamán que nació en el Salto del Laja y en el Campamento ha sido Monitora, Presidenta y Secretaria del Sector 6. Yo decidí meterme al Comité, meter-me a "la toma"... y ahí empecé a vivir pues. No soy joven tampoco, tengo 37años, entonces después de haber estado muerta comencé a vivir a los 30, ahí empecé a sentir que era capaz de hacer algo por mi. Me enseñaron que yo tenía mis derechos como mujer. Cuando llegué al Comité, la señora Olga me dijo: "tú vas a ser monitora". Yo no puedo pensé, porque para mi la vida era aseo, comida, marido y nada más, ese era mi mundo. Entonces decía ¿qué voy a ser? ¿cómo es esto?... sufrí harto. Pero cuando me sentí capaz por haber juntado a todas las familias que me encargaron en donde yo vivía que era Quebrada de los Aromos, Quebrada San Pedro, Quebrada Camomilla, entonces empecé a sentir que era una persona capaz de hacer cosas. Hacer esos pasajes, para mi me significó vivir. Me dieron las direcciones, pero no sabía cómo se llamaban las personas, así que llegaba, golpeaba la puerta y les decía: ¿Quiere integrar el comité? ¿quiere ir a "la toma"?. Sí o no, altiro. A mi ya me habían inyectado que yo era capaz, entonces cuando terminé los tres pasajes, me sentí realizada. Dije: ¡puedo! y voy a seguir. Cuando yo me metí al comité mi marido me dijo: no estoy de acuerdo y no estoy de acuerdo. Hasta el último momento dijo: "no y no y no, si te vai, te vai sola". - Yo le dije: mira, yo no soy bruta. Soy campesina pero no bruta, a mi me dijeron que yo era capaz y soy capaz. Yo me voy. Te pido la pura cocina. - ¿Qué vas a hacer con tres tableros? me dijo. - Me allego al lado de alguien y dejo mis cuatro tableros. Voy a tener una pieza, ¡dame la cocina!. - Llévate lo que quieras, yo no me voy. Mi niña tampoco. - Perfecto le dije, yo me voy. - Pero llegó el momento de irse y él me dice: "yo también me voy contigo". - Yo quedé así... lo miré y le dije: ¿estas seguro de lo que haces?. - Si, me dijo, estoy seguro. El desarmó su casa, empaquetó todo, porque yo le dije: me voy a "la toma" y olvídate de que tienes una esposa sumisa. Yo di mi primer paso y me saqué de encima esta casa que tenemos, porque de todos los años que he estado casada contigo, ando con mi casa y con todo lo que hay en ella encima de mis hombros. Pero desde el momento en que me fui al comité, yo la tiré p'al lado y mientras yo te respete y tu casa esté limpia y ordenada, tu no me vas a llamar nunca más la atención. Tu no me vas a decir: "con ese hablas y con ese no hablas". Yo se con quien ando y con quien hablo y con quien voy a conversar. De aquí para adelante o caminamos juntos o nos separamos. Pero yo quiero mis derechos y te dejo tus derechos, porque yo no te los quito. Tu tienes toda la libertad del mundo, porque él se farreaba viernes, sábado y domingo y yo encerraita no más. Entonces le dije: o caminamos juntos y la libertad es igual o se acaba no más. Y él me dijo que sí y que se iba a la toma. Y que iba a seguir conmigo hasta el final, cuenta Marcela Villamán.. - Yo llegué al Campamento el primero de Setiembre de 1992, nos cuenta la señora Norma Antileo, hoy día Delegada de pasaje. Para poder llegar acá estuve participando casi dos meses en el comité "El Encuentro" que funcionaba en Lo Hermida. Vivíamos como allegados de mi papá y mi mamá, también vivía mi otra hermana que era casada y tenía una niñita de pocos meses, así que éramos una familia más o menos grande. Cuando pudimos llegar acá estabamos felices, lo único que queríamos era tener algo de nosotros y además, nos dieron la posibilidad de que mi hermana se inscribiera para tener cada uno su casita que era lo que más queríamos. Llegar acá fue una felicidad era algo nuevo, no sabíamos a lo que veníamos porque allá en San Luis de Macul era distinto, las calles estaban pavimentadas... pero acá estábamos con vecinos en todos lados era novedoso y bonito a la vez porque la gente era muy comunicativa, muy servicial. Nos vinimos con todas nuestras cosas, éramos ocho en total: mi marido, yo, mi mamá, mi hermana y mi hija. Y aparte estaba mi otra hermana que es casada, mi cuñado y mi sobrina. Al principio hicimos dos postulaciones pero como vieron que éramos muchos y que no queríamos seguir siendo allegados, le dieron la posibilidad de postular a mi hermana soltera para que pudiera estar con mi mamá. Así nos instalamos en dos piezas de 3 X 6 mts. y mi hermana se armó otra pieza, gracias a Dios y a los dirigentes que nos dieron la posibilidad de entrar. - Yo llegué al Campamento a fines del 93, cuenta don Sergio Echeverría, actual Secretario en la Directiva del Campamento. Un amigo que trabajaba conmigo en la carnicería, me dijo que aquí estaban inscribiendo para unos sitios y yo vivía de allegado con mi mamá. Porque me separé, me fui a Valparaíso a trabajar, después me volví con mi vieja y conocí a la señora que tengo ahora. Yo siempre he trabajado en el oficio de la carne, no se otra cosa. Y aquí mismo me ha ido bien, gracias a Dios. Cuando yo vine por primera vez al Campamento vine de malas ganas pa' saber más o menos de qué se trataba la cosa, pero cuando llegamos al puente le dije a mi señora: ¡no, a este callamperío yo no me vengo! y me fui bien desilusionado, recuerda don Sergio. Acá se hacían reuniones los días sábados y cuando llegó el día sábado de esa semana, eran las seis de la tarde y dije: voy a ir a "la toma" por si acaso. Llegué a la reunión y estaba la Cecilia, el Germán y el Toño que era el presidente del Comité de abajo. Empezamos a conversar y nos mostraron un vídeo donde se veía la gente con la lluvia el día de la toma, rodeados por los carabineros...y veo a los niños metidos en el barro, la gente en las carpas... Al ver la gente pobre que nunca ha tenido nada... y yo soy igual que ellos... como soy harto sentimental, se me cayeron sus lagrimones y ahí mismo dije: ¡esta es mi gente, aquí voy a luchar por esto y aquí me quedo! 2. la organización que construimos fue nuestra "espina dorsal" Uno de los pilares fundamentales del proceso vivido por los pobladores del Campamento Esperanza Andina ha sido su estructura organizacional, ésta ha sido la "espina dorsal" que los ha articulado internamente. La que les ha permitido generar una participación constante, la que ha incentivado y fortalecido la comunicación y el intercambio entre ellos, la que les ha dado una fuerza y un poder que los ha hecho visibles en toda nuestra sociedad. La experiencia de organización que he conocido a lo largo de estos años en el Campamento Esperanza Andina me hizo recordar las palabras de Melillan Peinemal, un dirigente mapuche que dirigiéndose a los integrantes de una comunidad cercana a Temuco, en Diciembre de 1979 les dijo: "la organización es una herramienta. Si uno sabe usarla puede ser fundamental para la vida del grupo, pero si no la sabe utilizar no le sirve para nada". La organización del Campamento ha sido construida en una perspectiva muy amplia y con la voluntad de sus dirigentes de atender a las necesidades reales de los pobladores. La organización ha sido uno de los medios utilizados por ellos para transformar esta experiencia en una verdadera escuela que ha cambiado sus vidas y los ha estimulado para cultivar una Cultura propia que permanecerá en ellos... eso es lo que se desprende de la historia que va surgiendo en el relato de sus protagonistas. Al instalarnos en el Campamento decidimos tener una directiva estable, entonces hicimos elecciones y como presidente salió José Luis Flores elegido por mayoría. Vicepresidenta salí yo, cuenta Olga Leiva y otros directores como la Maritza, la Brígida, Juan Vera... que fueron elegidos para los cargos siguientes. Como teníamos que tener una Personalidad Jurídica para hacer los trámites legales, postular a la gente, comprar el terreno... decidimos elegir otra directiva para ella, donde también estuvieran representados todos los sectores del Campamento. Se eligió con todo el directorio, de entre los que habían sido elegidos, es decir los presidentes de sectores y los delegados. No quisimos que fuera la misma directiva del Campamento porque nosotros queríamos ser solamente la cabeza, para no andar metidos en los trámites. A José Luis nunca le gustó ser parte de una directiva legal y yo tenía otro cargo como Presidenta de la Coordinadora, dice Olga. - Cuando llegamos a "la toma" veníamos con los monitores, ellos siempre fueron organizados y siempre trataron de lograr el orden, cuenta la Maco. Uno llegó a la toma y altiro le dijeron: "traten de seguir una línea" y así como se fueron organizando las carpas después siguieron las mediaguas y los pasajes y las calles. ¡Es bonito recordar ese primer año que vivimos!. Despues ya nos empezamos a organizar por sectores, el uno, el dos... hasta el seis. Los que organizaban eran los monitores, después pasaron a hacerlo los Delegados de sector que eran coordinados por los dirigentes principales, continúa. Al organizar el Campamento hubo que separar los comités y formar los Sectores, de acuerdo al lugar físico en que quedaron sus carpitas o mediaguas, cuenta Iván, primero se dividió en cuatro, después como el Campamento se expandió para abajo y ya era más grande, se hicieron seis sectores y cada uno tuvo su directiva, además de la directiva general. - Entonces, todos los lunes se juntaban esas directivas con la otra general y ahí se iba contando lo que pasaba en cada sector, explica la Olga. Dentro de los sectores había pasajes y cada uno tenía su delegado. Estos, más la directiva y la directiva de la Personalidad Jurídica formamos el directorio completo que suma unas 55 personas. - Elegíamos a los dirigentes principales igual que a los otros, por votación. Entre todos los Delegados de pasajes elegían un Coordinador del sector y ese hacía reuniones con ellos en una casa. Tenía bastante trabajo porque cuando los delegados tenían un problema, le pedían ayuda y él llamaba a los otros delegados para solucionarlo entre todos. Si no se podía solucionar ahí llevábamos el problema a la directiva con el Presidente de todo el Campamento, pero antes tenía que pasar por el Coordinador, explica la Maco. - En el Sector también se elegía Tesorero porque había que pagar una cuota para cuando se necesitara, explica la señora Norma Antileo, para sacar fotocopias en caso de que nos pidieran papeles y para la misma movilización, porque si alguien no tenía plata para irse, se recurría a eso. Cuando necesitábamos mejorar alguna cosa en nuestro Sector, como en ese tiempo vivíamos frente a la plaza, nos reuníamos, poníamos algunas monedas... una vez compramos pasto y entre todos lo sembramos, lo cuidamos y lo regamos para mejorarlo... pero no éramos problemáticas así que era rara la vez que nos reuníamos. Después estaban los Delegados de pasaje que también se elegían por votación, continua la señora Norma, se pedían voluntarios pero como de repente las reuniones terminaban a las 2 o a las 3 de la mañana, entonces nadie quería ocupar el cargo. Los nombres se proponían entre los mismos vecinos del pasaje y votaban en voces no más, preguntaban si estabas de acuerdo o no, se elegía un delegado, un tesorero y si había que hacer cualquier actividad con los niños, a cualquiera le encargaban que se preocupara de eso. Cuando había que hacer una movilización se elegían monitores de entre los mismos vecinos. En el pasaje enfrentábamos todos los problemas, en general no eran tan graves, comenta la señora Norma. Por ejemplo al principio se suponía que éramos allegados y queríamos tener nuestra casa... y estábamos viviendo así porque necesitábamos tenerla. Pero había gente que instalaba su mediagua y después se iba a vivir con su mamá, entonces nosotros teníamos que asumir por ellos. Y si había que levantarse a las 3 de la mañana porque andaban robando, había que levantarse no más, entonces era un poco injusto que hubiera personas que estuvieran muy bien afuera, mientras su casa estaba sola acá. - Los problemas mayores que había en los pasajes eran por esa gente que a veces se ponen negativos y siempre están mandando a la señora a trabajar, mientras ellos se quedan acostaitos mirando tele. O los que salen a jugar a la pelota cuando hay que trabajar y cuando uno los va a buscar le dicen: ¡ah, no está, salió! cuenta la Maco. Pero la verdad de las cosas es que a veces no salía ninguno de los dos, esos casos eran más problemáticos porque aquí teníamos que trabajar todos. - Yo empecé siendo tesorera del pasaje, después cuando estaba don Sergio de delegado y fue elegido director en la Directiva, alguien tenía que tomar a cargo el pasaje, explica la señora Norma. Yo no quería aceptar porque era bien corta para hablar... pero en mi pasaje todos asumían responsablemente los cargos y cuando me eligieron a mi, yo acepté con la condición de que si necesitaba una ayuda todos tenían que estar ahí. De primera fue un poco difícil porque había que estar sacando a las vecinas casa por casa, porque algunas tienen muy mala memoria, pero después ya se fueron acostumbrando. Cuando a mi me eligieron en mi casa no querían, yo también decía no, porque como era tesorera tenía experiencia de andar cobrando no más... Al final acepté pero como no tenía muchas palabras me ponía muy nerviosa y tiritaba entera, entonces le decía a la gente que me disculparan y que si algo no entendían bien o no escuchaban bien, que me dijeran no más para decírselos de nuevo, dice la señora Norma. En ese momento yo me sentí entre contenta y asustada porque tenía que "saber llegar" a donde estaban todos los delegados que ya llevaban años y sabían expresarse bien. Pero también me sentí contenta porque mi pasaje confiaba en mi, me tenían buena, me querían, claro que siempre me lo habían demostrado. Pero lo más difícil fue enfrentarse ante los demás delegados, en una ocasión me tocó dar una opinión en el directorio y no sé lo que dije porque fueron tantos los nervios que sentía, que lo único que recuerdo es que una compañera que estaba a mi lado me decía: ¡no, si hablaste bien!. Es lo único que me acuerdo, de nerviosa que estaba, porque era la primera vez que yo me enfrentaba ante toda esa gente y ellos ya tenían cualquier experiencia en tener palabras para hablar, para explicarse y no tenían nada de vergüenza. Yo tenía temor a equivocarme, a dar mi opinión y que el resto no estuviera de acuerdo y se me tiraran todos encima diciendo: ¡no, está equivocada!. Con el tiempo fui teniendo más confianza en mi, pocas veces he dado mi opinión, pero cuando la he tenido que dar me ha salido bien, cuenta la señora Norma. Ahora ya se me pasó el miedo, pero todavía no tengo la valentía de pararme y decir: ¡yo no estoy de acuerdo! así como lo hacen los demás. No, todavía me falta eso, pero delante de la gente de mi pasaje lo he superado todo. A mi me ha tocado convencer a gente dura, yo digo: a lo mejor esto lo están haciendo para ver cómo reacciono o para ver qué es lo que les digo, porque hay hombres que me han dicho: ¿por qué es así?, entonces yo tengo que tener palabras para explicarles y dejarlos conforme, convencerlos, explica la señora Norma Pero los vecinos han estado siempre ahí, si había que arreglar el pasaje y había que pintar, la mayoría se preocupaba de su lado y si alguien tenía pintura le convidaba al otro. También juntábamos plata para la Navidad, para los niños y por eso necesitábamos tener una tesorera, continúa la señora Norma. - Al año de estar en la toma yo empecé a trabajar como delegada, cuenta la Maco, estuve un tiempo como secretaria de un pasaje y después fui delegada, me presentaron mis vecinos. Después trabajé fuera y a la vuelta retomé el cargo de delegada de 32 personas. Me sentí bien, siempre tuve harto apoyo de mis vecinos, les consultaba lo que podía hacer. A mi me costó bastante aprender a comunicarme con las personas, con mis vecinas, pero gracias a Dios ahora no tengo problemas, ni para conducir las reuniones, ni para representarlos a ellos. A veces había que hacer reuniones porque había problemas, por ejemplo había mucha gente de mi pasaje que estaban con deudas de luz y me reclamaban, continúa la Maco. La verdad de las cosas es que hasta la fecha, la gente no ha asumido que tener la luz pagada es una responsabilidad del hogar. Entonces la delegada tiene que estar: ¡vecino, pague la luz! ¡vecino, está atrasado un mes! pero en buena onda. Los dirigentes y el directorio lo sabíamos porque en cada reunión del mes uno les va pidiendo el último recibo y además, se pedía un listado a la Municipalidad porque esta tenía un convenio con Chilectra, entonces teníamos que estar al día con las dos, hasta la fecha pagamos la cuenta en la Muni. - En los pasajes había reunión una vez por semana y los lunes todos los delegados se reunían con la directiva, ahí se traían los reclamos y se discutía lo que se hacía, cuenta la Maco. Si había un vecino que era muy bolinero, que hubiera mucho copete, que hubiera mucho desorden, se discutía con él lo que se iba a hacer, si se castigaba, cómo se sancionaba... Pero antes de llevar un reclamo uno tenía que verlo bien primero. En mi pasaje tuve el caso de unos cabros que robaron y averiguamos hasta el fondo, fondo. Se les advirtió varias veces, pero no hizo caso el papá ni la mamá, entonces la responsabilidad era de ellos y lo único que quedaba era llevar el problema a la Asamblea general y la Asamblea era dura, afirma la Maco. Todo el tiempo ha sido pesada porque ahí todo el Campamento se entera de lo que está pasando en el hogar...Y cuando es gente de malos antecedentes, es de suponer que el Campamento va a pedir que se vayan... Esa vez se presentó el caso y se fue el postulante. Los pobladores piden y a la Asamblea se la respeta, porque aquí es la Asamblea la que manda, no manda ni el presidente ni el delegado solo, ni siquiera el cuerpo de delegados. La palabra que se ha respetado siempre es esa, explica la Maco. En la Asamblea participa toda la directiva y los delegados se encargan de traer a su pasaje completo, cuenta la Maco. Yo y varios otros sacábamos a toda la gente como a una reunión, después pasábamos lista y nos íbamos a la Asamblea que era frente a la escuelita. No faltaban los que se quedaban adentro, pero yo los esperaba: ¡ya pues vecino vamos, camine no más!. En la Asamblea la Directiva da a conocer los puntos a tratar,... "tal sector tiene estos problemas..." y se nombra a las personas. Se escucha a quién quiera dar su opinión y ahí la gente decide". A nadie se le niega la posibilidad de dar su opinión, todos son escuchados igual y la mayoría manda, porque para tomar las decisiones en muchos casos hay que tener mayoría, agrega la Maco. - Cuando participamos en la primera Asamblea quedamos admirados al ver tanta gente... y ver que nos daban opciones y entre todos tomábamos la decisiones, todos nos apoyabamos, recuerda la señora Norma Antileo. Cuando había que hacer algo, todos estaban ahí, las mujeres, los hombres y hasta los niños. Si el hombre no tenía tiempo, siempre estaba la mujer y de eso yo me siento orgullosa porque las mujeres siempre han estado ahí. Y cuando de repente uno se decaía por cualquier cosa o estaba con los brazos caídos, como a veces nos pasó, teníamos dirigentes que con una sola palabra nos hacían reaccionar altiro. Y eso fue lo importante, yo creo que sin esa organización, sin esos dirigentes las fuerzas de nosotros habrían flaqueado y a lo mejor no hubiésemos llegado hasta donde estamos, reflexiona la señora Norma. Las Asambleas dependían del problema que se fuera a tratar, si era algo urgente se hacían dos veces a la semana. Ahí se trataban las movilizaciones, o cuando se hacían trámites en el Ministerio se daba cuenta de lo que estaba pasando y ahí entre todos veian ¿qué decisiones había que tomar? ¿dónde había que ir? ¿cómo había que hacerlo?. Cuando había delincuencia se llamaba inmediatamente a Asamblea y ahí uno daba sus opiniones. Si se sabía que en alguna parte estaban tratando de vender drogas, también se llamaba a Asamblea para que toda la gente supiera lo que estaba pasando y así tomar decisiones entre todos y para que la misma gente apoyara a los dirigentes porque ellos siempre han estado de los primeros, cuenta la señora Norma. - El hecho de haber vivido una experiencia afuera y llegar acá adentro para mi fue algo nuevo, relata Luis Duran. La organización en sí era algo muy diferente a lo que yo había vivido. Aquí adentro se destacaba sobre todas las demás que yo pude conocer afuera. La forma mancomunada en que se trabajaba como organización, la forma en que se deliberaba, en la cual todos los dirigentes trabajaban en conjunto con los pobladores, ellos participaban de los trabajos que se realizaban, todos con la pala. Entonces yo vi la diferencia. Afuera la organización era mucho más manipulada, afirma Luis Durán, manipulada por las personas que de repente pensaban por los que hacían las cosas. Aquí adentro uno tenía que pensar, estabamos obligados a pensar y a comunicar. Y a adquirir una cierta cantidad de personalidad para tener la capacidad de llegar a la gente y para que esta pudiera tener la misma capacidad que tiene uno, para que ellos pudieran captar la idea de que se trataba. Esa era la diferencia entre lo que había afuera y la organización que había aquí adentro, explica don Luis. - Lo que más me gustó de acá fue la organización, los dirigentes, cuenta don Sergio Echeverría, porque anduve indagando con amigos de aquí y me empezaron a decir que la organización era muy buena, que no había delincuencia y si alguien se portaba mal lo iban chantando. Entonces eso me gustó porque dije: "voy a estar tranquilo, va a haber una seguridad pa' mi señora, pa' mis hijos". Y así fui viendo más adelante la organización y después cuando me metí como dirigente, ahí ya me di bien cuenta, yo nunca había participado en algo así. Yo mismo era medio desordenado y también me fui ordenando, porque veía al José Luis, a la Olga, a Juan Vera.. . y siempre estaban: esto p'acá, esto p'allá, esto está mal, esto está bien, cuenta don Sergio Echeverría. Se veían los pro y los contra de cada cosa. Después venía José Luis, hacía una reunión y nos decía los pasos que ellos estaban dando en el Serviu y en las distintas partes. A veces había algún problema y le explicaba a la gente. Yo me sentía bien informado porque aquí se hacían reuniones de Directiva todos los lunes y después los martes se hacía reunión de pasaje y el delegado nos informaba de todo, entonces la organización andaba bien, explica don Sergio. - El problema de ahora es que la constructora de arriba tiene que hacer las calles, entonces la gente tiene que correrse para que se pueda pavimentar, continua la señora Norma. Y hay que ir a ayudar a emparejar el terreno, ayudar a cambiarse... para eso son las reuniones. Después se va a planear cómo vamos a ir saliendo de aquí ¿de a poco? ¿en qué forma? eso es lo que nos toca. - Yo creo que somos una de las pocas organizaciones que ha salido adelante después de la dictadura. reflexiona la Olga. Hay varias comunas muy pobres, a lo mejor más pobres que el mismo Campamento. En televisión yo he visto los Campamentos que han mostrado y están peores que acá, pero aquí nos organizamos para tratar de mejorar la vida de la gente. Hicimos las calles, hicimos los pasajes, pero en otras poblaciones no se hace organización, entonces viven a la mano de Dios. Yo creo que una comunidad sin organización no funciona. La gente rica puede darse el lujo de no ser organizada porque ellos tienen de todo, solucionan sus cosas con plata. Pero nosotros solucionamos las cosas con organización solamente. La mujer ha sido el pilar fundamental en esta organización, ella es la que está siempre ahí para cualquier cosa, explica Olga. 3. las normas que creamos nos ayudaron a "convivir mejor" Conscientes del rico legado que guarda Olga en su memoria, le pedimos que vaya adelante trazando el surco de esta historia a cuyo relato se unen el resto de los dirigentes. Es así como los miércoles, después de almorzar unos ricos tallarines con salsa, compartidos alegremente con las tías del Jardín Estrellita, nos vamos a su oficina para seguir las conversas que luego continúan en la casa de uno u otra de las compañeras que dan vida a esta historia. Al escucharlos nos damos cuenta que la tarea emprendida no se limita a la obtención de una casa, sino que apunta a construir una forma de vida propia que comienza en la vida cotidiana del Campamento. Los dirigentes tienen la sabiduría de ir intuyendo las necesidades y los sueños de sus compañeros y en un diálogo constante van elaborando herramientas y diseñando el camino que los llevará hasta la meta. Una de ellas son estas inéditas "guardias" que son una mezcla de instancias educativas y correctivas que en los pobladores generan un cambio de comportamiento que modifica su concepción de la vida. Al principio tuvimos problemas de convivencia, cuenta la Olga. Lógico, si estábamos con 900 familias en un solo sector arriba; había una familia pegada a la otra, las paredes de una eran también de la otra. Porque así fue la forma en que nos "ganamos" cuando el Ministro dijo que teníamos que sacar las carpas. Instalamos mediaguas y así cupimos todos, entonces cuando vino vió un Campamento. Por eso los problemas que se presentaban en las reuniones siempre eran de convivencia... que 'la señora tiró una bacinica por allá, que la otra botó una bacinica con pichí en la llave, que esta señora no me dejó sacar agua... que yo estaba enjuagando y la señora se metió a sacar agua', cosas así, de mala convivencia. Entonces también tuvimos que enfrentar eso. Casi siempre en las reuniones José Luis decía 'hay que aprender a convivir', 'hay que tratar de ceder, un poquito uno, un poquito la otra y así se van a llevar mejor, recuerda Olga. Tengan en cuenta que vamos a estar mucho tiempo en estas condiciones. Si empezamos a pelear ahora ¿qué va a pasar después, cuando ya peleen los niños?... ¿cuando los niños estén creciendo y se pongan más bruscos? entonces ¿qué va a pasar?, "hay que aprender a convivir ahora que estamos en condiciones críticas porque eso nos va a ayudar para después". - Para eso se organizaron las guardias desde el principio, porque se estaba dando una lucha contra los pacos por el asunto del desalojo, explica Ivan, entonces había que cubrir bien todo el perímetro de la toma. Ahí se cuidaba primero que nada el terreno, porque había que cuidarlo a como diera lugar. Otra de las tareas principales de la guardia fue cuidar el orden interno. Porque al Campamento venía gente de todos lados, no era gente seleccionada como en un comité. Por eso la guardia se creó por decisión unánime y se organizó por sectores, cuenta Iván. - Todos estuvieron de acuerdo porque si eso salvaba a la organización, así tenía que ser, explica la Olga. Y como fue acuerdo de la Asamblea General había que acatar. Y el que no lo hacía, pagaba las consecuencias no más. En cada pasaje había guardias y ellos siempre daban vueltas por las casas viendo cómo se manejaban las cosas. Por ejemplo como todavía habían velas, entonces había que cuidar que no se fuera a incendiar algo. Había una constante preocupación por lo que estaba pasando en cada casa, en cada sitio, recuerda la Olga. - En cada Sector uno tenía que hacer guardia un día a la semana y el domingo quedaba libre, continúa Iván. Había un turno de 9 a 12 de la noche y otro de 12 a 6 de la mañana. Si en el sector habían 50 hombres, 25 tomaban una guardia y 25 la otra, no había nadie que no hiciera guardia, en un horario o en otro todos tenían que hacerla. Claro que siempre hay un grupito que son flojos, en esos casos tenían que salir las mujeres porque ninguna casa se salvaba. El tema de la guardia se tocaba en todas las reuniones, a algunos no los pudimos cambiar en todo el tiempo que estuvimos arriba, se nos corrían. La mayor cantidad de guardias fueron el año de la ley seca, ahí tenían que apechugar las señoras, recuerda Ivan. El ingreso al Campamento era libre y producto de que antes la gente estaba viviendo tan hacinada tambien se daban muchos problemas entre los matrimonios, dice Ivan. A eso, se agregó la implantación de la "ley seca" 1 que fue muy importante porque sino habría sido muy difícil controlar la situación; al tremendo conflicto que teníamos con las autoridades, no podíamos agregarle el problema del alcohol adentro... También teníamos que cuidarnos de los alrededores porque había mucha gente que estaba en contra de "la toma", yo pienso que a lo mejor se sentían pasados a llevar porque ellos vivían en el sector... Como al principio éramos nuevos aquí, los delincuentes quisieron aprovecharse de eso, porque antes eran los dueños del lugar, los que mandaban, hacían y deshacían. Y como nunca se los permitimos, se creó como una especie de rivalidad entre ellos y el Campamento. Como esto era un potrero y nosotros estábamos todos amontonados arriba... entonces asaltaban a la gente en la pasada, cuando volvían de su trabajo, cuenta Ivan. En una oportunidad los que estaban con trabajo ya habían partido, sólo quedaban las mujeres y a cargo del Campamento estaban solo la Olga y Miguel Angel. Esa vez, sabiendo que las mujeres estaban solas, los delincuentes vinieron a asaltar el Campamento. Entraron disparando en un grupo de diez más o menos y los dos dirigentes con la ayuda de las mujeres lograron corretear a todo el grupo con palos y picotas. Ellas tuvieron la fuerza, la valentía de hacerle frente a los delincuentes, salieron con piedras y palos sabiendo que estaban armados y los corrieron. Ese fue uno de los momentos críticos que vivimos con respecto a la delincuencia, recuerda Ivan. 1) Prohibición de ingresar bebidas alcohólicas al Campamento. Por eso en el Campamento decidieron crear la guardia de choque para luchar en contra de ellos, explica Ivan, fue un grupo de personas que tenían experiencia en controlar situaciones complicadas dentro de la organización, por ejemplo en el caso de que hubiese algún asalto o algún problema con delincuentes, esta guardia era la encargada de actuar. La acción se coordinaba muy bien con carabineros, con investigaciones, para poder tener tranquila a la gente porque eran momentos complicados... Yo era uno de los que estaba aprendiendo en la guardia de choque, ese era mi terreno, pero cuando la cosa no era violenta no me metía. Además de defender el Campamento, la guardia tenía que cuidar su reputación porque nadie podía aparecer involucrado en un asalto o en una muerte, ni adentro ni en los alrededores. Esta guardia era la encargada de cuidar eso, porque estaban capacitados para controlar esas cosas. Tampoco podíamos permitir que en esa guardia hubiera gente que no supiera controlarse ni controlar a los demás, por eso este era un grupo distinto de la guardia común, donde participaba toda la gente del Campamento. La guardia de choque actuaba sólo cuando había algún problema especial. Acá se puso la ley seca porque cualquier cosa negativa que pasara dentro del Campamento, era desastroso para la organización, continua Olga. El trago siempre ocasiona peleas... ¡tantas cosas que ocasiona!. Entonces acá adentro no se podía fomentar el trago. Teníamos que ser un ejemplo de vida, un ejemplo de organización, porque los ojos de todos estaban puestos en nosotros, hasta los del vecino del otro lado. Y había que estar atento porque si hubiéramos tenido una forma de vida mala, los mismos vecinos habrían pedido que nos sacaran. Pero todo lo contrario, siempre los tuvimos a favor nuestro, porque vieron que teníamos una forma de vida diferente, afirma Olga. Al principio llegó mucha gente que ya tenía un grado de alcoholismo. ¡Montones! pero lo que hicimos fue ayudarlos a salir de ahí. Hubo gente que no aguantaba las ganas de tomar y tomaba afuera, pero después se tenía que quedar afuera. Había guardias a la entrada y el que llegaba curadito de vez en cuando, ahí tenía que dormir la mona, hasta que se le pasara la curadera, porque sabía que acá no podía entrar con trago. Pero poco a poco fueron superando el problema, cuenta Olga. También nos dimos cuenta que en las familias había mucha violencia. José Luis tiene mucha experiencia en cuanto a organización porque él estuvo en la Nueva La Habana y sabe qué cosas pueden perjudicar a una organización. De repente puede haber un crimen, un golpe mal dado. Y eso es perjudicial. Entonces él llamó a una reunión y dijo: miren, para que no suceda esto, no tiene que suceder esto otro'. Y empezó a hacer los análisis de la situación: cómo vive la gente, los casos de violencia que se dan... Y explicó que cualquier caso de violencia que se diera aquí dentro del Campamento, era fatal para la organización, porque todos los ojos del gobierno estaban puestos en nosotros. Así es que hubo que parar todo eso y se pusieron normas como: "aquí no se le pega a la mujer, no se le pega a los niños, aquí nadie entra con trago, aquí hay zona seca". Sí, porque era la única forma que ellos cumplieran con las reglas. Pero la mayoría acató, recuerda Olga. Estábamos tan pegados unos con otros, que aunque se quisieran ocultar las peleas, no podían. Sólo por el hecho de que una pareja peleara, los hombres sabían que iba a llegar un dirigente, que les iban a "parar el carro" y que si se portaban mal los iban a echar p'afuera y su señora iba a quedar acá dentro. Entonces eso los hacía apaciguarse altiro. - Yo me di cuenta que la mayoría de los hombres estaban acostumbrados a pegarle a la mujer, recuerda Iván, entonces las tareas de la guardia eran controlar todo eso. De ahí en adelante a las mujeres de acá adentro se les empezó a inculcar que ellas no tenían que dejar que les pegaran, que ellas eran importantes... y ahí les empezó a "crecer el pelo". La guardia tenía que actuar según como fuera la situación, si alguien actuaba en forma violenta la guardia también lo hacía porque era medio difícil controlar a los que andaban "con trago", entonces tenían que "darle" no más y los sacaban de la toma, explica Iván. Al otro día tenían que volver en buenas condiciones y ahí era donde se hablaba con ellos. A veces las mujeres le pedían ayuda a los dirigentes porque "ya no querían vivir más con él, decían.." De repente se cometían algunos errores, producto de la poca experiencia que teníamos. En todo caso eran errores que no pasaban a mayores, se echaba a alguna gente por problemas pequeños que eran perfectamente solucionables. Al principio cuando había problemas con los matrimonios, recurríamos a la directiva, a José Luis, la Olga, Juan, Miguel Angel, ellos tenían más experiencia, cuenta Ivan. - Al principio la convivencia era un poco difícil porque, al menos yo no estaba acostumbrada a ver peleas entre matrimonios, recuerda la señora Norma Antileo. Lo mismo los garabatos, no estaba acostumbrada a escucharlos, porque gracias a Dios en mi casa nunca se decían garabatos, de mi papá, de mi mamá, nunca. Entonces llegar acá el primer día, levantarse en la mañanita y la primera palabra que uno escucha es un garabato... nosotros quedamos asombradas. Y ver que algunos hombres maltrataban a las mujeres, continua, claro que se actuaba altiro, entre los mismos vecinos se atajaba eso de que no golpearan a las mujeres y menos a los niños. Por ejemplo, les llamaban la atención y si no entendían les daban una zumba, entonces con eso aprendían altiro, se la daban entre todos los hombres del pasaje. Una porque le afectaba a los niños y también a los que vivían alrededor, porque con esos gritos que se escuchaban... Pero ellos estaban bien conscientes de que estaba prohibido pegarle a la mujer o maltratarla. Eso sirvió harto porque los hombres que les pegaban a las mujeres ahora ya no les pegan, ya no se atreven a levantarles la mano y ni siquiera a gritarles, porque saben que ellas tienen el apoyo de los demás vecinos que altiro paran la cosa. Ahora las mujeres no se dejan maltratar y el que le pega a una mujer ahora en este tiempo, es mal mirado, es como cobarde, sucede rara vez pero en esos casos él es mirado en menos. Entonces ahí el hombre se avergüenza solito, estoy hablando por mi sector, dice la señora Norma. - La guardia ayudó al cambio en las personas, sobretodo en las mujeres, en su actitud, en su comportamiento. Había muchos casos en que la mujer era demasiado sumisa, el marido era el patrón y el amo, y lo que decía él, eso se hacía. Pero poco a poco eso fue cambiando, explica Ivan. - Se pusieron más valientes las mujeres, añade Graciela, la esposa de Ivan. - Yo no cacho que se hayan puesto más valientes, sino que empezaron a entender cuál era su lugar en la sociedad, explica Iván. - Había matrimonios que peleaban y después ya no pues, ya la mujer se defendía, continúa Graciela. - Los hombres también cambiaron sus pautas, explica Ivan. Al principio, en muchos casos su actitud hacia la mujer era "a lo cavernícola" y poco a poco fueron aprendiendo que la cosa no era así. Y en algunos se notó bastante el cambio, porque antes a la menor oportunidad se cargaban a la botella, ese era su estilo de vida afuera. Pero acá había una ley seca y era complicado que te pillaran con la botella adentro. - Hubo parejas que se separaron, se abandonaron y también hubo otras que aquí arreglaron su condición de pareja. También hubo cambios de pareja, por esas cosas que se dan. Porque... tú puedes soportar muchos años a una persona porque es la única que conoces y que tienes cerca, pero de repente te diste cuenta que lo soportabas porque no tenías otra cosa que hacer, porque vivías hacinada... Y al llegar acá uno de los dos se enamoraba de otro o de otra. Pero no hubo peleas con cuchillo, solo de palabra, explica la Olga. - Toda la comunidad va enseñando a los demás a convivir, pasa lo mismo con los juegos de los niños y con el mismo respeto que los niños le deben a los grandes. Entre los mismos vecinos le enseñan a los niños chicos de que uno debe ser respetuoso con los mayores, debe ser atento. Esta es como una gran familia que está siempre pendiente del otro, de que no vaya a caer o a hacer algo malo, explica la señora Norma. Por acá la relación con los jóvenes es buena - Después se trató de vender pasta base, cuenta la Olga. Hubo noticias de que una familia estaba traficando y parece que venían de afuera a comprar. La gente de acá decidió desarmarle la mediagua y sacaron inmediatamente a la familia completa. Porque eso comienza primero de afuera, pero después con los cabros chicos, pasa para adentro. Y en la organización no podíamos permitir esas cosas. Una familia que albergó a unos delincuentes, también tuvo que irse. Tuvimos una experiencia de tres personas que cuando llegamos aquí todavía eran cabros y eran "patos malos". Porque uno pide antecedentes de una persona y salen limpios y puede que sea el "pato malo" más grande. Y también se puede pedir antecedentes de una persona que cayó por casualidad y tiene los papeles sucios, entonces no sacábamos nada con pedir papeles de antecedentes porque podíamos ser injustos con mucha gente, dice la Olga. Hubo tres cabros que conozco bien, que eran "patos malos" cuando entraron aquí, ellos mismos lo dijeron. Pero ahora uno nunca se imaginaría que fueron "patos malos". Trabajan, se preocupan de su casa, no hacen escándalo. Nosotros nunca nos habríamos imaginado y un día conversando, dos de ellos nos dijeron: ¿sabe, José Luis? ¿sabe señora? nosotros éramos "patos malos" cuando llegamos al Campamento y gracias a ustedes cambiamos. Ahora yo tengo mi casa con mi familia y no tengo problemas ni en mi casa, ni con la justicia... Claro que hubo otros que no cambiaron y tuvieron que irse. Porque estábamos haciendo "colador" y supimos que uno era "pato malo", lo atrincamos y dijo que sí, que seguía siéndolo, cuenta Olga. Entonces le dijimos: lo siento, pero aquí no puede quedar un "pato malo". Se le devolvió la plata y tuvo que irse. La organización es muy fuerte. Nadie se montaba en el macho porque si lo hacía, sabía que perdía. La gente estaba toda a favor de la organización. Era su organización, era a sus hijos a los que se defendía, entonces no, no más. Se tuvieron que ir, pero no fueron tantos. Hay una familia allá afuera, por la orilla de Grecia. No hallaron dónde quedarse y se fueron ahí. No los quisimos echar porque a pesar de todo, la mamá era buena persona. Yo creo que la gente es mucho más feliz así, porque les cambió su manera de vivir, reflexiona Olga. Ya no están como antes, que además de pobres vivían muy sucios, en un hacinamiento. - Hicimos guardias todos los días durante un año, después ya se fue disminuyendo. Había un jefe de guardia a nivel de Campamento y los otros 6 eran a nivel de sector, en total los encargados de la guardia éramos 7. Pero en la semana quedaba solo el encargado del sector y si había un problema que lo sobrepasaba, tenía que ir a buscar a los otros dirigentes, cuenta Iván. Para mi fue bueno hacer las guardias, a veces fue complicado porque de repente nos tocaba de lunes a viernes. Yo me ponía a analizar esa experiencia y veía que era extraña... fue tanto lo que uno le dedicó... Yo a veces digo, a lo mejor no era necesario tanto, porque siempre había otros que decían: "yo hago lo que me corresponda no más" son super limitados para hacer cosas. - En los 7 años que estamos aquí, el Ivan siempre ha estado metido en la organización ayudando... haciendo sacrificios, inclusive ni duerme, anoche llegaste a las 6 de la mañana. Eso es bueno por una parte, pero deberían haber otros más en eso. Claro que también es cierto que aquí hay un grupo grande de gente que se ha sacrificado harto, dice Graciela, la esposa de Iván. - Eso te da los valores de todo esto, responde Iván. Todo lo que se ha pasado, todo lo que se ha vivido, todo lo que se ha luchado, eso es lo que va marcando los valores, explica Iván. - Ivan se dedicó demasiado al Campamento y yo creo que eso me afectó a mi, comenta Graciela, por eso me quedó un poquito de rencor. Encuentro que fue demasiado y siempre se lo digo. Pero las opiniones que yo he recogido respecto a la guardia son buenas, en un universo de 20 personas, 18 opinan que fue lo mejor que se pudo haber hecho, porque de ese modo empezaron a cambiar las cosas, continúa Iván Nosotros les hacíamos ver lo que le estaban provocando a la familia y además a los vecinos. Porque si entraba el copete para adentro, era un daño para todos, no sólo para el. Uno se sentía bien, a mi se me hinchaba el pecho cuando llegaba gente y venían a hablar conmigo, cuenta Iván. Antes yo no estaba ni ahí y que de repente la gente empezara a venir a buscarlo a uno... - El Iván cambió en un cien por ciento de lo que era antes, dice Graciela, porque pensaba y actuaba diferente. Era de esos que ni se preocupaba de la gente, él era el centro y hasta en cosas políticas opinaba como si no estuviera ni ahí, o sea lo que pasaba, pasaba. Decía que cada cual tenía que hacer su vida y así... Pero cambió porque ahora anda preocupado de esta persona, o de la otra, que ¡puchas lo que le pasó!. A mi me gusta su cambio en ese sentido, hasta en la manera de pensar cambió harto. Vio las cosas realmente como son, porque antes vivía como en un mundo de fantasía. Y yo creo que gran parte del cambio es por José Luis. Pienso que la amistad de él influyó bastante en Iván. Yo también cambié en la manera de pensar que tenía, que era de seguirlo... - Lo que más me impactó en el primer año de estar acá, dice Iván, fue la fuerza que puede tener la gente cuando se propone algo y cuando se los desafía. Eso yo no lo había visto nunca antes y si me lo hubiesen contado, no lo habría creído. ¿Cómo se puede tener tanta fuerza en algo? y si a uno lo desafían en lo contrario, la cosa es peor todavía, comenta Iván. ¿Cómo se puede producir eso masivamente? porque en casos individuales se ve más a menudo, pero ¿cómo el total de la gente puede reaccionar al unísono...? eso todavía me sigue impactando. El otro día hicimos una pequeña movilización respecto a la entrada de la empresa constructora acá. Y mientras los dirigentes iban al Serviu a golpear la mesa, yo tuve que quedarme con la gente en el terreno, como apoderándonos, tomándonos la obra para nosotros, impidiendo que el síndico entrara. Y la gente llegó altiro a pararse ahí con la idea de que nadie entrara, o sea que hasta el día de hoy la cosa sigue siendo así. 4. empezamos a cultivar una cultura propia desde la creación de nuevos hábitos La presencia de los dirigentes se hace sentir en todo momento. La claridad que ellos tienen sobre los objetivos del grupo, los lleva a percibir muy finamente las causas de los problemas que surgen en la convivencia de los antiguos allegados. El conocimiento de ellas les permite enfrentar el futuro en una perspectiva muy amplia que integra los aspectos sociales, políticos, culturales, económicos... y de este modo van atendiendo las necesidades desde su raíz y van construyendo una nueva forma de vida que surge desde el conjunto de los pobladores. Como compañeros en este caminar, no podemos dejar de señalar que, a nuestro modo de ver, una de las características principales que está al origen del quehacer de los dirigentes es su decisión de investigar y aprehender la realidad para luego transformarla, utilizando para ello toda su audacia y su inago-table creatividad. En ese contexto se enmarca su preocupación y así, mejor que cualquier analista social detectan entre los pobladores la existencia de malos hábitos y crean el método más eficiente y positivo para cambiarlos. - Cuando hicimos la toma y teníamos a toda la gente aquí, nos dimos cuenta de una cosa que era muy importante: eran los hábitos, recuerda la Olga. La gente que llegó aquí vivió hacinada durante mucho tiempo, sobrevivían en un hacinamiento terrible entonces se acostumbraron a no tener hábitos de limpieza, del aseo personal, de los niños, de su casa, del ambiente que los rodeaba. Vivían como se les presentaba la vida no más. A eso se agregaba el alcoholismo, la violencia familiar y varias malas costumbres... Entonces, aquí fuimos poniendo reglas para obligar a la gente a tomar hábitos como le corresponde a un ser humano para que viva bien. Yo me levantaba en la mañana y salía con mi megáfono por todos los pasajes, cuenta Olga. Primero haciendo que la gente se levantara: ¡ya, a levantarse que hay muchas tareas que hacer, ya no es hora de dormir!. ¡Este Campamento es de gente trabajadora, no de gente floja! les decía. Cosas así, que se las tiraba como chiste. -La gente se asomaba por la ventana con la cara llena de risa: ¡ya anda la señora Olga, metiendo ruido y no nos deja dormir!, pero se levantaban. - Yo recorría pasaje por pasaje, casa por casa, revisando si estaban los patios limpios, si el pasaje estaba limpio, si a los niños los levantaban lavados y peinados. Y si una señora salía sin peinarse o sin lavarse para fuera, lo que para ellos era muy normal, entonces yo le decía: ¡señora ¿así sale usted para fuera? tiene que lavarse y peinarse...! - Y seguía revisando: ¡ya señora, aquí hay mugre, en su patio hay mucho cachureo, límpielo!. O si más allá había algún niño que se había levantado antes que la mamá, todo cochino y a patita pelá, entonces, yo "les paraba altiro el carro": ¡señora, tiene que levantarse y arreglar a su niñito, vestirlo.. los niños no pueden andar así en la calle, sucios, sin peinarse y sin lavarse!. Eso lo hacía en todos los pasajes. Entonces, obligaba a la gente a crear el hábito de hacer aseo temprano. A que cuando el niño se levantaba, tenían que lavarlo, peinarlo y vestirlo, antes de que saliera para afuera. A veces cuando no había llave de agua en cada casa, había señoras que iban sin lavarse, sin peinarse, chancleteando, a las llaves que había por pasaje. Entonces yo les decía: ¡señora, esas no son formas de salir para afuera. Tiene que vestirse dentro de su casa, peinarse, no ve que los niños la ven salir así y con mayor razón salen ellos igual... ! Yo les conversaba de buena manera, no les decía: ¡señora, cómo se le ocurre salir así!. No, les conversaba que había que comenzar los buenos hábitos por la cabeza, para que los niños también tomaran esos hábitos. De repente pillaba a algún niño que hacía pichí en la calle y también le decía a la mamá que tenía que acostumbrar a su niñito a que hiciera en su bacinica o lo que tuviera adentro y no afuera. Que eso no podía ser. Si venían visitas veían todo eso y no era bueno ni para la organización, ni para ellos. Así se fue formando el hábito de la limpieza, del orden, del aseo de las calles... porque las calles a las nueve de la mañana tenían que estar todas rociadas y barridas en verano y en invierno, limpiecito, ningún papel en el suelo. Crear esos hábitos costó un poco... había que estar encima de ellos tiempo y tiempo, pero al final, la gente aprendió. Actualmente el día que uno pase por la mañana, ve las calles rociadas, barridas, ahora ya no tenemos más problemas, dice la Olga. - Desde temprano en la mañana, los delegados empezaron a cuidar el orden del Campamento, en la limpieza, en la higiene, porque de eso se preocuparon bastante los delegados y la gente, cuenta la Maco. Empezaban a tocar las puertas temprano en la mañana: "ya vecina, a levantarse, a barrer la calle, a regar, hay que ir a limpiar el baño" porque teníamos un pozo negro allá arriba, íbamos todos ahí. Y la gente se turnaba por pasajes para ir a limpiar los baños y las calles. También era importante preocuparse de los niños: ¡que anden abrigados para que no se enfermen!... En todo hubo que hacerle hábitos a la gente, continua. Si un niño andaba con las narices sucias, yo lo pescaba y se lo entregaba a la mamá: ¡señora, su hijo no puede andar con las narices sucias, le decía, porque por una parte se está perjudicando el niño y por otra, la gente que viene de visita no puede ver niños así. Entonces la gente entendía que así tenía que ser. - La señora Olga estaba tempranito ahí: "levántese porque hay que barrer la calle, hay que limpiar el pasaje, o hay que arreglar la plaza", cualquier cosa que había que hacer ella nos estaba avisando siempre, porque la mayoría éramos bien quedaítos, recuerda la señora Norma Antileo. Sabíamos que teníamos que hacerlo pero lo hacíamos más tarde, por ejemplo si venían visitas -aunque el pasaje de nosotros siempre ha estado limpio pero igual - echarle una barridita... entonces siempre estabamos a última hora y cuando la visita venía entrando nosotros todavía estábamos recién... Y ella siempre salía a recordarnos las cosas. Para mi no era pesado que nos recordara, era bueno porque a mi parecer, se notaba que estaban preocupados de que cumpliéramos con nuestros deberes, porque tener las calles limpias era un deber. Eso se hizo una costumbre porque a la final ya no era necesario que nos dijeran porque nos hicieron el hábito. Por ejemplo la basura pasa el día tanto, había que ir a dejarla a cierta parte porque el basurero no llegaba hasta donde nosotros. Entonces era como un hábito y antes que nos llamaran a botar la basura o a limpiar las calles, ya las teníamos limpias, cuenta con orgullo doña Norma. - Cada día yo recorría los pasajes haciéndole conciencia a la gente de que cuando uno se levantaba temprano, la mañana se aprovechaba bien, continúa Olga. Porque en el Campamento, teníamos muchas tareas que hacer y dormíamos muy poco. Nos acostábamos a las 3, 4 de la mañana y a las siete estábamos en pie, porque había mucho que hacer. Por ejemplo había que ir a hacer trámites al Ministerio, había que ir a la Municipalidad, de repente a hablar con algún abogado, con la sra. Filomena, hablar con gente política... ¡había que hacer tantas cosas!. Y además, hacer las tareas que habían dentro del Campamento, que también eran super importantes, porque en esos primeros tiempos se estaba haciendo el alumbrado público, se estaba sacando agua. Había que formar bien lo